Los últimos años de Felipe II

La paz se asienta en el Mediterráneo

Estandarte emblema de la Santa Liga - J.R. Cumplido Muñoz
Estandarte emblema de la Santa Liga - J.R. Cumplido Muñoz
Al final del reinado de Felipe II la paz se había establecido como un acuerdo tácito con los otomanos, que tampoco tenían ganas ni dinero para comenzar nuevas contiendas.

A principios del año 1589 volvieron los tan temidos pero olvidados rumores sobre una salida de la armada otomana hacia las costas europeas o africanas del Mediterráneo. En este caso la campaña sería en el norte de África y la expedición estaría al mando de Hasan Pasa.

Extrañado por la actitud otomana de actuar contrariamente a la tregua que aún estaba en vigor, Felipe II ordenó que la flota española se preparase para salir al mar Mediterráneo. Tras varios meses, a finales del verano, la armada española seguía esperando la llegada de la expedición de Hasan Pasa. Fue entonces cuando se supo que el destino de los otomanos no eran las costas europeas, sino la costa africana de Trípoli, donde debían terminar con la sublevación de los musulmanes en aquella zona.

El sultán otomano no tenía ninguna intención de incumplir los términos del acuerdo de tregua que había firmado con el rey Felipe II, y arriesgarse así a comenzar una guerra que no podría mantener, pues no tenía ni el dinero ni los medios suficientes para llevarla a cabo con cierto éxito.

El fin de la tregua turco-española

Al año siguiente, terminó el plazo de la tregua turco-española. Gracias a la correspondencia del menorquino Juan de Segni, agente y espía español en Constantinopla, se sabe que la tregua se mantuvo formalmente tres años más, hasta 1593, aunque no hay evidencias oficiales de ello, pues parece que no se firmo ninguna prórroga de la misma.

Ambos imperios estaban arruinados económicamente, tanto Felipe II como Murad III eran ya mayores y sus armadas respectivas ya no eran tan buenas como antes. Además, tanto el rey español como el sultán otomano se habían acostumbrado a la tranquilidad de no tener que luchar contra el contrario.

Si a todo esto le sumamos que no se había producido ningún incidente que pudiera enfrentarlos, se llega a la conclusión de que no había ninguna necesidad de acabar con la tregua, como tampoco de hacerla nuevamente oficial.

Ya en el año 1596, la armada otomana llegó hasta Navarino en septiembre. Entonces, el Papa Clemente VIII, le pidió ayuda a Juan Andrea Doria para combatir a los otomanos, pero éste no quería comenzar una batalla que podría llevar a una guerra entre España y el Imperio Otomano, por lo que el Papa acudió entonces a Felipe II.

Una carta, conservada en el Archivo Nacional de Simancas, de Juan Andrea Doria dirigida a Felipe II refleja muy bien esta situación: "A último del pasado escrivi a V.M. Agora añado que a los 2 deste llegaron las galeras del Gran Duque y a los 5, las de S.S. Las primeras han venido con las pretensiones que se pueden ver por las copias de las cartas del Gran Duque que me han traydo. Yo avisé luego al presidente deste reyno".

"No se lo que se resolverá. De lo que hiziere, daré cuenta a V.M. Su Santidad pretende que vaya a buscar la armada enemiga y que pelee con ella, pero siendo ella tan superior de número de galeras y demás de la gente que lleva pudiendo embarcar en sus tierras toda la que se quisiere, no me ha parescido obedescelle en esto. También pretende eche alguna gente en tierra en el Albania por las platicas que tiene en aquella provincia. Hele respondido que no tengo orden de V.M. para ello y que la que tengo es de guardar con estas galeras que se han juntado las costas de la christiandad…".

En cuanto comenzó el mal tiempo, la flota otomana, que había llegado hasta Navarino en muy mal estado, regresó a Constantinopla sin haber causado ningún problema.

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