Como sucede a menudo con las adicciones, no es fácil determinar en qué momento se traspasa esa fina línea que separa el comportamiento controlado del comportamiento compulsivo. No existe una cantidad o medida que indique con precisión y fiabilidad dónde está el límite. El instante en que una persona cruza el umbral de la ludopatía, si es que se puede hablar de instantes, está situado justo en ese punto de inflexión donde el jugador deja de ser quien controla el juego, para pasar a ser el juego el que controla al jugador. Ahora bien; determinar cuándo se produce este hecho no es nada sencillo. Depende de muchas circunstancias y de la personalidad de cada individuo. En cualquier caso, el afectado es el último en reconocerlo, ya que la autonegación va intrínsecamente ligada a todo comportamiento adictivo.

Atractivo social del ludópata

Vivimos en una sociedad donde hay cuestiones más bien vistas que otras. La imagen del jugador, e incluso la del perdedor, suelen generar una tolerancia, cuando no simpatía, que no genera en absoluto, y por poner sólo un ejemplo, un drogadicto.

El alcohol o el juego, por citar dos de los más conocidos, están plenamente aceptados y asociados a la conducta humana, constituyendo en muchos casos nexos de sociabilidad a los que nadie ve razón alguna para renunciar. La normalización e integración que para muchos no representa ningún problema, para otros supone un peligro cuyas consecuencias no son en absoluto menores. No hay más que observar los datos estadísticos para comprobar hasta que punto tienen incidencia en la sociedad en su cara más negativa. Sólo en España se estima que hay unos 3 millones de alcohólicos y aproximadamente 1 millón de ludópatas.

Características de un ludópata

La ludopatía no sólo está presente en la sociedad actual, sino que lo ha estado en todas las culturas y en todas las épocas. Sin embargo, no ha sido hasta fechas muy recientes que ha empezado a crear alarma social y a ser tenido en cuenta por los profesionales, especialmente en el campo de la psicología, como un problema de primer orden. No es de extrañar, entonces, que la inclusión de la ludopatía en el DSM-III (la 3ª edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) no se produjera hasta 1980.

Posteriormente, en el DSM-IV, se contemplan nueve ítems que pretenden establecer la conducta de un jugador patológico, considerando suficiente la coincidencia con cinco de ellos para determinar la existencia de un comportamiento compulsivo.

  1. Preocupación constante por el juego.
  2. Necesidad de jugar con mayores cantidades de dinero para conseguir el grado de excitación deseado.
  3. Fracaso repetido de los esfuerzos para controlar el juego.
  4. Inquietud o irritabilidad cuando se intenta detener el juego.
  5. El juego se utiliza como estrategia para eludir o escapar de los problemas.
  6. Después de perder dinero en el juego, se vuelve otro día para intentar recuperarlo.
  7. Se engaña a los miembros de la familia, terapeutas u otras personas para ocultar el grado de implicación con el juego.
  8. Se cometen actos ilegales para financiar el juego.
  9. Se han arriesgado o perdido relaciones interpersonales significativas, trabajo y oportunidades educativas o profesionales debido al juego, confiando en los demás para obtener el dinero que alivie la desesperada situación financiera causada por el juego.

Grupos de autoayuda para la adicción al juego: jugadores anónimos

Tal como sucede con los comportamientos compulsivos, la ludopatía se caracteriza por desarmar al afectado en cualquier intento que, por voluntad propia, haga para vencer su adicción. Aunque exista una clara consciencia del perjuicio causado, lo que suele ocurrir tras una pérdida considerable de dinero, y por más que se jure que no volverá a pasar, el resultado siempre es el mismo: recaída y victimización. Es imprescindible la ayuda exterior para superar la ludopatía.

Los grupos de autoayuda, de la mano de los pioneros “Alcohólicos anónimos”, han demostrado ampliamente su eficacia en determinados problemas de adicción. La historia de la organización “Jugadores anónimos” también es dilatada. Su fundación se produjo en Los Ángeles en el año 1957. Desde entonces se ha extendido por todo el mundo hasta constituirse como el primer referente en la lucha contra la ludopatía, una de las adicciones más extendidas y peligrosas.

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