Según uno de los antiguos mitos de la historia; atribuido a un pueblo mesopotámico, los Sumerios; los dos ríos que aseguraban la vida, Tigris y Éufrates, eran una producción del miembro erecto del dios Enki. Los antiguos egipcios atribuían a los genitales masculinos un rol aún más importante: el dios creador, Atum, decía que había creado el universo con una masturbación divina. Y así, masturbándose, fue representado en una estatua del período arcaico.

El pene y la vagina en el arte

La representación artística del pene y la vagina ha tenido períodos de gran popularidad, que se alternaron con largas ausencias. La historia del arte; desde los menhires, monolitos verticales de forma fálica; hasta las incisiones eróticas del pintor español Pablo Picasso, habla de los órganos sexuales.

La más antigua representación del pene data de 28 mil años, con medidas aproximadas a las reales, se discute aún si se utilizaba como potente utensilio para picar piedras o como juguete erótico. Estatuas con la vulva son las primas formas de escultura en la historia de la humanidad.

Representación artística de los órganos genitales femeninos

El desnudo femenino ha estado menos presente en el arte que los atributos masculinos. La vagina, después de haber estado muy visible en las estatuillas prehistóricas y en los frescos romanos de Pompeya, desaparece por siglos, sobre todo en el Medioevo, período que en Europa se impone la censura de la iglesia.

El órgano sexual femenino reaparece en el Renacimiento en una especie de Kamasutra: en Los Modos de Marcantonio Raimondi se destaca en algunas posiciones eróticas. Mientras que en Occidente, por siglos, nadie se atrevió a reproducir detalles de la vagina, en Japón algunos de los mayores artistas como Katsushika Hokusai y Kitagawa Utamaro, la ponen en evidencia y detalladamente. En Europa esto sucederá a fines del ‘800, cuando el pintor francés Gustave Coubert escandalizó a los moralistas con El origen del mundo.

Hoy, una de las estrellas del arte contemporáneo, el artista neocelandés Hazel Dooney, expone genitales femeninos en estilo Pop Art. Hay una inversión en el sentido del pudor: son las “joyas indiscretas”, como llamó el filósofo francés Denis Diderot a los genitales masculinos, las que hoy son menos representadas en el arte, pasando a un segundo plano.

Los desnudos masculinos en el arte

Los atributos masculinos eran diseñados con precisión en la antigua Grecia. Los bronces de Riace eran héroes con órganos sexuales en evidencia que simbolizaban fuerza y virilidad. Los romanos daban amplio espacio al pene en las pinturas eróticas de Pompeya y en las decoraciones de las villas como símbolo de poder. Era un órgano tan importante, que sus dimensiones constituían un requisito para hacer carrera en el ejército y en la guerra se lanzaban proyectiles de plomo que apuntaban a los órganos sexuales.

En el Medioevo el desnudo solo fue usado para representar a Adán y Eva, símbolo de la vergüenza causada por el desnudo y a menudo cubierto con hojas. En el Renacimiento el hombre volvió a ser el centro del universo y el pene reaparece en la escultura y la pintura, como en el David de Miguel Ángel. El desnudo masculino era más común que el femenino. Nace el interés por la anatomía con representaciones realísticas como el Hombre vitruviano de Leonardo Da Vinci. En los siglos sucesivos, los órganos masculinos quedan relegados a un segundo plano, dando más espacio a las partes femeninas. Los genitales masculinos, salvo pocas excepciones, como los cuerpos deformes de Francis Bacon y las fotos de Robert Mapplethorpe, quedan escondidos.

La representación y el significado de los órganos sexuales del hombre y la mujer han sido distintos en cada cultura y en cada época de la civilización humana.