Justo antes de llegar al corazón de Aranjuez un oasis verde da la bienvenida al visitante de la localidad ribereña. Se trata de los Sotos Históricos que con sus paseos arbolados representan el pasado, el presente y el futuro de la racionalización del hombre aplicada a su entorno natural, en el respeto absoluto del medio.

Hay que viajar en el tiempo y llegar al siglo XVI para poder apreciar el plan arquitectónico que dio vida al entramado de los Paseos Arbolados, situados al norte del río Tajo desde la presa del Embocador por el este hasta la junta de los ríos Tajo y Jarama por el oeste. Se trata de plantaciones de una a tres alineaciones de árboles, cuyo objetivo originario fue lo de estructurar y embellecer el territorio mediante una urbanización basada en la naturaleza.

Desde el siglo XVI hasta el XIX Aranjuez fue para los monarcas su “casa de campo” por excelencia, su villa por antonomasia. Al Real Sitio los monarcas llegaban para veranear, para disfrutar de la naturaleza, para dedicarse a la caza y para degustar los productos de la huerta.

Se debe a Felipe II la ordenación paisajística que se realizó en Los Sotos. Se trata de la transformación en Paseos Arbolados de los caminos que la Corona utilizaba para dirigirse a Madrid, a Toledo o a Sotomayor. Amplias calles rectilínea constituidas por un camino central flanqueado en sus márgenes por plantaciones de arboles en alineación. Los álamos fueron los primeros árboles que se plantaron en los márgenes de la trama geométrica de paseos, plazas y huertos que empezaba a tomar forma. El resultado fue un sorprendente diseño de racionalización del territorio que se conserva hasta nuestros días.

Lo que queda hoy en día de los Paseos Arbolados son más de 30 kilómetros, que albergan once especies de árboles distintas en sus alineaciones.

Un paseo a caballo por los Sotos Históricos de Aranjuez

Lo primero que sugiere el enclave de los Paseos Arbolados es poder regalarse un paseo a caballo bajo la sombra de las hojas de los centenarios plátanos, chopos, tilos, álamos y nogales. Y es que la historia de los Sotos y dehesas de Aranjuez está fuertemente vinculada al mundo equino. Desde la antigüedad la abundancia de hierba facilitó por esta vega la cría de caballos.

En 1560 ya existía en Aranjuez una cabaña de 133 yeguas de vientre de distintas razas, en 1567 ya se contaban 244 cabezas de todas clases y edades. Hay que dar un salto hasta el 1802 para apreciar el máximo esplendor de la Real Yeguada. Reinando Carlos IV ya el número de equinos había alcanzado 2.581 cabezas entre yeguas, caballos, potros, mulas y burros.

El Real Hipódromo de Legamarejo

El 24 de abril de 1851 la Reina Isabel II, mediante una Orden Real, dispuso la construcción del primer hipódromo en Legamarejo. El 3 de mayo del mismo año se pueden leer en las páginas del periódico La Nación las primeras noticias sobre las carreras que habían tenido lugar en Aranjuez. Otro gran impulso a las carreras ecuestres en Aranjuez vino de la mano de Alfonso XIII. El 24 de mayo de 1917 se inauguró el Real Hipódromo de Legamarejo con el llamado Derby de Aranjuez, referencia absoluta para los amantes de la equitación.

Un mapa para orientarse en los Sotos Históricos de Aranjuez

Para disfrutar de un paseo por los Sotos es preciso poderse orientar, por eso pedir un mapa en la Oficina de Turismo de Aranjuez es imprescindible. Como punto de partida, aunque existen muchas más opciones, es aconsejable llegar hasta la glorieta de las Doce Calles y desde allí elegir si seguir hasta el Pico Tajo y el Soto del Legamarejo o bien, en dirección contraria, visitar los sotos del Rebollo Viejo y Nuevo y seguir hasta el Soto Pavera.

En cualquier caso merece la pena y no hay que olvidarse de los prismáticos aunque, es muy fácil cruzarse por el camino con perdices, faisanes, ardillas, liebres, aves y tortugas cerca del río.

La visita a Los Sotos de Aranjuez no representa sino el aperitivo para luego adentrarse por El Jardín del Príncipe, del Parterre (o Jardín Nuevo), el de la Isla, el de Isabel II y el del Rey, los que convierten la ciudad ribereña en una joya verde a un paso de Madrid.

En 2001 Aranjuez fue nombrada Paisaje Cultural Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Es importante mencionar que las obras y plantaciones llevadas a cabo desde Carlos V, y sobre todo por Felipe II, ocasionaron que, en la cultura hispánica de la Edad Moderna, Aranjuez se convirtiera en paradigma y ponderación máxima de la belleza que puede encontrarse en la naturaleza artificiosamente humanizada.