En su libro La masculinidad tóxica (Buenos Aires: Ediciones B, 2006), Sergio Sinay menciona un paradigma que enferma a la sociedad, modelo que este autor argentino llama "tóxico" por sus efectos negativos.

No se trata de considerar lo masculino como superior a lo femenino, la forma más burda del machismo, sino creer que hay un modo de ser macho que es el adecuado a la hora de vivir la política, la familia, el matrimonio y las relaciones humanas.

Dicha manera de enfrentar la realidad no la viven solo varones, sino también mujeres que defienden ciertos modos de ser como los adecuados para un varón, sin darse cuenta que viven un paradigma tóxico que contamina sus relaciones interpersonales.

¿Quién es la mujer machista?

Todos hemos nacido en el seno de un hogar y probablemente hemos sido formados por una madre con características machistas. Machismo se escribe con "m" de mujer, porque son mujeres las que forman a personas con características centradas en lo masculino y no le dan el lugar que corresponde a lo femenino.

Una mujer machista actúa como si el varón fuera la persona más importante en la sociedad, la familia y la relación de pareja. Abdica de su propia dignidad para concederle al varón un rol preponderante, dejando para ella una función subsidiaria.

No lo dicen a toda voz. Algunas defienden la igualdad entre varón y mujer, pero no dejan de vivir situaciones que revelan los estereotipos que habitan en sus mentes. Como señala la periodista Rocío Silva "el machismo más recalcitrante es el ejercido por las propias mujeres", aunque no sea lógico ni racional.

Estereotipos machistas defendido por mujeres

La defensa de estereotipos no es patrimonio de varones. Una blogista llamada "Cafeinomana", señala una larga lista de situaciones que retratan a una mujer machista, algunas de ellas son:

  • El varón debe dar el primer paso para empezar una relación. Si lo hace una mujer se considera que se regala a sí misma.
  • Se espera que el varón lleve paquetes y cargue bultos. La mujer es demasiado débil.
  • Cree que una mujer no es tal si no sabe hacer tareas domésticas, aunque eso signifique convertirse en sirvienta de los que habitan su casa y generar problemas como el Síndrome de la doble jornada, por ejemplo.
  • Piensa que las profesiones tiene sexo definido, tareas para varones y otras para mujeres, sin considerar diferencias individuales ni habilidades personales.
  • Si la mujer no se casa a los 30 es una "solterona", en el caso de un varón es "un soltero codiciado".
  • Si se produce un accidente automovilístico es una mujer la que está involucrada (aunque las estadísticas digan lo contrario y que sean en un 75% los varones los causantes de accidentes).
  • En una salida él paga, ella solo acompaña, aunque gane más.
No es difícil continuar con esta lista, lo complejo es admitir que aun cuando se es mujer se está ligada a prejuicios que entorpecen la relación interpersonal.

Efectos

Sinay sostiene que "el paradigma de la masculinidad tóxica afecta a la Humanidad en su conjunto. Nos impide enriquecernos con la diversidad, ser fecundos a partir de las diferencias, trascender desde la complementariedad".

Dicho modelo frena. En muchos sentidos los varones o mujeres, logran mucho menos de lo que potencialmente podrían, limitados por una visión de mundo centrada solo en un sexo.

En una cultura orientada a lo masculino, todos salimos perdiendo. Se producen ciclos donde varón y mujer pierden la oportunidad de ser valorados por lo que son: personas, individuos, valiosos por ser, no por parecer.

Como señala Goreti Machado, la lucha más grande que deben dar las mujeres contra la discriminación y el machismo es consigo mismas, para desterrar dichas ideas de sus propias cosmovisiones.

Parejas y machismo

En el contexto de las relaciones de pareja, cuando se instala una visión sesgada, como es el machismo, produce una alteración de la relación que, tarde o temprano, desgasta y vicia la posibilidad de vivir con equidad.

Una mujer que cree que el varón debe tomar la iniciativa, que debe ser únicamente proveedor, que su responsabilidad prioritaria es tener éxito, dedicarse al trabajo y a las actividades externas, o cualquier otro estereotipo machista semejante, crea las condiciones para la ausencia paterna, falta de inteligencia emocional en su prole, especialmente en los varones, desarrollo de frustraciones latentes, fundamentalmente en la vida de sus hijas, y tarde o temprano estará condenándose a sí misma a la soledad y dependencia afectiva y a la desvinculación emocional de su pareja. Es el precio por ser mujer machista.

Conclusión

Cuando una paradigma está presente, no entendemos con facilidad cuán impactante es a nuestra realidad, puesto que estamos inmersos en ese contexto.

Para poder entender es preciso analizar, sin ese ejercicio intelectual la vida transcurre por cánones sesgados y provoca que las personas, tanto varones como mujeres, no pueden vivir de manera adecuada a su condición de humanos, más allá de sus características sexuadas secundarias.