
- La doncella de hierro - Miguel Ángel Jiménez Guerra
Paseando por los sinuosos y empinados callejones de Toledo, el viajero puede caminar hasta la Sala de Exposiciones Alfonso XII, situada en la calle del mismo nombre, en pleno centro de la llamada "ciudad imperial". Allí, hasta finales de año, puede visitarse una didáctica exposición, no apta para almas sensibles, dedicada a exponer los métodos inquisitoriales, con una amplia muestra de instrumentos dedicados al tormento.
Clima de miedo
Aunque no es un invento hispánico, la Inquisición Española es la que ha perdurado en la memoria colectiva como la más sanguinaria y cruel. No se va a entrar aquí en los motivos de tan mala fama ni en el baile de cifras sobre víctimas con el que polemizan últimamente los historiadores, solo se describirán brevemente sus métodos, basándose sobre todo en el magnífico estudio deHenry Kamen, muy recomendable para cualquier interesado en este fenómeno histórico (Henry Kamen, La Inquisición Española, Editorial Crítica).
Fueron los Reyes Católicos los creadores de esta institución, utilizada como método de unificación ideológica, control social y eliminación del disidente (el hereje). El Tribunal solo tenía competencia sobre los bautizados, ya fueran los llamados "cristianos viejos" o los conversos más recientes. No se trataba solo de indagar en la práctica de la religión sino, sobre todo, en la sinceridad interna de esa práctica por parte del sospechoso de herejía. Evidentemente, no existía garantía judicial alguna para el reo en el procedimiento, del cual únicamente se buscaba una confesión "franca" y espontánea, utilizando para ello los más crueles métodos detortura cuya admistración, eso sí, se encontraba rigurosamente reglamentada.
Las denuncias ante el Tribunal eran anónimas para el acusado, por lo que sus posiblidades de organizar una defensa eran prácticamente nulas. Era habitual encerrarle en prisión, a veces durante largos periodos de tiempo, sin saber siquiera de qué se le acusaba. Lo más curioso es que los gastos de manutención corrían a cargo del propio patrimonio del reo, por lo que las familias se veían arruinadas en muchas ocasiones. Es de imaginar que el clima de la época debía ser de terror, pues ni el más ferviente cristiano podía considerarse a salvo de ser acusado alguna vez, quizá por aquel vecino con el que estaba disputando unas tierras.
La exhibición de atrocidades
La exposición toledana es un completo recorrido por los más espantosos y variados métodos de tortura. Algunos ejemplos de lo que el visitante puede contemplar:
- El aplastacabezas: Un siniestro aparato destinado a quebrar los huesos del cráneo a través de la presión ejercida progresivamente por un casquete unido a un tornillo. Primero se rompían la mandíbula y los dientes, luego los ojos se salían de las órbitas, para terminar el cerebro saliendo por la parte inferior del cráneo.
- El cepo: Usado para exhibir a la víctima y ser objeto de denigración por parte de los vecinos.
- Los desgarradores de senos: Una especie de alicates finos y muy afilados utilizados especialmente en las torturas a mujeres.
- La doncella de hierro: Quizá la estrella de la exposición. Como su propio nombre indica, una estatua de hierro de una dama, hueca por dentro, pero llena de pinchos, para tormento de su huésped.
- Embudos para la tortura del agua o ahogamiento: el reo es acostado boca arriba con un trapo en la boca. El agua que se va vertiendo produce una angustiosa sensación de ahogamiento. Ha sido utilizada recientemente por el gobierno estadounidense en la "guerra contra el terrorismo".
- La pera: un aparatito en forma de pera dotada de puntas afiladas. Podía introducirse por la boca, por el ano o por la vagina, según lo requiriera el interrogatorio.
- La cuna de judas: una pirámide de madera cuya punta era introducida en el ano del reo atado de manera que los torturadores pudieran ejercer más o menos presión sobre el mismo. Humillación y dolor a partes iguales.
- Uñas de gato: garras afiladas utilizadas para arañar y desgarrar la piel.
- Tormentos especiales para determinados colectivos: los jugadores de cartas podían ser obligados a llevar un pesadísimo collar representando una baraja de naipes o de dados, si tal era su vicio. Los borrachos podían ser condenados a ser introducidos en un barril de gran peso y ser encerrados en ellos como en una prisión andante. Todos estos desgraciados eran denigrados y agredidos por sus vecinos. En el último caso, el barril era usado frecuentemente por estos para orinar y defecar, por lo que el sufriento del condenado por borracho debía ser considerable.
- La silla de interrogatorio: llena de afiladas púas.
- El potro: el reo era colocado atado boca arriba de pies y manos. A través de un torno se iban estirando las extremidades hasta llegar en ocasiones a la desmembración.
- Máscaras infamantes: Máscaras de hierro de gran peso que el condenado no podía quitarse, sufriendo gran dificultad para comer o beber.
Hasta aquí algunos escalofriantes ejemplos. El visitante inevitablemente se imagina a sí mismo siendo objeto de cualquiera de los tormentos exhibidos y no puede evitar un estremecimiento. Después reflexionará sobre la naturaleza del ser humano y no llegará a conclusiones muy edificantes. Si bien en nuestro país hace tiempo que se abolió la tortura, sigue practicándose en gran número de países, incluso, hasta hace meses, por parte de alguno que dice ser garante de las libertades. Una buena ocasión también, para plantearse colaborar con organizaciones como Amnistía Internacional, consagradas a la lucha por los derechos humanos.
