Este viaje por los retratos de la familia real española, nos brinda la oportunidad de conocer la imagen reflejada por la monarquía desde el siglo XVII al XIX.

Hasta finales del siglo XIX, cuando aún no existe la fotografía y la pintura y la escultura eran los únicos modos de reflejar visualmente la realidad, el retrato pictórico se convirtió en una poderosa arma de propaganda política y el pintor de cámara en una persona muy influyente dentro de la Corte. Lo fueron los tres, Velázquez, Van Lou y Goya, y por ello estuvieron encargados de pintar a los miembros de la familia reinante.

Si los retratos de la figura del rey reflejaban la encarnación de la monarquía, los de la familia real trasmitían la continuidad y fortaleza de la dinastía. Al estar representados en ellos los reyes con su descendencia, se trasmite al espectador el mensaje de una familia orgullosa de su estirpe. Los retratos se convierten así en un árbol genealógico visual del linaje real.

Los ropajes y el entorno pictórico son un personaje más en los cuadros que pretenden magnificar el prestigio que otorga una imagen oficial.

“Las Meninas” de Diego Velázquez

Fue realizado en 1656, y aparece denominado por primera vez como "Las Meninas" en un catálogo del Museo del Prado de 1843. Era una clara alusión a las doncellas de las infantas que recibían este nombre, derivado del término portugués utilizado para las damas de poca edad que servían en la Corte. En realidad, el cuadro se denominó al principio "La familia", expresión que incluía no sólo a los reyes y a su hija, sino también al personal doméstico que les servía.

Según la opinión más generalizada, la escena representa la entrada de la Infanta Margarita de Austria, que entonces contaba 5 años de edad, en el estudio del pintor cuando éste realiza un cuadro de los reyes, doña Mariana de Austria y Felipe IV, que aparecen reflejados en un espejo al fondo de la pintura.

En el cuadro aparecen también junto a la infanta, las “meninas” María Agustina Sarmiento -con un prendedor en forma de mariposa en su cabello- e Isabel de Velasco, junto a Maribárbola y el bufón Nicolasito Pertusato, ambos criados en la Corte. Tras ellos, el “guardadamas” Diego de Azcona y doña Marcela de Ulloa, que viste toca de viuda. El personaje que aparece junto a la puerta del fondo ha sido identificado con José Nieto Velázquez, aposentador real, y apellidado igual que el pintor del cuadro aunque no era familiar suyo.

La escena se sitúa en el cuarto bajo del príncipe Baltasar Carlos en el Alcázar de Madrid, y que a su muerte fue utilizado como taller por los pintores del rey. Sorprende que precisamente uno de ellos, el mismo Velázquez, se incluyera pintando, lo cual confiere a toda la obra una dimensión especial.

Es precisamente la situación del pintor en un primer plano, la de los reyes en el espejo y la del aposentador real al fondo, lo que dota al cuadro de esa profundidad tan admirada en la pintura barroca.

Fue una de las pocas obras de arte que se salvó del incendio del Alcázar madrileño en 1734. Según los historiadores apareció casi 40 años después en un comedor del Palacio Real, y fue incluido en el catálogo del Museo del Prado en 1819.

“La familia de Felipe V” de Louis Michel van Loo

En comparación con otros retratos cortesanos, esta obra de Van Loo puede ser definida como efectista y alejada de la realidad. La escena, representada sobre un suelo de mármol con dibujos geométricos, crea una óptica especial, y el interior arquitectónico donde se ubica, recuerda a un escenario artificial ausente de toda naturalidad. Para Juan J. Luna, esta pintura tiene “la teatralidad oficial del momento histórico en que se ejecuta” (“La familia de Felipe V”, Madrid, 1980, p. 156).

Efectivamente, el pintor retrató a los miembros de la familia real en un entorno artificial y en actitudes y posturas poco naturales. No es la espontaneidad lo que pretende trasmitir con su obra el artista, sino el esplendor, la grandeza y la pompa de la realeza.

A este falso ambiente contribuye la caída de la cortina del fondo del cuadro y la balconada donde tocan unos músicos cuya interpretación parecen escuchar los miembros de la familia real.

Esta pintura se realizó en 1743 y actualmente se conserva en Museo del Prado.

“La familia de Carlos IV” de Francisco de Goya

Se comenzó a pintar en la primavera del año 1800 y el artista utilizó para su elaboración estudios y bocetos preparatorios que facilitaron su composición final, posiblemente realizada con maniquíes.

Al ser una obra de gran calidad artística y profundo estudio de sus personajes, ha sido comparada con "Las Meninas”, pues ambas se sitúan en un interior palaciego y cuentan con un autorretrato del artista. Sin embargo, el diferente estilo de ambos artistas ofrece resultados bien distintos.

Goya realiza una obra de pincelada suelta y una composición cerrada en la que los personajes del cuadro se hallan en actitud de retrato, alineados como en un friso clásico y de frente al espectador, que no advierte la profundidad hallada en la obra velazqueña, pues en este caso el muro del fondo lo impide.

En esta pintura se distinguen tres grupos: el situado más a la izquierda estaría protagonizado por el aún príncipe de Asturias, Fernando; el central, cuya figura principal sería la Reina María Luisa de Parma rodeada de sus hijos menores y el grupo encabezado por el rey, el más iluminado de los tres.

Esta obra aparece en el catálogo de Palacio Real de Madrid desde 1814 y 10 años después en la colección del Museo del Prado.

Un mismo tema y tres ópticas distintas: Velázquez realiza un cuadro intimista; Goya refleja la Corte española en la Ilustración y Van Loo plasma la majestuosidad de la monarquía.