La función literaria de los lugares y ambientes y su evolución cronológica, se convierten en signos distintivos de las distintas culturas y de los períodos históricos. Hay lugares que reflejan el espíritu de un tiempo, como el castillo y la corte; otros son universales, como la plaza y hay lugares contradictorios como la isla, que puede convertirse en símbolo de libertad o prisión.

El jardín: lugar artificial externo

El jardín es el lugar de las delicias, en donde el tiempo se detiene y reina la armonía de la naturaleza. Con esta imagen edénica de un lugar artificial construido a imagen y semejanza de un lugar divino, no todos están de acuerdo. Giacomo Leopardi, en su Zibaldone di Pensieri, da al jardín un lugar desencantado: “el jardín, si bien en apariencia es un lugar placentero, es también la imagen del sufrimiento de todo ser viviente, similar a un hospital o cementerio”. Antes lo había citado Charles Darwin, como lugar de la lucha cruel por la subsistencia, que no respeta a ninguno y menos a los más débiles. Es así que el lugar ameno, puede transformarse en una “monstruosidad”.

Lugares artificiales que reflejan el espíritu del tiempo

Hay lugares artificiales que son más significativos en algunos períodos que en otros. El castillo y la corte son medievales (repropuestos en la literatura romántica); las termas son la intriga del Humanismo, que a través de la renovada y liberatoria exhibición del cuerpo se apropia de la centralidad terrestre de la existencia.

Lugares abiertos y cerrados, al mismo tiempo

La estación y el puerto son fuente de partidas y llegadas, lugares de encuentros y despedidas. La historia del puerto es antiquísima y coincide con el desarrollo de la civilización mediterránea, conseguido sobretodo por mar, entre costas, islas y escalas comerciales. El puerto, con las naves que parten y con las cargas de oro y especias que llegan, ha marcado el nacimiento de la Edad Moderna. La estación, en cambio, acompañó el surgimiento de la civilización contemporánea. Las locomotoras, como escribe Joris-Karl Huysmans en su À rebours (1884), “compiten con la belleza femenina”.

El café: lugar de encuentro artificial

El placer de la conversación se encuentra, sin dudas, en el café; lugar propio del Iluminismo, en donde se hace un culto del gusto por la palabra. En el café los intelectuales se encontraban para hablar de sociedad y política, dando vida a un ambiente que será determinante, en el plano real y metafórico (como la revista milanesa Il Caffè, 1764-66) en la formación de los iluministas.

La fábrica, como lugar de la industria; y el banco, como lugar financiero moderno

La literatura acoge los procesos históricos en curso, como el nacimiento de la industria y del moderno sistema económico financiero. Los ambientes de jardines, castillos, cortes y salones, dan lugar al menos esplendoroso trabajo mecánico. En las novelas de Gabriel D’Annunzio, escritor italiano que describe la sociedad aristocrática en decadencia, no aparecen ni fábricas ni bancos, emblemas de una sociedad trabajadora, extrañas al sueño literario del escritor. Al contrario, Italo Svevo, es un autor que comprende el peso ideológico y productivo del sistema bancario, con plena conciencia de los procesos alienantes del nuevo “empleado”. En Una vita (1892), Svevo describe la humillación que sufre el protagonista, empleado bancario, anticipando las actuales y dolorosas situaciones de mobbing.

Los lugares son importantes, como lugares en sí, pero muchas veces lo son como espejo del mundo interior. De los lugares se entra y se sale, llevando consigo la experiencia interior y enriqueciéndola con la adquirida en el mundo exterior. Hay una continua transmisión entre lo exterior del lugar y el interior del hombre.