Federico Fellini es, probablemente, el más célebre de los directores italianos, lo que da un hueco entre los Maestros del Cine, colección de libros editada por Cahiers du Cinema y Phaidon. En este volumen, Ángel Quintana desgrana las películas del maestro italiano, autor de títulos tan emblemáticos y conocidos como La dolce vita, Fellini 8 ½, Roma o Amarcord.

Federico Fellini y sus películas

Quintana, profesor de Historia y Teoría del Cine en la Universidad de Girona, trata en su libro, editado por Phaidon al precio de 7,95 euros, de desentrañar quién era Fellini y qué buscaba con sus películas. Porque eso, como recuerda acertadamente en la introducción del libro, evoca las diferentes visiones que se han tenido de Federico Fellini a lo largo de los años.

En el momento de su muerte, los medios de comunicación lo santificaron como el gran autor de esa vieja y esplendorosa edad de oro del cine italiano. Sin embargo, para muchos cinéfilos había pasado a la historia como un gran creador de universos barrocos exuberantes y como el inventor del adjetivo ‘felliniano’, que ha pasado a formar parte del lenguaje popular”, explica Quintana.

Con el neorrealismo italiano y Roberto Rossellini

Fellini forma parte de la etapa más famosa de la historia del cine italiano porque aterriza en el séptimo arte “en el momento de la toma de conciencia neorrealista de la inmediata posguerra” de la Segunda Guerra Mundial, fundamentalmente como actor y guionista de Roberto Rossellini. “A pesar de los fuertes vínculos que se tejen entre ambos, la concepción del trabajo cinematográfico que posee Fellini es contraria a la de Rossellini”, añade.

Y es que para todo cinéfilo es evidente que Fellini tiene un universo propio, en el que “apuesta por la improvisación y transforma los rodajes en una experiencia anárquica”. Esto queda de manifiesto ya desde su primera película, Luci del varietà, codirigida con Alberto Lattuada, y sobre todo desde su primer filme realizado en solitario, El jeque blanco, una película que, “con los años, se ha convertido en una obra revalorizada por su carácter de esbozo de la poética felliniana”.

La trilogía formada por La strada (1954), Almas sin conciencia (1955) y Las noches de Cabiria (1957) sitúa a Fellini en el corazón de los debates clave del cine europeo de aquellos años (...) y propone una reflexión sobre cómo el materialismo ha generado el vacío interior y ha alimentado la indiferencia en las relaciones humanas”, explica el autor del libro.

Dos Oscar y ‘La dolce vita’

La strada y Noches de Cabiria le habían reportado dos Oscar a la mejor película de habla no inglesa, momento en el que “se ha convertido en un cineasta muy popular, factor que le otorga gran libertad de movimiento”. Es el mejor periodo de la carrera del director italiano. “Fellini entra de pleno en el cine de la modernidad con La dolce vita”, afirma Quintana, quien añade que el filme deja al director “desconcertado por el éxito y el escándalo”.

Ese desconcierto lleva a Fellini a “analizar su propio yo masculino en Fellini 8 ½ (1963) y a estudiar la feminidad, entendida como alteridad compleja, en Giulietta de los espíritus (1965)”. La “tibia acogida” a esta segunda hace que Fellini emprenda una nueva etapa que inicia en 1969 con Fellini Satiricón, en la que propone “una reflexión sobre su mundo en crisis, como si fuera la prolongación de La dolce Vita”, aunque “el peso de lo onírico es más fuerte y la atmósfera sexual viciada mucho más explícita”.

Si Roma es “un calidoscopio donde el mito de la ciudad eterna se superpone a la realidad y lo vivido, a lo soñado”, Amarcord se convierte en “un curioso proceso de reinvención de los pequeños sabores de la adolescencia”. Con ellas pone fin Fellini a su etapa más exitosa y abre el último ciclo de su carrera, en el que dirigiría siete películas más hasta 1990, tres años antes de que le sobreviniera la muerte.

Portada para la Anita Ekberg de ‘La dolce Vita’

El de Fellini es uno de los pocos libros de esta colección de Maestros del Cine que no tiene al director protagonista en la portada. Aunque el autor italiano aparece en numerosas fotografías del libro, Anita Ekberg en La dolce vita resulta ser una mejor explicación de lo felliniano que el propio Fellini.

Las mujeres de su cine, de hecho, tienen un espacio en el libro, porque “para Fellini la mujer es sobre todo el misterio de la alteridad”. “El universo femenino es multiforme. Las féminas se diversifican en múltiples modelos, algunos de los cuales no son más que las caricaturas y las tipologías del ideal femenino que puebla la psique masculina”, explica Quintana.

Fellini, los cómics y Nino Rota

El libro de Cahiers du Cinema sobre Fellini se completa con un análisis del autor como dibujante de caricaturas y cómics, parte de un artículo publicado en 1956 en la prestigiosa revista por Dominique Delouche, ayudante de dirección de Fellini en Almas sin conciencia, los dobles y la “autobiografía inventada” que el autor mezclaba en su cine, su relación con el músico Nino Rota, parte de un texto de Umberto Eco sobre Fellini y palabras del propio cineasta en una entrevista y un texto autobiografíco.