Desde las culturas primigenias hasta las últimas investigaciones en el campo de la psicología, los sueños son eventos que no dejan de sorprender al hombre y que están ligados inevitablemente a su vida diaria.

Los sueños en la antigüedad

En las primeras civilizaciones humanas, los sueños tenían la connotación de proféticos, para esto tan sólo basta mencionar algunos episodios de la Biblia: el sueño de Jacob o el del Faraón. Estos eventos eran tomados en serio y se creía que efectivamente la imagen aparecida en sueños debía corresponder a la realidad. Esta creencia subsistiría en la Edad Media, el Renacimiento, la Edad Moderna e incluso hasta nuestros días.

De acuerdo con Homero, en La Odisea, escrita en el siglo VIII a.C. los sueños habitaban en el lejano oeste, cerca de la puesta de sol y del reino de los muertos y desde allí se extendían a toda la tierra; los sueños engañosos partían por una puerta de marfil y los verdaderos por una de cuerno.

Los filósofos estaban más interesados en la mecánica de los sueños; Demócrito creía que estos eran imágenes espectrales que penetraban en el cuerpo a través de los poros; el historiador griego Herodoto fue el primero en explicar los sueños como preocupaciones diurnas llevadas a la noche. Sin embargo, ambos pensaban que algunos sueños eran enviados por los dioses.

Profecías y procesos creativos

Había también sueños que eran proféticos, por así decirlo, pero no se relacionaba su origen a una raíz divina. En 1625 el doctor Baldwin Hamey partió de Londres con unos amigos para hacer un viaje por Europa; al mostrar sus pasaportes en Dover, uno de los principales puertos del Canal de la Mancha, el gobernador dio paso a todos menos a Hamey quien tuvo que quedarse y despedir a sus amigos que subieron al barco rumbo a Francia. El barco se hundió en la noche y sólo cuando Hamey se enteró de la tragedia, el gobernador le confesó por qué lo había detenido. Y es que el gobernador había tenido en sueños una visión inconfundible de Hamey quien en ese momento le era desconocido; en su sueño Hamey se acercaba a él dispuesto a cruzar el canal hacia Calais, pero al gobernador le había quedado claro que debería impedir que el joven continuara su viaje.

Otra vertiente de los sueños es que éstos son parte de un proceso creativo; muchos escritores y artistas se han inspirado en sueños y visiones para escribir sus obras maestras, por mencionar sólo algunos: Robert Louis Stevenson imaginó su Dr. Jekyll and Mr. Hyde en sueños; la invención de los grabados iluminados del poeta y pintor William Blake, usados en la publicación de sus poemas, le fue revelada en una visión de Robert, su hermano fallecido, Mary Shelley escribió Frankenstein tras una pesadilla en una noche de tormenta. Los cuentos de Allan Poe también son producto, aunque no en su totalidad, de las alucinaciones del opio y del alcohol que producían sus sueños y que lo orillaron a crear las imágenes escalofriantes y las escenas crueles e irreales que abundaban en sus relatos.

Se cuenta también que Samuel Taylor Coleridge se había sedado con opio antes de adormecerse y experimentar un vívido sueño. Despertó unas horas después con trescientas líneas de espléndida poesía en la mente y rápidamente comenzó a escribir, cuando apenas había trascrito cincuenta y cuatro líneas fue interrumpido por un visitante. Una hora más tarde, cuando el poeta quiso reanudar su tarea, las líneas restantes del poema se habían desvanecido de su memoria; sin embargo, lo que logró escribir fue su obra maestra Kubla Khan.

La edad moderna

Con Sigmund Freud y Gustav Jung se inicia la investigación sistemática del sentido de los sueños. Para Freud, la actividad onírica es el guardián del dormir y el sueño existe para permitir la realización de un deseo; si las imágenes y las historias nocturnas son a menudo absurdas, es porque el inconsciente se ha cuidado de invertir, desplazar o condensar ciertos elementos para hacerlos más irreconocibles. Para Jung el sueño da acceso a arquetipos primordiales comunes a todas las civilizaciones.

A los enfoques psicoanalíticos se añade actualmente el conocimiento neurobiológico. La onirología, formada desde hace cincuenta años, se dedica a estudiar los mecanismos del sueño y ha podido determinar exactamente el momento en que se inicia el sueño. Hay tres tipos de sueño: el ligero, el lento profundo y el paradójico. El adormecimiento se caracteriza por una disminución progresiva de las ondas cerebrales, se habla entonces del dormir lento, donde la persona es sensible a los sonidos, luego, en el lento profundo, la persona tiene los ojos inmóviles pero conserva el tono muscular. En el paradójico el cerebro emite un flujo de ondas rápidas, los globos oculares se mueve pero no responden, es difícil despertar a la persona en este estado y éste es el momento de los sueños, más importante al final de la noche que al principio, que se reproduce alrededor de cada cien minutos y que dura de diez a veinte.

