Rafael Castañeda, nacido en Londres por casualidad y madrileño por pasión a la ciudad que lo vio crecer y madurar, cada día se levanta y sale en búsqueda “de la perfecta composición de elementos” que lo empujan a regalarnos maravillosas instantáneas de Madrid. Madrid donde el cielo nos entrega increíbles efectos de colores, contrastes y luz, donde los monumentos y edificios son auténticas perlas de arquitecturas y donde las miradas nos sugieren vivencias y convivencias de la gente que llega y va y de quienes han estado aquí ahora y siempre.

¿La luz de Madrid, única e irrepetible, como es captada por el objetivo de Rafael Castañeda?

Rafael Castañeda “¿La luz de Madrid? Me cuesta trabajo definirla con solo una característica. Madrid tiene una luz diferente en cada estación del año y tenemos cuatro bien definidas”.

¿Cómo definiría la luz de las cuatro estaciones en Madrid?

R.F. “Un brillante y, a menudo, caluroso verano con imágenes con una luz contrastada; un otoño cálido y anaranjado que acentúa su color con las alfombras de hojas de árbol que cubren las calles y los parques y un sol que se levanta perezosamente sobre el horizonte; un invierno de tonos azulados y fríos que produce imágenes melancólicas y de bajo contraste, posiblemente por el empeño de las nubes por tapar la vivificante luz del sol; una primavera multicolor y boyante de vida donde la luz del sol, tamizada por finas nubes repartidas por el cielo, da un empujón a los colores y el detalle en las imágenes.

Decididamente, la luz de Madrid es aquella buscas y encuentras en cada época del año y a cada hora del día.”

Del cielo al subsuelo encontrándonos con las miradas de la gente en el Metro de Madrid.

R.F. “En los últimos cuarenta años he asistido a la evolución del Metro de Madrid, desde aquellos antiguos y ruidosos vagones con asientos de madera, ventanas que se podían abrir y paredes llenas de remaches, iluminados por bombillas de filamento, hasta los modernos vagones con aire acondicionado, luces de neón, altavoces que te avisan cual es la siguiente estación y músicos que intentan amenizar la espera.

Pero hay algo que no ha cambiado: la gente. Esa gente que se amontona en los vagones y que los convierte en lugares íntimos, donde todos comparten un fin. Llegar a algún sitio y donde puedes encontrar a personas de todo tipo y condición, edad y raza: el trabajador que busca ávidamente un asiento donde poder echar un sueñecito mientras regresa a su casa, los escolares que comentan las incidencias del día, el ejecutivo, serio y estirado, con su maletín y aparentemente impaciente por terminar el trayecto, la mamá con el cochecito en el que lleva a su hijo y que va abriendo un pasillo en la masa humana mientras avanza.

Creo que, como fotógrafo, los vagones del Metro son como pequeñas reservas donde se concentran historias de personas que interactúan místicamente creando una sensación de comunidad que no se encuentra en otros sitios y donde se pueden captar escenas únicas.”

¿Entre todos los iconos de Madrid con cuál se queda la mirada de Rafael Castañeda?

R.F. “Madrid tiene muchos iconos y la mayoría está en la zona centro. Solo hay que mirar adonde apuntan las cámaras de los turistas para descubrir algunos de ellos: El Palacio Real y la plaza de Oriente, la plaza de España, sobre todo la estatua de Cervantes, los edificios de la Gran Vía y la Puerta del Sol son solo algunos ejemplos en arquitectura y urbanismo.

Pero también es reconocida y buscada nuestra gastronomía, la cultura, el eje del Prado es un buen ejemplo, la diversión nocturna, el Joy Eslava, en la calle Arenal, es un lugar de peregrinación para los turistas jóvenes, los paseos como el Paseo de Recoletos, la Gran Vía, los alrededores del Palacio Real, Madrid Rio y un sinfín más de sitios, como el Jardín Botánico, donde poder pasar un rato agradable, el teatro y el cine… Todo lo que se le pueda a uno ocurrir.

Madrid ha sido siempre conocida como "La ciudad que no duerme" y es verdad. Solo hay que darse un paseo a las tres de la madrugada por el eje de la Castellana para darse cuenta del movimiento de tráfico que hay a esas horas.

Para mí, la Gran Vía es, en su conjunto, el icono más representativo de Madrid. Es el lugar en el que confluyen distintas culturas, gente variopinta que parece absorber lo que ve a cada paso, gente que compra, gente que vende, gente que pasea y gente que se distrae viendo a los que pasean, sentados en alguna terraza.”

Los trabajos de Rafael Castañeda pueden contemplarse en las páginas web: rcastaneda.com y madridvillaycorte.