La sobreprotección también puede manifestarse en los padres, pero es más común en las madres. Algunas consagran su vida a proteger constantemente a su hijo por temor a que le pueda pasar algo malo. Cuando se protege en exceso se impiden las posibilidades de crecimiento, facilitando la apatía, la dependencia y la pasividad.

La madre sobreprotectora está atenta ante la menor adversidad, incluso hay algunas que no dejan jugar a sus hijos con otros niños por miedo a que les hagan daño, ni les permiten aprender a montar en bici porque se pueden caer, ni ir a campamentos, ni excursiones, para evitar accidentes. Con estas prohibiciones les están limitando a los hijos en su vida social, privándoles del aprendizaje de las habilidades sociales tan necesario en la sociedad en la que vivimos, privándoles también de compartir y hacer nuevos amigos, y de divertirse y ser felices como los otros niños.

La sobreprotección perjudica a los hijos

Tanto la sobreprotección como el abandono son perjudiciales para los hijos, porque ambos impiden el desarrollo adecuado de la personalidad.

La protección en exceso puede hacer daño a los hijos, sobre todo cuando ellos tengan que enfrentarse con la realidad de la vida. Estos individuos llegarán a creer que no pueden hacer nada por sí mismos, creándoles de esa manera inseguridad y dependencia de la aprobación de los demás, así como una baja autoestima. Se sabe que cuando los hijos crecen con una autoestima pobre, serán incapacitados y posiblemente inválidos emocionales para enfrentarse a la vida.

Si los padres están atentos ante cualquier problema de sus hijos solucionándolos siempre, al hijo no se le está dando la oportunidad de aprender por sí mismo, se le está fomentando el que sea una persona dependiente de los demás para todo, incluso para aquello que puede hacer perfectamente por sí mismo. Tampoco se le está dando la oportunidad de sentirse útil y valorado, factores importantísimos en su desarrollo. Por lo tanto, los padres han de estar vigilantes para no caer en este error.

Tendencia al miedo y a la inseguridad

Se ha comprobado que la tendencia al miedo y a la inseguridad de muchos adultos es el resultado de temores y angustias que sintieron cuando eran niños. La sobreprotección parece alentar el temor privando a los hijos de la oportunidad de aprender a superar sus miedos e inseguridades, sin embargo, si se les enseña a “aprender a adaptarse” conseguiremos que los niños más miedosos comiencen a desarrollar su valor. Es en la infancia donde se concentran las máximas posibilidades del hombre y de la mujer. Por lo tanto, es importante educarlos desarrollando sus valores.

Características de los niños que han sido sobreprotegidos

Se ha observado que los niños que han vivido en ambientes sobreprotegidos:

  • Son niños que no saben jugar.
  • No respetan las reglas.
  • Tienen baja tolerancia a la frustración (se enfadan por todo), ya que están acostumbrados a que lo que piden se les dé sin límite.
  • Son personas inseguras.
  • Tienen serias dificultades para relacionarse con los demás.
Todo ello es debido a un escaso desarrollo de la personalidad que les impide tener autonomía e independencia, ya que están acostumbrados a que todo se lo resuelvan.

Todo es por tu bien”, “nadie te quiere igual”

Estas frases, que son muy habituales cuando existe sobreprotección, hacen que los hijos se las crean a pies juntillas. Pero lo cierto es que la sobreprotección impide y reprime la individualidad que permanece en ciernes.

Estudios realizados a jóvenes y adultos con problemas emocionales, encontraron antecedentes de sobreprotección infantil. Por lo tanto, el exceso de cuidados, las decisiones que los padres toman por los hijos, el facilitar la obtención de cosas sin ningún esfuerzo, impide que esos hijos vivan una serie de experiencias tan necesarias como maravillosas.

Los padres no son los dueños de los hijos

Los hijos son personas que llegan a través de los padres, y estos tienen el privilegio y la oportunidad de educarlos para que sean personas responsables. En realidad los hijos no son propiedad de los padres; ellos les proporcionarán cuidado, educación, orientación y alimentación. Pero en otro sentido, no les pertenecen en absoluto. Cada hijo es su propio dueño, son personas únicas e irrepetibles y deben valorarse como tal. Los padres deben valorar a sus hijos descubriendo y potenciando sus facultades, animándoles en su desarrollo, y demostrándoles en todo momento apoyo y amor incondicional.

Un árbol llamado “upas”

Existe en Indonesia un árbol llamado "upas" que es venenoso, tan frondoso que mata cualquier vegetación que se atreva a crecer debajo de sus ramas. El “upas” abriga y da sombra, pero también destruye. Los padres sobreprotectores deben de tener conciencia para no trasformarse en “upas”. No matan a los hijos, pero los convierten en inválidos, y en algunos casos, los hijos siguen siendo bebés durante toda la vida.

Por tanto, “quererlos pero dejarlos ser”.