Louise Bourgeois, entre la mujer y la artista

El arte como catarsis del pasado

Louise Bourgeois en una imagen tomada en 1990 - R. Mapplethorpe
Louise Bourgeois en una imagen tomada en 1990 - R. Mapplethorpe
Un recorrido a través de la vida de la artista francesa más destacada del siglo XX revela la influencia decisiva en su obra de los traumas de la infancia

A los 97, los ojos de la francesa Louise Bourgeois han visto pasar prácticamente todo el siglo XX por delante y todavía hoy sus manos continúan creando a partir de ese torrente inagotable en que se ha convertido su memoria.

La expresión a través del arte como refugio, como exorcismo del pasado, es una de las constantes en la vida de Louise Bourgeois, un vida marcada por sus traumas de la infancia, especialmente por la complicada relación que mantuvo con su padre.

Memoria de la infancia

Su monumental legado artístico es un reflejo del miedo, la angustia y el dolor que le han provocado, a lo largo de su vida, los recuerdos de sus primeros años. Ella misma lo ha expresado así: “Mis obras son una reconstrucción del pasado. En ellas el pasado se ha vuelto tangible; pero al mismo tiempo están creadas con el fin de olvidar el pasado, para derrotarlo, para revivirlo en la memoria y posibilitar su olvido”.

Es precisamente en esta recreación del pasado, y en el significado artístico que tendrá para Bourgeois su problemática relación con la figura paterna, donde se ubica su primer encuentro con el arte, cuando era todavía una niña; se trata de una de las anécdotas más célebres de la artista: “Me sentí atraída por el arte porque me aislaba de las difíciles conversaciones en las que mi padre se jactaba de lo bueno y maravilloso que era... Cogí un pedazo de pan blanco, lo mezclé con saliva y moldeé una figura de mi padre. Cuando estaba hecha la figura empecé a amputarle los miembros con un cuchillo. Considero esto como mi primera solución pictórica”.

Infancia traumática

Louise Bourgeois nació el 25 de diciembre de 1911 en París. Su madre era feminista y socialista y eligió este nombre para su hija en honor a la mujer que representaba su ideal femenino, la francesa Louise Michel, una especie de Rosa Luxemburgo gala, si bien el padre pensó que el nombre de su hija se debía a la feminización del suyo propio. El conflicto con la figura paterna surge ya en sus primeros años de vida, pues su padre esperaba un varón y denigraba reiteradamente a Louise por su condición de mujer, circunstancia que la llevó incluso a sentirse culpable y a la necesidad de ser perdonada por haber nacido chica.

Su familia regentaba un taller de restauración de tapices y la joven tuvo la suerte de poder estudiar en los mejores centros de la capital francesa, como la Escuela del Louvre, donde trabajó con artistas de la talla de Fernand Léger. Pese a esta aparente seguridad, las relaciones familiares se tambaleaban debido a la relación explícita y no escondida, de su padre con Sadie, su niñera, que llegó incluso a trasladarse a la residencia familiar en calidad de institutriz de inglés y que se convertiría en esposa del padre tras el fallecimiento de la madre de Louise, en 1932, tras una larga y dolorosa enfermedad.

Louise se casó en 1938 con el historiador de arte norteamericano Robert Goldwater, con quien se trasladó a Nueva York, en plena efervescencia de las vanguardias. Allí comenzó definitivamente una silenciosa carrera artística durante sus primeros años, escondida en parte por sus propios miedos, pues no fue hasta los 34 años cuando ofreció su primera muestra individual. “Para mí fue un suceso afortunado que el mercado del arte decidiera dejarme de lado, así pude trabajar a mi aire durante quince años. Tuve el privilegio de gozar de mi propia intimidad”, ha dicho en alguna ocasión.

Una solitaria empedernida

El arte de Louise Bourgeois tiene algo de subversivo y rompedor, como lo fue en sí mismo el movimiento feminista. A pesar de que ella ha hecho declaraciones contradictorias en torno a su adscripción al feminismo, “mi feminismo se expresa mediante mi profundo interés en lo que hacen las mujeres, pero no por ello dejo de ser una solitaria empedernida”, dijo en una entrevista, su obra está atravesada por su condición de mujer y son temas recurrentes aspectos profundamente marcados por las dimensiones sociales del género como las representaciones del cuerpo y la casa, o la dicotomía entre el padre y la madre, lo masculino frente a lo femenino, aunque siempre desde el dolor, como reflejo de sus fantasmas internos.

Así lo han afirmado historiadoras del arte como la española María Teresa Alario, para quien “incluso sin recurrir a los datos biográficos que lo avalan, puede detectarse en toda la obra de Bourgeois una mirada profundamente crítica con el sistema patriarcal, siempre pasada por el tamiz de la vivencia personal”.

Reconocimiento del MOMA

De lo que no cabe duda, es de que Louise Bourgeois ha sido una pionera en muchos aspectos y que, a pesar de sus reticencias en torno al feminismo, su figura ha sido fundamental en un campo como el arte, donde los grandes artistas reconocidos por la Historia son, en su mayoría, varones. En este sentido, la francesa dio pasos de gigante en la lucha por la igualdad y el reconocimiento del valor de la mujer artista, al convertirse en la primera mujer a la que uno de los museos más importantes que existen en el mundo, el MOMA de Nueva York, le dedicara una restrospectiva. Fue en 1982, cuando ya había cumplido los 70 años de edad.

maribel, maribel hernandez

Maribel Hernández Sánchez - Curiosa empedernida y aprendiz incansable. Un espíritu irremediablemente inquieto enamorado de las palabras, los viajes y las ...

rss
Deja tu opinión

NOTA: Al no ser miembro de Suite101.net, tu comentario pasará un filtro de supervisión antes de que aparezca publicado.
Enviar comentario
Cuánto es 4+5?
Advertisement
Advertisement