Imagine que el día de mañana usted deja de ser un político para desempeñarse como maestro de escuela Secundaria. ¿Por dónde empezaría? ¿Cómo impartiría su primera clase? ¿De qué manera mantendría la disciplina en un grupo de 40 alumnos? ¿Cómo los evaluaría? ¿Cómo conciliaría sus planes de clases con los aprendizajes esperados, los libros de texto, los parámetros de reprobación, la motivación de sus estudiantes, las pruebas de ENLACE en México y PISA en el ámbito internacional?

¿Qué haría con un alumno que llega embriagado o se duerme en clase? ¿Cómo hablaría con un padre que no regresa a casa hasta las 10 de la noche?

A diario usted lidiaría con estos y muchos otros cuestionamientos que escapan, a veces, a la preparación profesional de los docentes.

Docencia versus salud

En la actualidad la educación se encamina a garantizar el aprendizaje significativo, para lo cual el maestro debe mediar el conocimiento y motivar al alumno para que aprenda. No obstante, sin la motivación del maestro es complicado lograr los propósitos educativos. Esto implica no sólo la remuneración salarial, sino también condiciones que permitan la gestión docente en un ambiente sano y colaborativo.

En la investigación Factores de riesgo psicosocial en profesores de educación secundaria, de Helena Galdeano, Pere Godoy e Inés Cruz, se considera al estrés laboral como un problema social relacionado con “las reformas educativas, la diversidad de alumnos en un mismo centro, la desmotivación y déficit de atención del alumnado, la presión social y la falta de apoyo de compañeros y equipo directivo.” Y no hablemos de la ausencia de recursos para trabajar en muchas escuelas: papel, marcadores, borradores, entre otros materiales imprescindibles para crear un ambiente de aprendizaje adecuado.

Mucho se habla del ausentismo de los maestros, pero pocos se detienen a analizar las razones que lo provocan: ambiente escolar, formación profesional, motivación del docente, efectos de la docencia en la salud del maestro, horarios y ubicación laboral del profesorado.

Síntomas del estrés magisterial

Aunque las investigaciones sobre el tema exponen resultados contradictorios en algunos casos, se presentan coincidencias en cuanto a que los docentes de nivel secundario muestran mayores niveles de estrés laboral.

Hay evidencias de que los maestros controlan mejor el estrés que sus compañeras de trabajo, cuyos niveles de agotamiento son más altos. Además, se han establecido diferencias entre el tipo de síntomas en primaria y secundaria. Los maestros primarios padecen síntomas físicos; los de secundaria se ven más afectados por patologías de tipo mental.

Según Natalia Extremera, Lourdes Rey y Mario Pena en La docencia perjudica seriamente la salud. Análisis de los síntomas asociados al estrés docente, estudios sobre la población de maestros anglosajones revelan problemas gastrointestinales, del sueño, dolores de cuello, cabeza y espalda, taquicardia, enfermedades coronarias y respiratorias, así como dificultades para desconectarse del trabajo diario. Estas afectaciones son extensivas a los maestros de muchos otros países.

¿Más estrés en las escuelas privadas?

Existe la percepción de que en las escuelas privadas las condiciones de trabajo son mejores; sin embargo, la investigadora Melina Rodríguez Carrasco opina lo contrario. En su trabajo “Salud emocional en profesores de Secundaria y desequilibrio de esfuerzo-recompensa, una comparación entre escuelas de administración pública y privada”, plantea que la carga laboral y las actividades extraescolares en estas instituciones provocan un impacto más negativo que en los docentes de las escuelas públicas, sobre todo en cuanto al compromiso por el desempeño académico y disciplinario de los alumnos, así como al alto grado de inseguridad laboral.

Esta investigación, que tuvo lugar en la ciudad mexicana de Guadalajara, fue aplicada a sólo dos meses del inicio de clases en escuelas públicas y privadas y, para entonces, el 25 por ciento de profesores ya presentaban signos elevados de agotamiento emocional.

Los resultados aquí comentados no son concluyentes, pero representan una alerta para los encargados de establecer las políticas públicas en materia educativa. Hay maestros buenos y malos como en el resto de las profesiones, pero ninguno debería asumir responsabilidades que no podrá cumplir y que atentan contra sus capacidades físicas y mentales.