Magdalena de la Cruz nace en Aguilar de la Frontera, Córdoba, en el año 1487. Es a la temprana edad de cinco años cuando vive su primera experiencia sobrenatural, ya que se le aparece una entidad desconocida que desprende luz y que la niña describe como un ángel.

Un insólito acompañante

Cuando Magdalena tiene doce años, recibe de nuevo la visita de un Ser que la convence para que le obedezca, a cambio de otorgarle la capacidad de obrar milagros. La niña acepta, convencida de que es una entidad benéfica.

Este extraño personaje cambia de aspecto a voluntad. A veces es un joven atractivo de raza blanca y otras veces de raza negra, incluso toma la forma de diversos santos, como San Jerónimo o San Francisco.

Magdalena de la Cruz es considerada una santa

Es en el año 1500, con apenas trece años, cuando se une como novicia al convento de Santa Isabel de Córdoba. Dos años más tarde realiza los votos y se convierte en monja en el mismo convento, del que también será abadesa en un futuro.

Pero es al principio de su noviciado cuando la santidad de Magdalena comienza a adquirir popularidad, y empieza a frecuentar a la nobleza y hasta al propio emperador Carlos V, que se siente subyugado por la singular personalidad de la religiosa.

Los milagros de Magdalena

La joven monja es capaz de realizar distintos prodigios. Estos son algunos de los sucesos insólitos que protagoniza:

  • Predice la muerte de algunas personas.
  • Realiza pronósticos para la aristocracia, incluso para el emperador Carlos V.
  • Aparecen estigmas en su piel.
  • Se comunica con los fallecidos.
  • Afirma que puede viajar a otras dimensiones y visitar el cielo, el purgatorio y el infierno. Hasta el punto de que cuando asegura haber estado en el infierno, introduce sus pies en agua e inmediatamente sale un humo espeso, similar al que aparece cuando se echa agua sobre brasas incandescentes.
  • Puede ver el aura, diagnosticar y curar enfermedades por imposición de manos.
  • Tiene la facultad de bilocarse, es decir, de estar en dos lugares a la vez.
Es conveniente aclarar que todos estos hechos están documentados en las actas inquisitoriales de la época, y son avalados por monjas y sacerdotes que han sido testigos de ellos.

El ayuno de Magdalena de la Cruz

Un buen día la monja decide realizar un ayuno total, incitada por la misteriosa entidad que le asegura que él la alimentará con energía astral. Magdalena deja de comer, pero no pierde un ápice de su vitalidad. Casi a la semana, el sacerdote del convento, extrañado y desconfiado, está convencido que la monja coge alimentos a escondidas y ordena confinarla en su celda, poniendo a varios religiosos en la puerta para vigilarla.

En la siguiente misa, todo el mundo la ve rezando en el altar. Acuden raudos a la celda para encontrarse a Magdalena en su interior, mientras los religiosos encargados de vigilar la puerta afirman que por allí no ha salido nadie.

El lado oscuro de la entidad sobrenatural

Todo comienza a cambiar, y a tomar un cariz más sombrío para Magdalena, cuando su secreto acompañante le propone tener relaciones sexuales, invitación que la monja rechaza rotundamente. Y a partir de ahí comienza su calvario, pues el Ser ejerce una violencia desmedida contra ella, hasta el punto de romperle varios huesos en diversas ocasiones.

Magdalena, asustada y cansada, decide aceptar sus proposiciones y queda embarazada. Sus compañeras de convento afirman que en poco más de una semana, la monja desarrolla un embarazo de 9 meses y da a luz a un niño de cabello rubio, que desaparece a las pocas horas.

El infierno de Magdalena de la Cruz

Esta entidad empieza a aparecer delante de otras personas, y todos se temen ya que no es algo divino, sino más bien lo contrario.

Le realizan un exorcismo y su oscuro acompañante asegura que es un demonio llamado Balvan, y que pertenece a la Orden de los Serafines. De inmediato la despojan de su condición de religiosa, y pasa a ser juzgada por la Inquisición. Sin embargo, su amistad con personas importantes juega a su favor, impidiendo que sea condenada por bruja a la pena capital.

El final de la religiosa

La última etapa de la vida de Magdalena es triste. Condenada al encierro en un monasterio fuera de la ciudad, no se le permite hablar con persona alguna ajena al convento.

Fallece con más de 80 años, abatida y sola, entre las frías paredes del monasterio. Su único pecado fue haber confundido a un ángel con el demonio Balvan, un demonio que la mantuvo prisionera desde los cinco años y hasta el final de su vida.