La interpretación de sueños ha pasado a ser, después de Freud, un cúmulo de incógnitas y misterios referentes a la psiquis humana, y si bien, el creador del psicoanálisis formalizó un método de llegada al inconciente, los investigadores de todas las épocas, sobre todo los del siglo XX, han apuntado a resolver las grandes cuestiones fisiológicas del sueño en sus aspectos más generales, ya que la psiquis continúa siendo el más grande misterio de todos.

Dos Etapas en la Interpretación de los sueños

En la historia de la humanidad respecto del tema, se pueden considerar dos grandes épocas en el tratamiento del sueño. Una, la antigua, donde los sueños eran tomados como mensajes de los dioses y los humanos volcaban su psicología en las creencias diversas que tenían y los conocimientos escasos de la psicología profunda, una época mitológica, llena de imágenes “divinas” y supersticiosas.

La segunda época es la que inicia el freudismo, donde el sujeto se presenta como tal en la sociedad y refleja sus temores y esperanzas, en una mezcla de creencias igualmente diversas junto a cuestiones terrenales, como el sexo y el trabajo, el estatus social y el dinero.

Dioses y Demonios

En la primera época, extensa y que cubre varios siglos, el ser humano creía en los dioses, pensaba como ellos y se sentía dirigido o sometido por el destino que le escribía sus designios en un guión trágico o maravilloso. Fue pasando lentamente a otros tipos de creencias que llenaron su vida y adhiriéndose a los movimientos religiosos que reemplazaban en su mente a aquellas antiguas divinidades.

Aparecen entonces los santos, Cristo o el demonio. El mundo de los espíritus, de los fantasmas y las visiones, las brujas y sombras de la Edad Media empezaron a habitar la psiquis de la misma manera que antes los llenaban la Mitología y las leyendas regias. El ejemplo de estos sueños antiguos los encontramos en Artemidoro y su libro, la Onirocrítica. Dedicado a Casio Máximo, un maestro de retórica y a su hijo del mismo nombre que él, se interesa por los sueños que llama “de visión”, dejando de lado los sueños corrientes; es un libro que ha llegado hasta nosotros como un método de interpretación elaborado casi científicamente.

La Individualidad, el Sexo y el Trabajo

Sigmund Freud, médico vienés, comenzó a trabajar en el tema a fines del siglo XIX y en el XX desarrolló el psicoanálisis. Y quien se lamentaba de que la ciencia de su tiempo no estaba desarrollada, produjo un cuerpo científico basado en una psicología que por medio del lenguaje intentó clarificar en forma abstracta, los aparatos de la psiquis. Este descubrimiento proporcionó las bases de una individualidad hasta entonces desconocida, donde la persona no tenía mandatos divinos sino mandatos sociales y de su propia niñez.

Esta especie de arqueología de la mente, dio por tierra con cierto idealismo y fue a tal extremo que para él, en su inicio, los sueños dependían de la energía sexual, algo tan distante de lo divino que provocó no pocas reacciones en su tiempo. Su actitud férrea ante la oposición logró que el psicoanálisis progresara y se difundiera por el mundo, siendo hoy día un puntal necesario para comprender la psiquis humana.

En su trayecto, dicha ciencia produjo infinidades de variaciones, pero siempre referidos a la base materialista de la ciencia. En un caso que puede considerarse una mezcla, desde el punto de vista de una somera historia de la interpretación, hallamos a su discípulo Karl Gustav Jung, quien toma los elementos del psicoanálisis freudiano y además, crea su propio curso en lo que llama Inconciente Colectivo con las cuotas de un cierto regreso a las creencias y las figuras de la mitología, tomadas como entidades participantes de la psiquis humana esencial.