Posibles interpretaciones

La interpretación del sueño tiene diferencias y las distintas ramas de la ciencia los ven de forma diversa; por ejemplo, los sueños en los que se vuela como un pájaro y se lucha contra la gravedad o moviendo el aire con los miembros, dejan por lo general una sensación agradable, por esta razón, durante largo tiempo, los psicoanalistas los interpretaron como la expresión de impulsos sexuales. Los biólogos, en cambio, proponen otra explicación: la parálisis del cuerpo durante el sueño, daría la impresión a la persona que duerme de que se ha liberado de algunos impedimentos físicos y la induciría a creer que puede elevarse por el aire casi sin esfuerzo.

Hay algunas cosas que la gente tiende a asociar con fenómenos paranormales, por ejemplo cuando dicen que “se les sube el muerto”, experimentan una sensación de inmovilidad, como si la mente se quisiera mover pero el cuerpo no lo lograra. Esto en realidad tiene una explicación que dista mucho de lo paranormal; y es que se trata de que una persona se despierta a veces tan abruptamente que tarda un poco en llevar las señales motoras del cerebro al cuerpo y por eso le es imposible moverse de inmediato.

Para el psicoanálisis, el sueño es un relato que el paciente le hace al analista en el seno de la situación analítica. El libro El lenguaje y el inconsciente freudiano contiene un artículo de Frida Saal, titulado “El inconsciente habla en el acto fallido, en el sueño y en el chiste”, en donde explica que el método del analista no se aplica sobre imágenes visuales sino sobre un texto y se llama “sueño” al relato, con el agregado de todas las asociaciones que el soñante tiene con relación a cada una de las partes, momentos o imágenes de discurso que tiene como referente a la experiencia onírica.

Sueño y lenguaje

Para Freud, existe una vinculación muy importante entre el inconsciente y el lenguaje ya que en el mundo del inconsciente hay un flujo constante de lenguaje especial que sirve para expresar lo que el inconsciente está manifestando.

Freud quiere demostrar que son palabras las que vehiculizan la imagen y no al revés. El sueño en su totalidad procede de lo que Freud llama “simbolización.” Jacques Lacan en su artículo: “Lo simbólico, lo imaginario y lo real”, publicado en 1977, en la Revista Argentina de Psicología, núm. 22, Buenos Aires. afirma que Jacques Lacan: “soñar es imaginar el símbolo y contar el sueño es simbolizar la imagen.”

El inconsciente funciona a través de la condensación y el desplazamiento; la primera es una sinécdoque y la segunda una metonimia. El lenguaje une los elementos que aparecen en el inconsciente. Dice Freud en su libro La interpretación de los sueños, publicado en 1900, que: “el camino más cómodo para aproximar entre sí dos pensamientos oníricos que todavía no tienen nada común consiste en alterar la expresión lingüística de uno de ellos para concordar con este último.”

Así, el inconsciente es un lenguaje que conecta los elementos que hay en éste para que de esa forma sea entendido en el exterior. El inconsciente, al producir sueños es como si estuviera hablando pues comunica, aunque esta comunicación nada tenga que ver con un anuncio profético o divino.

Entonces, los sueños son una manifestación del inconsciente a través del lenguaje de éste, dicho lenguaje es diferente al que convencionalmente se utiliza, es por eso que los sueños no son claros y resultan difíciles de entender. El sueño es también una fase del dormir en el curso del cual las barreras del superego se derribarán, dejando que el subconsciente exprese los impulsos reprimidos.

¿Sirve de algo soñar?

Se ha comprobado que soñar es necesario incluso para aprender pues es ya un hecho que aquellas personas que son despertadas en la etapa más profunda del sueño, aprenden peor que los demás. Otra cosa que es importante señalar es que el soñar no es una actividad exclusiva a los seres humanos pues también está presente en los mamíferos y las aves.

El sueño es en sí un evento de suma importancia en la vida de los seres humanos, (y de otros seres vivos), es algo necesario y diario, sin embargo, aún no se han logrado desentrañar todos sus misterios. Claro que con Freud una gran parte de ellos fue resuelta gracias a sus aportaciones sobre el inconsciente, el lenguaje y el psicoanálisis en sí pero aún no nos se posible conocer todos los aspectos del sueño en su totalidad.

Los sueños seguirán siendo manifestaciones de algo que nos pertenece y que forma parte de nosotros, ya sea da una forma más o menos consciente y vale la pena estudiarlos ya que el soñar es una actividad individual completamente y la interpretación de cada minuto soñado es una cosa también individual que responde a los miedos o deseos que cada persona tenga en un contexto, espacio y tiempo determinado.