Maribel es un gran personaje del teatro español del siglo XX, y Miguel Mihura (1905-1977) uno de los mayores dramaturgos de la penosa época franquista, uno de los grandes posibilistas en un mundo cerrado por la censura. Sólo su delicado talento mechado de poesía y raro sentido del humor pudo elevar al cielo de los personajes maravillosos a una prostituta a la que los buenos burgueses de la comedia consideran una señorita muy moderna y muy simpática.

Una idea genial para un hombre taciturno, con mucha producción que escribió casi siempre desganado, obligado por un éxito que no buscaba. Le encantaba no hacer nada por obligación y divertirse con las bellas y dicharacheras muchachas, y de ese vaivén surgió esta putita adorable de la que se enamora un chico tímido que la descubre en una barra y jamás se le pasa por la cabeza otra cosa que no sea presentársela a su madre y su tía y amarla intensamente... una vez casados.

Un éxito eterno que nació en 1959 

A partir de aquí, las delicias de una sucesión de absurdas situaciones entre Maribel y sus colegas, con evidente apariencia de "hacer la calle", algo que nadie en esa casa percibe en absoluto; por el contrario, todo fluye con amor y simpatía, mientras las "víctimas" de tanto amor incondicional suponen una divertida intriga criminal.

En 1962 le preguntaron a Mihura cuál de sus piezas había tenido mejor acogida: "Sin duda, Maribel", respondió el autor: "Fue uno de mis mayores éxitos de público y crítica y de permanencia en cartel. Hubo señoras que la vieron doce veces. Mientras se representaba en Madrid formé otra compañía para representarla en provincias. Se sobrepasaron las mil representaciones, que en aquellas fechas era todo un récord".

Curiosamente, como tantas veces pasa en el teatro, fue un éxito contra todo pronóstico, pues la estrenó una actriz desconocida en un teatro mal ubicado, pero el boca-oreja y el apoyo de la crítica hicieron lo demás. La segunda compañía la protagonizaba la siempre impecable María Fernanda

D´Ocón, una de las grandes del teatro español tanto en la comedia como en el drama (en 1993 deslumbró a un público de televisión interpretando un monólogo escrito por Adolfo Marsillach).

Una gran producción "para un vanguardista a pesar de sí mismo"

Aciertos indudables en la elección del reparto actoral y técnico. Junto a Lucía Quintana, Markos Marín (Agosto, La loba), el galán todo corazón en difícil empeño por convencer a su diosa de que merece ser adorada incondicionalmente.

El resto del reparto combina sabia veteranía con juvenil talento: Sonsoles Benedicto, Alicia Hermida, Abel Vitón, Elisabet Gelabert, Chiqui Fernández, Macarena Sanz, Javier Lara y Carlota Gaviño.

Escenografía y vestuario: Alejandro Andújar. Iluminación: Juan Gómez Cornejo. Videoescena: Álvaro Luna. Maquillaje: Sylvie Imbert. Peluquería-sastrería: Iris Dueñas. Coreografía: Chevi Muraday: un dato más que sorprendente, ya que no se destaca ninguna participación musical, ni el texto original lleva baile alguno.

Les dirige Gerardo Vera, un excepcional hombre de teatro , que dedicó los últimos años a dirigir el Centro Dramático Nacional de manera innovadora, al tiempo que puso en escena extraordinarios textos como Divinas palabras, de Valle Inclán, Rey Lear, de Shakespeare, Un enemigo del pueblo, de Ibsen, Platonov, de Chejov, Woyzeck de Büchner, y como despedida por todo lo alto, Agosto, de Tracy Letts una obra maestra del reciente teatro norteamericano.

También dirigirá Vera, El crédito, de Jordi Galcerán, ganador del Torneo de Dramaturgia Cataluña versus Argentina. Hacia finales de septiembre se estrenará en el Teatro Maravillas con Carlos Hipólito y Luis Merlo.

Maribel y la extraña familia, de Miguel Mihura, en el Teatro Infanta Isabel desde el 18 de julio 2013.