Oculta por la actividad terrorista en tierra firme y con los frentes de guerra abiertos en Afganistán y en Irak la popularidad, hasta cinematográfica, de la desactivación de minas y bombas improvisadas en tierra oculta esa misma actividad que se realiza en el mar con riesgos equivalentes a los terrestres pues el minado de un puerto o una zona costera sería un objetivo muy tentador para una organización terrorista.

La mina naval como arma terrorista

Es más, el uso de minas marinas es relativamente tan económico como el uso de minas terrestres o el uso de explosivos improvisados, IED, solo necesitarían de una cápsula estanca que los proteja de la humedad, pero su funcionamiento interno no diferiría de cualquier IED usado por un grupo terrorista, lo que los convierte en un arma muy tentadora para su uso por cualquier organización criminal. Y es precisamente en un momento histórico, cuando el mundo ha conocido la muerte del mega terrorista Osama Bin Laden, que es más que previsible que su red criminal, Al-Qaeda, adopte represalias, esta podría ser una de las tácticas a emplear.

La amenaza de las minas navales

Incluso, aunque la mina marítima no llegue a estallar su mera amenaza puede obligar a cerrar puertos, playas, rutas marítimas, con las terribles pérdidas económicas que eso conlleva y que hasta no se realice una limpieza concienzuda del fondo, ese sector cerrado no puede volver a estar operativo.

O como el comandante de la Fuerza de Medidas Contra Minas, de la Armada Española ilustra: “Imaginemos que un grupo terrorista lanza un par de minas improvisadas en el puerto de Barcelona. La mera amenaza obligaría a cerrar el puerto, cesar el tráfico de barcos y revisar toda el área para descubrir los artefactos. Solo las pérdidas económicas que provocaría esa parálisis serian catastróficas”.

Minas en aguas poco profundas

Ahora bien, la mina marina es siempre un arma para aguas poco profundas, donde se espera el paso de barcos, tirarla en medio de océano a una fosa marina da el mismo resultado que arrojarla al retrete, ningún buque chocará nunca con ella.

De esta manera, miles de minas arrojadas en la Guerra Civil Española y en la Segunda Guerra Mundial siguen apareciendo esporádicamente, especialmente en zonas de batallas navales. En España se vuelan 1 o 2 minas reales al año, que aparecen súbitamente en zonas donde hubo actividad naval en la Guerra Civil, en el resto de Europa la proliferación se multiplica por la aparición de material de la guerra mundial.

Estas viejas minas de orinque, las populares con forma de erizo, estaban conectadas al suelo por un cable, lo que fuerza su uso en aguas costeras o puertos, y estallaban al rozarse con el barco, provocando una grieta en el casco. Se necesitaba de un contacto físico y de no producirse no había explosión ni daño.

Las minas actuales y sus puntos débiles

El avance de la tecnología desarrolló la mina magneto acústica que no necesita de un contacto sino que detecta el campo magnético del casco del barco o el ruido de las hélices y estalla a una distancia prefijada. Entonces, el desplazamiento del agua eleva al barco en el aire y la onda expansiva a encontrarse con un cambio de medio, de agua a atmósfera, quiebra el casco gracias a la diferencia de presiones de un medio liquido a uno gaseoso.

Ahí se incluye su limitación pues la profundidad límite para que la explosión de una mina afecte a un barco es de 30 metros, por debajo de ella la masa de agua absorbe la explosión y la onda expansiva, anulando todo efecto. Así, para lograr un resultado óptimo, la mina debe colocarse a profundidades de 0 a 20 metros como máximo.

Esa baja profundidad facilita las labores de desminado pues es totalmente accesible por robots submarinos teledirigidos y especialmente por submarinistas.

Buscando la mina en el fondo marino

Los procedimientos de desminado son los mismos para todas las marinas con lo que el área minada se divide en cuadriculas, zonas de búsqueda. Cada zona es asignada a un barco cazaminas, que a su vez divide la cuadricula en columnas paralelas, raíles. Entonces empieza la búsqueda de forma sistemática por cada rail a velocidad muy lenta, 2 nudos y medio, y con los sonares, rastreando el fondo sistemáticamente cuando termina una exploración de un carril se empieza con el siguiente.

Esta lentitud y el uso de motores eléctricos minimizan totalmente el ruido del navío haciéndolo indetectable por los sistemas de la mina así mismo que el casco de los cazaminas sea de fibra de vidrio y no metálico anula la firma magnética así el cazaminas sería prácticamente invisible a los sensores de la mina mientras realiza la exploración.

Localización y destrucción

Cuando en la exploración de un carril el sonar detecta un eco sospechoso el barco se detiene y a distancia segura se envía al robot submarino o a un submarinista especialista, que mediante cámaras o por identificación visual confirma que el eco es tal mina, en tal caso se le adapta una carga explosiva, contraminado, y se explosiona de forma controlada destruyendo el artefacto.

Como en la desactivación de artefactos terrestres, todo este esfuerzo ha sido preciso para acabar con una sola mina y como con las minas terrestres el terrorista de turno solo ha tenido que depositarla en el mar como si en tierra la enterrara en una carretera. Una amenaza evidente y difícil de contrarrestar.