"Luna de lobos", una novela de Julio Llamazares

Julio Llamazares - vanitatis.com
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La primera novela del escritor leonés narra las terribles vicisitudes de un pequeño grupo de soldados republicanos aislados en el monte tras la derrota.

La Guerra Civil Española no acabó en 1939, digan lo que digan los libros de historia. Muchos soldados del bando perdedor quedaron aislados en tierra de nadie, cercados por las victorias de sus enemigos y tuvieron que echarse al monte para sobrevivir, convirtiéndose en criminales a ojos del nuevo Estado franquista.

Julio Llamazares, un escritor romántico

Julio Llamazares es un escritor que ha dedicado muchas páginas a hablar de su tierra, Castilla-León, ya sea a través de la narrativa, libros de viaje, artículos periodísticos, o incluso alguna colaboración televisiva. Él mismo explica en estas declaraciones, en una entrevista concedida a la revista Espéculo, de la Universidad Complutense de Madrid:

"Sí, creo que soy un escritor romántico, aunque es una palabra muy devaluada últimamente. En el sentido original que es el de la conciencia de escisión del hombre con la naturaleza, de la pérdida de una edad de oro ficticia porque nunca ha existido. En ese sentido soy un escritor romántico, sobre todo porque me tomo la literatura como un fin en sí mismo y no un medio para algo, para ser famoso, para hacerme rico, para lo que sea. Para mí la literatura es un fin en sí mismo y, en ese sentido, soy un escritor romántico. Los temas que abordo no los elijo yo, porque creo que el escritor no elige los temas, sino que los temas le eligen a uno en función de su propia vida, de su trayectoria personal, pues esos también son temas que entran dentro de la órbita del romanticismo. Yo creo que el propio hecho de escribir es una actitud romántica, es un acto de romanticismo."

Los vencidos del bando republicano se refugian en el monte

"Luna de lobos" está narrada en primera persona por uno de los cuatro supervivientes del Ejército Republicano que, huyendo de las desastrosas batallas libradas en el frente norte en 1937, se refugian en los montes leoneses cercanos a su pueblo, ya ocupado por las tropas franquistas. En esta tesitura deben acostumbrarse a vagar por las montañas y visitar a sus familiares y amigos en momentos puntuales, en la noche, y siempre con miedo a ser descubiertos. Estos mismos familiares son continuamente hostigados y maltratados para que den información acerca de los huidos en el monte.

La vida de Ángel y sus compañeros se va convirtiendo poco a poco en un auténtico infierno. Paulatinamente van perdiendo su humanidad y sintiéndose como animales, como lobos acorralados cuyo único destino posible es la muerte. Ramiro, uno de los compañeros, describe metafóricamente su situación al hablar de una antigua práctica de los hombres de la Sierra:

"Allí cazan a los lobos todavía como los hombres primitivos: acorralándoles. Tocan un cuerno cuando le ven y todos, hombres, mujeres y niños, acuden a participar en la batida. (...) La estrategia consiste en acechar al lobo y empujarle poco a poco a un barranco en cuyo extremo está lo que llaman el chorco: una fosa profunda y oculta con ramas. Cuando el lobo, al fín, ha entrado en el barranco, los hombres comienzan a correr detrás de él dando gritos y agitando los palos y las mujeres y los niños salen de detrás de los árboles haciendo un gran estruendo con las latas. El lobo huye, asustado, hacia delante y cae en la trampa. Le cogen vivo y, durante varios días, le llevan por los pueblos para que la gente le insulte y le escupa antes de matarle."

La pérdida de la humanidad de quien es apartado de la sociedad

Para el nuevo Estado franquista, Ángel y sus compañeros han perdido la humanidad desde el momento en que escogieron el bando contrario, oponiéndose al legítimo levantamiento militar. Siempre se ha dicho que las guerras civiles son aún peores para la población que las guerras convencionales entre Estados, pues aquellas no terminan cuando callan las armas, sino que la represión y depuración de los elementos opositores puede durar años. Aquí el hostigamiento al que se somete a los hombres de la sierra es tan brutal que se hace bueno el famoso aforismo recogido por Hobbes en su "Leviatán": "El hombre es un lobo para el hombre".

Ángel, que poco a poco va perdiendo a sus compañeros en distintas escaramuzas, siente que va perdiendo poco a poco una partida que tenía escasas posibilidades de ganar y por ello, de hombre va trocándose en alimaña:

"Una alimaña que sólo abandona su guarida cuando la luz del sol no puede dañar ya sus ojos inundados de soledad y de sangre."

La lucha, que en principio solo estaba centrada contra el enemigo ideológico va adquiriendo nuevos tintes insospechadamente siniestros: la batalla diaria contra la naturaleza, que es presentada por Llamazares como un personaje más de la trama, una naturaleza tan hermosa como hóstil. Finalmente la confrontración más difícil de todas es la que Ángel disputa contra sí mismo, contra la desesperación que alimenta una soledad de años y, en suma, contra el miedo a que su familia y amigos, tan cerca pero tan lejos a la vez, sufran las consecuencias de la esporádica ayuda que le prestan. Al final, se convierte en una especie de leyenda para el resto de los habitantes de la zona, un hombre indómito capaz de sobrevivir a todos los rigores:

"Ese hombre imaginado tantas noches, al calor de las cuadras y cocinas, inmortal como su sombra, lejano como el viento, valiente, astuto, inteligente, invencible.

Ese hombre al que el espejo de la lluvia, en la montaña, devuelve sin embargo la memoria de lo que siempre ha sido: un hombre perseguido y solitario. Un hombre acorralado por el miedo y la venganza, por el hambre y el frío."

Un escritor sencillo y elegante, un leonés interesado en su tierra

Julio Llamazares, a través de una escritura sencilla y muy elegante, supo como crear el ambiente idóneo para que el lector recree sus propias imágenes de esta historia y sienta la desesperación de sus protagonistas, atrapados en un laberinto sin salida, sin auténticas intenciones de huir de su propia tierra, a la que se sienten profundamente vinculados, como si formaran parte de ella, esperando en una especie de limbo que tiene mucho de infernal, un cambio en los acontecimientos que no va a llegar nunca.

Miguel Angel Jiménez Guerra, Miguel Angel Jiménez Guerra

Miguel Ángel Jiménez Guerra - Tengo 38 años y soy licenciado en derecho. Lo que más me apasiona es leer, escribir y ver cine. Pertenezco a varios clubes ...

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