En Sudamérica y en todos los sitios donde el crack se apoderó de las almas, se viven circunstancias de profunda gravedad, se multiplican en las ciudades pequeñas, de mediano porte, metrópolis y hasta áreas rurales. Disturbios psicológicos, físicos y preconcepto son algunos de los trastornos. Los familiares deben ser valientes para lidiar con la dependencia química de sus allegados y el único recurso son las ONG.

Consecuencias en el ambiente

En el entorno de un drogodependiente de crack, muchas veces se siente culpa y experimenta el miedo. Entre tanto, se soporta lo inimaginable, robos dentro del propio hogar, palabra y comportamientos violentos, la entrega de la propia vida para cuidar del adicto y hasta los parientes cercanos pueden desarrollar problemas psíquicos.

Los dependientes desarrollan enfermedades relacionadas con la adicción, una de las esclavitudes de ¡esta sustancia. La familia de los drogodependientes o usuarios pueden sufrir de codependencia. De acuerdo con la psicóloga Neliane Figlie, el codependiente no tiene control sobre sus propias actitudes en relación con el dependiente químico.

“Es una preocupación externa con una persona o hasta con un objeto. Puede ser preocupación emocional o social. Ese codependiente llega, inclusive, a desarrollar síntomas físicos muy vinculados a la ansiedad y depresión", afirmó la especialista.

Voces testimoniales

Ilda (51 años), madre de un usuario de 31 que comenzó a usar drogas a los 16 en Brasilia (DF de Brasil), muestra algunos síntomas físicos de la codependencia. “Yo no comía, mi hermana y mis hijas me daban la comida como un bebé y dormía muy poco; aún estoy preocupada. Tengo miedo de que alguna cosa pueda pasar”, dijo.

Niveles inimaginables

Según el testimonio de Ilda, el hijo fue mendigo para mantener el vicio. “Dormía en la calle, pero, cuando llegaba en casa, gritaba, discutía conmigo y me exigía que me callara. Me culpaba de ser una desgracia en la vida y que era alguien que frustraba su vida porque no le daba dinero”.

Violencia

La agresividad del hijo, después de consumir, era tan grande que llegó a inducir un aborto a la propia esposa. “El tenía mucho celos de ella. Un día él llegó muy drogado, la golpeó. Ella estaba aguardando un bebé y le produjo un aborto”, afirmó Ilda. Luego de ese episodio desapareció y estuvo sin dar noticias de su paradero durante tres años.

Preconcepto

Cuando el hijo volvió a Brasilia enfrentó otros problemas, el preconcepto de la familia. “Los parientes no ayudan! Llegué un día, él estaba tirado al lado de un muro, con fiebre, temblando y, vomitando. Si no fuera que llegué, en esa noche, él hubiera muerto”, recuerda Ilda. “Fue ese día que él pidió salir de la calle e ir a una casa de recuperción”.

Vidas anárquicas

Ilda no sabe si su hijo permanecerá en la clínica, pues él ya fue internado cuatro veces y escapó en medio del tratamiento.”Él no puede entrar hoy y salir mañana, porque no es una prisión. Va por su libre y espontánea voluntad. Por lo tanto, puede salir también con total libertad”.

Historias que replican

Estos relatos son repetitivos en muchos lugares, en diversos países de la región y donde el crack ejerce su dictadura. La internación es, para muchos padres, una alternativa de resolver el problema, pero no siempre es la salida para el dependiente. José Antonio (46 años) y Daiane (35 años), padres de un niño involucrado con las drogas a los 15 años, en la ciudad “satélite” de Planaltina de Goiás (Brasilia DF), también se enfrentaron esa situación.

“Buscamos ayuda. Internamos al niño en una clínica, cerca de Ceilândia (ciudad satélite del DF). Él estuvo unos dos meses y escapó del lugar. Después lo internamos en Goiânia, donde permaneció más o menos unos tres meses, huyendo también”, afirmó el padre.

Efectos del medio

José Antonio cree que el hijo, hoy con 18 años, se comenzó a consumir crack por sus amistades. “¡Creo que fueron las malas compañías! Una vez que comenzó con su adicción, yo me enteré de que la mayoría de los amigos de mi hijo también consumían”, dijo.

El sufrimiento de esos dos padres terminó cuando llevaron al adolescente en búsqueda de ayuda. “Para una madre es difícil estar cinco noches sin dormir, del trabajo para casa, sin comer; no sabía donde estaba él. Desconocía si él estaba bien, si estaba dormido o que estaba haciendo”, testimonió dramáticamente Daiane.

Apoyo profesional

Ilda, José Antonio y Daiane frecuentan grupos de ayuda a los codependientes, una vez por semana. En las reuniones comparten historias con otros miembros y, así, consiguen lidiar con la dependencia química de los hijos. Para la psicóloga Nélida, tanto los grupos, como la psicoterapia y los profesionales ayudan en la recuperación de las familias de drogodependientes.

“Los grupos ayudan a las personas a desligarse del dependiente químico y poder cuidar un poco más de ellas mismo y muchas veces de su propia familia”, dijo.

Marcia (58 años), madre de un ex usuario de crack, es una de las coordinadora del Grupo Amor Exigente de Brasilia, que tiene 23 años de existencia. Ella cree que, para combatir el avance de la droga, los padres deben imponer limites. “Ningún padre recibe recetas preparadas para criar a los hijos, pero es importante dar límites a los hijos y para los mismos padres”, afirmó.