Un hombre llora, se lamenta de una tontería que hizo para procurar que alguien le quisiera; lanzado en un llanto irrefrenable, dice a un buen policía que le escucha en silencio: "Tengo mucho amor que ofrecer pero no sé a quién". Esa es la clave de esta película de más de tres horas, a ratos emocionalmente desaforada, pero siempre interesante, capaz de llegar a zonas raramente explotadas por el cine: zonas vulnerables de los seres humanos de todas las edades.

Nadie sabe cuánto amor necesita para mantenerse en pie

El amor empapado de sexos húmedos y erectos —en un contexto sexual nada explícito— es una constante de esta larga película cuyas historias cruzadas nunca se pierden ni se confunden; es posible que el epílogo de la película no esté a la altura de personajes e historias, pero no importa nada, ya que todo lo narrado en sucesión de trepidantes emociones es muy interesante, suficiente para ir más allá de la epidermis de una película de entretenimiento.

Un hombre muy rico se está muriendo, pero la soledad le asfixia; un enfermero será el punto de contacto con el amor que le falta, pero el propio enfermero está muy solo y muy triste, admirable interpretación de Seymour Hoffman, el único personaje sin historia, pero al mismo tiempo, tal vez por cuanto no dice, muy interesante.

A través dele moribundo deambula el espectador por cruzadas historias de desesperación, de desamor, de arrogancia irreductible y de pasiones encendidas para llegar al buen puerto del reencuentro con la paz de todos los personajes.

Julianne Moore es una mujer joven casada con el millonario al que nunca amó y siempre engañó con cuanto joven encontró a su paso: quizás logrará redimirse rechazando su herencia y unièndose a su hijastro, un treinteañero rico y famoso gracias a vídeos y libros en los que desprecia a las mujeres; libros y vídeos en los que enseña a "Seducir y destruir a las mujeres"... hasta que le vemos sufrir por todo lo contrario: él amó a su madre muerta de sufriente cáncer y padeció al millonario que les abandonó y ahora se está muriendo.

El drama, la tragedia y el melodrama en una película asombrosa

Además, en este concierto de emocionantes historias entrecruzadas, hay un niño genial en programa de TV de concursos, un presentador de TV que abusó de su hija y su propia hija buscando entre la cocaína y un buen policía un lugar... donde esconderse; un hombre que fue niño prodigio y no logra encontrar el camino que le redima de la soledad y la miseria...

Muchas historias a cargo de actores estupendos entre los que destaca ampliamente Tom Cruise, ya que realiza una creación sin parangón en su carrera, en el papel de un joven de éxito que arrasa con todo gracias a su popular concepción antifemenina. Su libro y vídeo Seducir para destruir es la contracara de la realidad: un pobre niño que atendió a su madre moribunda mientras su padre rico les abandona. Ese padre rico morirá a su lado. Y el joven de éxito ansía su afecto, su cariño, pero sólo tiene un recuerdo que llevar a su boca: "Me llamabas chupapollas".

Entre el lujo, la desazón de otros ambientes, la angustia de los niños que concursan en televisión explotados por sus padres y muchos más detalles que acaban bajo una torrencial y destructiva lluvia de ranas, Magnolia es una flor generosa que se abre para que afloren numerosas emociones y no pocas reflexiones: una superior aventura del espíritu a través del drama de personajes que se arrepienten de cuanto les impidió ser felices... pero que, a su vez, obtienen en la película una segunda oportunidad.

Sin duda, es este el mejor trabajo de Tom Cruise, única oportunidad de verle zigzagueando entre la arrogancia del triunfador, el nerviosismo del cuestionado y la derrota del pobre chico abandonado a su suerte, tras el abandono de su padre. A su lado, todos los demás encaran con dotes magistrales personajes entrañables, felizmente creados para exhibir su dolor de seres humanos frágiles que se creyeron invencibles: Jason Robards, William H. Macy, Melinda Dillon, John C. Reilly, y el niño Jeremy Blackman —entre muchos otros—, estupendos actores que encarnan el drama de la soledad y la culpa con notable sensibilidad.