Con sus 300 mil habitantes, Koriyama, en la prefectura de Fukushima, es parte de un Japón provincial casi invisible. No existe la alegría de Osaka, ni el esplendor de Kyoto, no hay una riqueza material y cultural como en Tokio: es un pequeño centro industrial que trabaja y que, no obstante sus edificios modernos, las actividades están ligadas a la tierra. Es una región agrícola, conocida por el arroz y la fruta (especialmente la pera).

El día del desastre nuclear

El 11 de marzo de 2011 llegaron el terremoto, el tsunami y la destrucción de la central nuclear de Fukushima, Daiichi. El terremoto en Koriyama causó solo un muerto, aunque los daños fueron enormes. La mayor parte de las casas dañadas han sido demolidas, se ven aún edificios cubiertos de plástico que esperan ser reparados y con un cartel que dice “inspeccionado”; si es de color verde, la construcción se salvará, mientras que el color rojo indica que será demolido.

Lo más grave para Koriyama es estar a 50 kilómetros de la central atómica de Fukushima, fuera del radio de evacuación obligatoria y de la zona más peligrosa, pero en un territorio cubierto de “puntos calientes”. Las radiaciones son más altas de lo debido y no hay información disponible. Koriyama recibió a 2.000 personas que habitaban cerca de la central y que ahora viven en largas hileras de casas blancas prefabricadas.

Cómo viven los niños en Koriyama, después del accidente nuclear

Hoy, los niveles de radiación no deberían presentar riesgo para la salud de los adultos, pero los niños son más sensibles a la radioactividad y deben ser protegidos. Durante el verano, los campos de juegos de las escuelas fueron “pulverizados” para poder sacar la parte más superficial del suelo que contenía material radioactivo. La tierra hecha polvo fue puesta en un ángulo, cubierta por gruesos plásticos, y sigue a la espera de que alguien resuelva qué hacer con ella.

Los niños de Koriyama tienen autorización para jugar al aire libre solo una hora por día. Tomoko Sakuta, madre y maestra, explica que cada mañana, antes de llevar a su hija al colegio, miraba la televisión para conocer el nivel de las radiaciones. Hasta los 10 años, los niños tienen que ir a la escuela con mascarilla para evitar la inhalación de partículas radioactivas que podrían interferir en su desarrollo. Las madres de Koriyama indican a sus hijos que no se pueden tocar ni las plantas ni la tierra y que no deben acercarse al lago.

Qué ha hecho la prefectura de Fukushima

Para intentar calmar a la población, la prefectura de Fukushima organizó durante el verano encuentros entre médicos y padres para explicar lo que había sucedido y sus posibles consecuencias. Especial atención merece la alimentación, el agua de las canillas no se puede beber y según lo que diga el periódico se evita un alimento u otro. Los agricultores de la zona, en los cuales todos confiaban, ahora se encuentran en bancarrota.

En Yokohama se ha formado un grupo de madres que se oponen a la presencia de alimentos de Fukushima en los comedores escolares. Por ahora, la escuela y el ministerio de Educación parecen indiferentes a los pedidos. La Asociación de Madres de Yokohama dice que no pueden ser los niños y sus madres los que se preocupen por los réditos de los agricultores. Por ahora, el gobierno no está escuchando.