Actualmente en Argentina y dentro de las familias correspondientes a sectores de clase media aparece, en alto porcentaje, la tardía emancipación de los hijos.

Es así, que los jóvenes dejan la casa familiar avanzada su juventud, en otras situaciones la habitan toda su vida.

La comodidad de la casa familiar

Los jóvenes, se encuentran en muchos casos frente a la imposibilidad de realizar un despegue, esta cuestión se debe a policausales, las mismas se relacionan entre otras con:

· La imposibilidad de sostén económico viable por parte de los jóvenes para cubrir las necesidades básicas, debido a la crisis económica.

· Prolongación de la adolescencia.

· La comodidad que tienen a través del cuidado y ayuda de sus padres, que en cierta forma mantienen situaciones de codependencia.

· Imposibilidad de independizarse por cuestiones relativas a miedos tempranos no superados.

· La necesidad de los padres de mantener la dependencia.

El síndrome del nido vacío

Cuando los hijos se preparan para partir de la casa materna ya sea para casarse, vivir en pareja o simplemente vivir solos, se produce una crisis en los padres que por lo general, es definida como el “síndrome del nido vacío”.

Esta cuestión en el caso de que la relación vincular sea muy buena, produce en los padres la sensación de final, de desgarramiento, de profunda soledad, de haber perdido su proyecto.

Los padres en muchos casos, tienen incorporado un peculiar sentido de propiedad con relación a los hijos porque los cuidaron, los protegieron, los educaron, es como que esto reafirma la propiedad sobre ellos.

Si bien, a nivel consciente, saben que sus hijos deben independizarse y que en algún momento harán su proyecto, es como que inconscientemente pugnan para que ese momento no llegue.

Los padres frente a la ausencia

El desprendimiento de los hijos del seno familiar marca en los pregenitores, en cierta forma la entrada a la tercera edad, y habilita a generar una angustia tal, que se vive, en muchos casos como vacío, desesperanza, recorrer la casa grande que les parece más grande y cargada de ausencia, surgiendo sensaciones relativas al término de su proyecto de vida.

Frente a estos sentimientos y sensaciones, debe pensarse en instalar la idea de comenzar una nueva etapa, comenzando a delinear un proyecto.

Un proyecto que tienda hacia elecciones que generen un espacio propio, en donde nuevamente tendrán que aprender, en cierta forma, a estar con ellos mismos, cuestión que hasta que los hijos habitaban la casa no sucedía, dado que todo giraba en función de los intereses del grupo familiar.

La nueva situación de los padres genera angustia, si las parejas no han tenido buena relación, es posible una separación, en otros casos afianza el vínculo y posibilita una nueva visión de la unión.

Con relación a las situaciones de madres solas, la sensación de vacío se agudiza, ya que si ellas priorizaron su vida en torno al hijo, la partida genera mayor angustia y aparece la sensación de duelo por la pérdida.

Los sentimientos de vacío de soledad generan angustia, la misma puede tender a la depresión, por lo que es aconsejable el inicio de tratamiento profesional.

El estado generado por la situación paulatinamente va cediendo. Es importante que los padres logren generar un proyecto propio.

A su vez, la comunicación y diálogo de padres e hijos, es fundamental dado que esta nueva etapa necesita también del acompañamiento, en donde ese otro (el hijo) necesitará, aunque no lo exprese, saber que es apoyado en la decisión, y que si bien ya actúa como adulto, puede contar con el soporte y la escucha de sus padres.