Competir con los hombres en las funciones otrora masculinas fue algo revolucionario y criticado, el calificativo de sexo débil para la mujer fue aplastado con credenciales de siglos de experiencia, pues hoy como ayer las mujeres que así lo desean pueden ocuparse de cualquier función o tarea, aunque parezcan muy rudas, salvando por supuesto, en muchos casos, la delicadeza física y la coquetería. Sin embargo, en la actualidad el trabajo múltiple y continuo se ha convertido en una hazaña femenina que cobra un costo de salud demasiado alto y para tomarlo en serio.

Cacicas, heroínas, mártires y presidentas de naciones

Es pertinente echar un vistazo a la historia real. En culturas indígenas de América existió el cacicazgo femenino. Así, en época de la Conquista, aquellos españoles encontraron a diversas mujeres que detentaban la jefatura de más de un territorio; eran las cacicas, líderes y princesas naturales de su propio entorno, como las reinas en Europa.

También en las luchas históricas un importante número de mujeres participó en guerras patrióticas: la de la independencia de Venezuela, o la Gran Colombia, llamada así por Simón Bolívar, en su momento, al grupo de países que libertaría.

De las heroínas de España están Cristina de Aragón y María Luisa Bellido, entre otras, como la insigne Mariana Pineda de las luchas liberales. Fueron eventualidades de altísimo valor y reconocimiento que sacaron a muchas mujeres de sus hogares para pelear por sus ideales y sus seres queridos.

En la actualidad, un porcentaje cada vez más alto de madres continúa ejerciendo este liderazgo riesgoso, pero cotidiano, rutinario y a tiempo completo.

Necesidad de descanso, amor y salud

Actualmente, las responsabilidades que acarrean todos los cargos al unísono: madre, esposa o pareja, trabajadora o jefa, etcétera traen consecuencias negativas, vivimos en el tiempo de la paradoja, mientras los avances tecnológicos pretenden acortar el trabajo, parece que las responsabilidades crecen más y el tiempo para tomarse un descanso es, por no decir inexistente, escasísimo.

Frente a ello, a las mujeres no les resulta posible ocultar su drama, que de manera muy caótica drena en explosiones emocionales abruptas; ira, depresión, o enfermedades, consecuencias del gran estrés, además de que afecta a los seres de su entorno laboral y familiar.

Coincide con este punto, Shirly Selhub, del Mind/body Center for women’s health at beth Israel Deaconess Medical Center, Universidad de Harvard, Boston, EEUU “Muchas de las madres con trabajos externos llegan a casa por las tardes y tienen que seguir trabajando, dedicando tiempo a sus hijos, a la organización de la casa y a sus maridos. Esta demanda provoca que el estrés continúe y que ellas acaben exhaustas”.

La mirada de la belleza

Lo femenino ha sido, en todas las edades de la vida humana, símbolo de belleza, y ante la pregunta, ¿cómo hacer para que las madres trabajadoras se dediquen el cuidado necesario y la dieta saludable, si la mayor parte del tiempo están ocupadas y cansadas con tantas prioridades por resolver? Los expertos y estudiosos del tema se afanan en escribir artículos enfocados en ofrecer la fórmula maestra que brinde tiempo para la belleza y la salud de la madre que trabaja alrededor de 18 horas al día, entre la actividad laboral fuera de casa y el hogar. La respuesta más atinada no brinda sesiones de yoga, masajes y recetas de belleza o relajación, que tanto merecen, pero sí se reduce a la difícil simpleza de delegar funciones que pueden muy bien realizar el marido o los hijos.

Triunfar equivale a ser feliz

Las exigencias económicas, ser una buena madre, mujer y trabajadora modelo, exigen demasiado de una sola persona. Las madres que trabajan y se sienten infelices por el poco tiempo y descanso que se dedican a sí mismas y a sus familias, deben hacer un alto en sus vidas y preguntarse ¿qué están haciendo realmente con ellas?, ¿qué les va a producir a futuro esa manera de vivir? o ¿qué les está causando actualmente esa carrera veloz e ineficaz? Deben hacer contacto con los sentimientos y emociones y luego ahondar y reconocer si es que hay algún chip insertado en su psique que las obliga a esclavizarse. Probablemente sí.

La familia completa debe ocuparse del hogar

La cultura colectiva de siglos de servidumbre que ubicó lo masculino como el lado poderoso y dominante de la humanidad es un generador inconsciente hacia la totalidad del trabajo doméstico de manera obligada, sólo para la mujer, educada así desde su más tierna edad: el temible chip instigador.

Pero la realidad es que la pareja está allí justamente para ser el par, un trabajo de responsabilidades compartidas, ideas y búsquedas para organizar mejor el tiempo, la salud y la economía de la familia, para lograr un espacio libre que permita compartir y descansar, vivir con mayor felicidad y relajación para que la madre también se pueda sentir mimada de la belleza y abierta a las opciones de recreación y disfrute.