Morelia es la capital de Michocán, un estado del centro de México, que es visitado por turistas nacionales y extranjeros, durante las fechas del 1 y 2 de noviembre, debido a que en el cementerio de la isla de Janitzio se muestra un homenaje emotivo e impresionante a sus muertos; pero sus tradiciones, tienen que ver con las culturas prehispánicas que florecieron en estado, cuya capital para los antiguos pobladores indígenas era Guayangareo.

Origen e historia del pueblo purépecha

El pueblo purépecha o tarasco, tuvo su origen en Michoacán para después extenderse por Guerrero, Jalisco y Guanajuato. Es peculiar esta cultura porque su lengua no se encuentra ligada a ninguna otra de Mesoamérica y fueron los únicos que fabricaron armas metálicas. Existe la teoría de que en realidad los purépechas venían del continente americano, ya que se han encontrado similitudes entre el purépecha y el witum de Estados Unidos.

Los tarascos se asentaron en las montañas cercanas al lago de Pátzcuaro a principios del siglo XII, mezclándose con otros habitantes de este lugar que eran agricultores y pescadores, conocidos como "isleños".

El nombre de tarasco, fue dado por los españoles, ya que los jefes purépechas llamaban "tarasco" (que significa "cuñado") a sus amigos, pero en realidad su nombre adoptado por ellos mismos -y hasta la fecha por el que se sienten orgullosos-, es el de purépechas.

En un principio la migración de los purépechas, no fue considerada del todo positiva por los isleños, quienes los llamaron "chichimecas" como una forma despectiva de decir que eran guerreros, nómadas, es decir, no civilizados.

Finalmente los recién llegados logran ser aceptados por los isleños y hacen alianzas con otros grupos ubicados en la periferia. Pátzcuaro era como un lugar de recreo para los grandes jefes purépechas, quienes tenían su capital en Tzintzuntzan -nombre que significa "lugar de colibríes"-.

Carácter aguerrido, costumbres y religión

Gracias a su carácter aguerrido los tarascos detuvieron con éxito el avance del ejército azteca a sus tierras pero siempre existió cierta rivalidad con el pueblo mexica hasta la llegada de los españoles, incluso se cuenta que cuando gobernaba Tangoaxan II se negó a aliarse con los aztecas para pelear contra los europeos.

Con el transcurso de los años, los purépechas lograron expandir sus redes comerciales, intercambiando miel, sal, copal, etc., con zonas muy distantes. De hecho, se han encontrado caracoles de mar y objetos tallados en piedra de zonas muy lejanas como los Estados Unidos y Centroamérica.

Los purépechas rendían culto al dios Curicaveri, relacionado con el Sol y el fuego y a Cueravaperi, diosa de la naturaleza. El gobernador representaba al propio dios Curicaveri y en su religión los purépechas concebían la existencia de tres mundos:

  1. El mundo de los muertos Cumánchecuaro situado bajo Tierra.
  2. El mundo de los vivos Echerendu situado en la superficie de la Tierra.
  3. El mundo de los dioses engendradores Aúandarhu situado en el cielo.
Aportaciones artesanales y arquitectónicas

Los objetos metálicos que producían los elaboraban con materiales como el oro, la plata, el cobre y otros metales, fabricando desde armas hasta anzuelos; en la antigua capital tarasca Tzintzuntzán, se han descubierto objetos finamente trabajados con técnicas de repujado y la filigrana, además de diversos objetos ceremoniales.

Los yácatas (palabra purépecha que significa "amotonamiento de piedras"), fueron elementos arquitéctonicos creados por los purépechas con piedra suelta y revestidos de lajas unidas con arcilla, que sirvieron de residencias y templos funerarios de sus gobernantes. Se trataban de templos circulares y escalonados con cinco niveles en cuyo alrededor se ubicaban los palacios de los nobles. Los templos funerarios no eran templos cerrados ya que se permitía que los cadáveres fueran visitados.

No fue un pueblo que desarrolló la escritura. Sin embargo, su literatura se conoce gracias a la tradición oral, con leyendas diversas que hasta hoy persisten gracias a que fueron transmitidas oralmente generación tras generación.