No resulta fácil encontrar textos de ficción sobre el País Vasco, con la violencia etarra como telón de fondo, escritos con tanta calidad, honestidad y hondura. Aramburu esperó hasta saberse en su madurez como escritor para escribir estos diez cuentos que, dijo en alguna entrevista, le salieron del tirón y le llevó dos años y medio escribir y pulir hasta el grado de perfección ofrecido finalmente.

Los personajes

Como todo gran escritor, Aramburu perfila cada uno de sus personajes con trazos breves y sencillos, apenas esbozados, pero que les insuflan un latido propio y doliente. Con gran generosidad, da voz a aquellos que por lo general no la tienen, inmortalizando para siempre sus palabras, que, en el marco de esta obra, alcanzan la altura y el peso que pocos habrían sabido conferirles.

Literatura regional

Cuando se habla de literatura regional, por desgracia se habla habitualmente de literatura de color local o nacionalista, confundiendo superficie con profundidad y una parte por el todo o por el todo puro y auténtico. Pretender describir una tierra atendiendo a los deportes rurales, fiestas patronales, vestimentas típicas, expresiones coloristas, pintoresquismo, como hacen muchos, es quedarse en lo anecdótico, en la superficie. Y resulta además falaz pues, en el caso del País Vasco por ejemplo, lo mismo que son vascos los aldeanos a los que les gusta la pelota a mano y cortan leña con el hacha, también lo son los chavales que visten de marca y van a discotecas, los bilbaínos burgueses que no hablan una palabra de euskera o el tipo que tiene una farmacia. Entrar en si unos son más vascos que otros sería enfangarse en la idiotez nacionalista.

Decía Ernesto Sabato que cuando una ficción es profunda, automáticamente es nacional, pues la profundidad siempre va ligada de alguna manera a la infancia y a la patria. Y podría añadírsele, en consecuencia, universal. Por eso dijo también Tolstoi que quien describiera su aldea describiría el mundo.

Los peces de la amargura es un libro profundamente vasco. Cualquiera que conozca el País Vasco podrá reconocer —y conmoverse o indignarse con ellos— a buena parte de los personajes del libro. Pero su grandeza radica en que, siendo un texto tan arraigado a su tierra, uno tiene la sensación de que por su ambición la trasciende y podría ser leído y comprendido igualmente por un nigeriano o un ruso.

Algunos cuentos

Aunque todos los cuentos sean notables, quizá el mejor cuento sea el primero, que da título a la colección. En él un hombre derrotado y simple va explicando los estragos causados por un atentado que alcanzó casualmente a su hija, inutilizándole una pierna.

Otro cuento remarcable es Informe desde Creta, donde se retrata a un hombre traumatizado tras el asesinato de su padre en su presencia, cuando niño, y que se enamora de una compañera de trabajo. La relación entre los dos protagonistas tiene un aire a la de Ingrid Bergman y Gregory Peck en la película Recuerda, y está planteada a la manera de un cuento de hadas: es la historia de un hombre que se encuentra encadenado bajo el hechizo del odio; pero, cuando triunfa el amor, se rompe el maleficio.

Hay otro cuento, uno de los más anodinos en apariencia, pero que acaso sea el más desolador de todos. Se titula La colcha quemada, y es un retrato brutal de la miseria moral y la cobardía, acaso más terrible porque retrata un perfil de persona profusamente extendido por el País Vasco, y en el que cualquiera podríamos reconocernos en mayor o menor medida.

Sobre la ficción

Dijo Arturo Pérez-Reverte en un artículo que Los peces de la amargura valía más que cualquier estudio, declaración de político, ensayo o reportaje sobre el País Vasco. Podría ser. Mientras que algunos rebuscan lisonjeramente en su propio ombligo, para seguir tan perdidos como al principio y alumbrar cuestiones que a nadie interesan ni conmueven, Aramburu se busca a sí mismo tratando de meterse en la piel de los demás. Mientras que algunos promueven y explotan la confusión y las pretendidas diferencias —rentabilidad que persiguen para ellos a costa de penurias para la mayoría—, de una ficción excepcional como esta acaso puedan surgir la empatía, la comprensión y la lucidez.