Adam Smith es considerado el creador del liberalismo económico. En su libro La riqueza de las naciones establece las nociones del capitalismo moderno, como la idea de la mano invisible del mercado que es el fundamento de la economía liberal del siglo XX y que influye de manera decisiva en el liberalismo político. Sin embargo, frecuentemente se olvida que también es el autor de otro libro, de talante diferente pero que sin él no se puede entender el pensamiento del filósofo escocés. Ese libro es La teoría de los sentimientos morales, y una muestra de su olvido es la falta de una traducción completa de la obra al español hasta finales del siglo pasado, como asegura Carlos Rodríguez Braun en el estudio preliminar que realizó para la publicación del libro en Alianza Editorial.

Los sentimientos morales

En 1759 Adam Smith publicó por primera vez La teoría de los sentimientos morales, debido a las diversas correcciones que llevó a cabo, hubo seis publicaciones (la última en 1795) antes de su muerte. El libro suponía la primera parte de una tríada que sería completada por su obra más famosa, la ya mencionada La riqueza de las naciones, y por una teoría de la jurisprudencia, que nunca llegó a realizar. Por lo que la tríada se quedó en una dupla.

Lo que pretendía Adam Smith queda plasmado de forma bastante sincera en el título del libro. A través de un análisis conciso de las diferentes teorías morales que han ido estableciendo los diferentes pensadores a lo largo de la historia de la humanidad (aunque ciertamente se centra exclusivamente en los occidentales), quería determinar qué sentimientos morales son concernientes al ser humano.

Simpatía y el espectador imparcial

El ser humano actúa movido por la simpatía, “por más egoísta que se puede suponer al hombre, existen evidentemente en su naturaleza algunos principios que le hacen interesarse por la suerte de otros, y hacen que la felicidad de éstos le resulte necesaria, aunque no derive de ella nada más que el placer de contemplarla”. Excluyendo todo lo demás, como mínimo el ser humano se place de ver la felicidad. No con intención de sacar alguna contrapartida, es parte de su naturaleza. La “simpatía” es un concepto clave dentro de la teoría de Adam Smith. Es la que nos permite acompañar al otro en sus sentimientos. Es a través de ella que podemos comprender lo que sucede a los que nos rodean. Es cierto que no se puede entender perfectamente lo que ocurre a otra persona, y es en este punto donde entra en juego otro concepto clave, el espectador imparcial: colocarse en la situación del otro es lo fundamental. Considerar cómo actuaría un espectador imparcial movido por sentimientos benevolentes. Porque “el sentir mucho por los demás y poco por nosotros mismos, el restringir nuestros impulsos egoístas y fomentar los benevolentes, constituye la perfección de la naturaleza humana“.

El ser humano necesitado

Unirse en sociedad es una necesidad vital. La visión del ser humano desgajado, unido a los demás exclusivamente por beneficio material es errónea. "Todos los miembros de la sociedad humana necesitan de la asistencia de los demás y de igual forma se hallan expuestos a menoscabos recíprocos. Cuando la ayuda necesaria es mutuamente proporcionada por el amor, la gratitud, la amistad y la estima, la sociedad florece y es feliz". Difícilmente casa esta visión con la idea de que la solución a todos los problemas es que la oferta y la demanda hagan su trabajo. No se pueden separar ética y economía, aunque guiados únicamente por el Adam Smith de La riqueza de las naciones, podamos suponer lo contrario. Por eso es tan necesario, teniendo en cuenta que la doctrina económica del filósofo escocés es la base de las políticas económicas que propugnan muchos partidos políticos y que han llevado a cabo estando en el poder, mostrar el reverso de la moneda. Y es el proceso que Amartya Sen, premio nobel de economía en 1998, ha intentado llevar a cabo. En su trabajo Qué impacto puede tener la ética presentado en el Seminario Internacional “Ética y Desarrollo”, Banco Interamericano de Desarrollo, 2003, Sen aseguraba que “es seguro que el tratar de resolver las relaciones comerciales y económicas globales sin atender simultáneamente los aspectos de equidad y trato justo a nivel global se topará con problemas de consideración”. Y esos problemas de consideración, son el colapso y fracaso de las políticas económicas.