En 1968 Jack Nicholson escribiría uno de los mejores filmes psicodélicos de la era: Head, dirigido por Bob Rafelson, de estética hippie aunque sin consumo de drogas, con la intervención de personajes tan dispares como Frank Zappa, Rock Hudson o Ronald Reagan. Con esta película culminaban los Monkees su exitosa serie televisiva.

Hippie birthday

El año siguiente al «verano del amor» conocería otras grandes producciones, como Skidoo (Otto Preminger, 1968), comedia musical sobre LSD con un reparto que incluye a Groucho Marx (en su última aparición en pantalla), Jackie Gleason y Burgess Meredith, o Psych-Out (Richard Rush, 1968), cuyo guión comenzó también Nicholson pese a no aparecer como tal en los créditos. Destacan la fotografía de Lázsló Kovács y la presencia de dos magníficas bandas de rock psicodélico: The Strawberry Alarm Clock y The Seed.

Otro clásico del ácido es Wild in the Streets (Barry Shear, 1968), fantasía lisérgico-apocalíptica en la que una estrella de rock logra la presidencia del gobierno de EE UU tras rebajarse la edad para votar a catorce años. Su primera decisión es enviar a todos los mayores de 35 a campos de concentración, donde son sometidos a una estricta dieta a base de LSD. Provocativa y desgarradora, recaudó más de diez millones de dólares antes de arrellanarse en el olvido.

Propaganda gubernamental

Proseguimos nuestro recorrido con LSD: Trip or Trap! (Sid Davis, 1968), cortometraje propagandístico del gobierno de EE UU donde se mezcla realidad con ficción para ofrecer la peor cara de la droga. El film persiste en las malformaciones de los hijos de consumidores, mostrando las imágenes más escabrosas y refiriéndose a la LSD como la «más peligrosa de todas las drogas ilegales». Otro más de los involuntarios clásicos del humor, pergeñado como lección pedagógica para aleccionar a los más jóvenes desde el colegio.

Otras producciones del prolífico 1968 son Acid Mantra, o Rebirth of a Nation (Ben van Meter), película experimental de desvaríos psicodélicos, Smoke and Flesh (Joseph Mangine), de gran atractivo visual, Mantis in Lace (William Rotsler), donde un hombre se convierte en insecto gigante, o Blonde on a Bum Trip (Ralph Mauro), en la que convergen sadismo, lujuria y alucinógenos.

Y más películas del mismo año: Jigsaw (James Goldstone), sobre un misterioso asesinato relacionado con la LSD, Help Wanted Female (Harold Perkins), la italiana Acid, delirio dei sensi (Giuseppe Maria Scotese), donde una manada de jóvenes alocados se enfrenta a un trágico final tras el consumo de ácidos, The Angry Breed (David Commons), la histriónica Alice in Acidland (John Donne) y LSD: Trip to Where? (Tim Knight), con Timothy Leary y Richard Lynch.

No podemos olvidar las extrañísimas películas de terror ácido, mezcla de surrealismo y expresionismo, del cineasta brasileño José Mojica Marins, creador del personaje Zé do Caixao, auténtico icono de la cultura popular de su país. Suya es la producción O ritual dos sádicos (1968), en la que inyecta LSD a unos jóvenes para filmar sus efectos. Los resultados son terroríficos, llegando a experimentar un descenso a los infiernos en compañía de Zé do Caixao. La película fue prohibida e incluso se ordenó la destrucción de los negativos, no pudiendo ser estrenada hasta 1983.

Año 1969

Al año siguiente se estrenaba Revolution (Jack O'Connell, 1969), documental con interesantes entrevistas a personajes relacionados con los ambientes hippies de los sesenta. Destaca su espectacular banda sonora, que incluye a Quicksilver Messenger Service, Mother Earth, The Steve Miller Band y Country Joe & The Fish. En The Big Cube (Tito Davison, 1969), rareza rodada en México, tratan de volver loca a una estrella de cine mediante la administración continuada de LSD.

Otras producciones del período son Satan's Sadists (Al Adamson, 1969), una de las películas de motoristas más violentas del cine, Cycle Savages (Bill Brame, 1969), que narra el rapto de un grupo de chicas de instituto tras ser drogadas con LSD, o Free Grass (Bill Brame, 1969), también conocida como Scream Free. Por su parte, De Sade (1969), dirigida por Cy Endfield y Roger Corman, intentaba explicar la conducta del Marqués, desde su lecho de muerte, según las teorías psicoanalíticas.

Angel, Angel, Down We Go (Robert Thom, 1969) presenta una gran similitud con los asesinatos de Charles Manson que se cometieron pocos meses después del estreno. Drogas, crímenes rituales y canibalismo en un estrambótico viaje psicodélico. Tampoco podemos olvidar The Dunwich Horror (1969), adaptación de la novela de H. P. Lovecraft, o Futz (Tom O'Horgan, 1969), musical satírico-sexual en el que un granjero, que ha tenido malas experiencias con las mujeres, hace el amor con su cerdo.

Easy Rider

La guinda a la década la puso Easy Rider (Dennis Hopper, 1969), western moderno, con motos en lugar de caballos, genuino emblema de la generación del turn on, tune in, drop out (expresión acuñada por Leary que se podría traducir como «entra en ello, afina la sintonía, deja de jugar su juego»). La película acoge varios niveles semánticos y evidencia el conflicto en las motivaciones de sus creadores, especialmente Hopper y Fonda, que jamás se entendieron y rivalizaron incluso durante el rodaje.

Celebración de la revuelta juvenil de los sesenta, constituye la primera película en la que la droga no es tratada como un vicio exótico o una pérfida depravación. Buena música, inmejorable fotografía y dos jóvenes retratando a la juventud del momento bastaron para suponer un éxito comercial sin precedentes en una película de bajo presupuesto.

En palabras del personaje interpretado por Jack Nicholson, «no tienen miedo de ti, están asustados por lo que tú representas». Billy (Hopper) piensa que es por el pelo largo, pero se trata de algo más profundo: «Lo que representáis para ellos es la libertad. Es muy difícil ser libre cuando te compran y venden en el mercado». Se denuncia el concepto del «miedo a la libertad», del que ya hablara Erich Fromm en los cuarenta…