Los mendigos conocidos como "niños rata" y luego como los hombres “cabeza de rata" tienen en Pakistán una extraña consideración mezcla de supersticiones y de raíces religiosas. Para algunas personas son casi divinidades o encarnaciones de espíritus benéficos y creen que al darles limosna alcanzarán sus deseos de prosperidad, lograrán la curación de sus enfermedades o estarán a salvo de los "males de ojo".

Una tradición horrible

Esta irracional creencia está siendo mezquinamente aprovechada por las mafias de Pakistán dedicadas a la explotación de personas como esclavos de la mendicidad. En un principio los mendigos con microcefalia respondían a la coincidencia de dos desgracias: una, nacer con esa malformación y otra, hacerlo en una de las zonas más pobres y marginadas de la región de Lahore (Pakistán).

Para los padres de estos niños era imposible no sólo su manutención sino proporcionales el cuidado especial que necesitaban. La solución la encontraban abandonando a los bebés a las puertas del templo de Shah Daula, en la localidad de Gujrat, pues la creencia popular era que esos niños eran los protegidos del místico sufí que está enterrado en el santuario.

Aparatos medievales para reducirles el cráneo

Muchos de estos pequeños, una vez criados por los celadores del templo, cuando apenas comienzan a andar, vestidos con túnicas verdes (el color sagrado del Islam), pululan por las inmediaciones del templo y las calles de la ciudad, recordando y exigiendo, al agitar sus urnas de madera, que el devoto islámico está obligado a dar limosna; además, existe entre los fieles al santuario la idea de que beneficiarles a ellos, a los “cabeza de rata”, con gran generosidad, proporciona al benefactor la bendición del santo sufí.

Hasta hace una década las autoridades pakistaníes habían tolerado esta práctica, incluso la defendían de las críticas extranjeras y respaldaban a los responsables de esa especie de “templo y centro de acogida” porque consideraban que formaba parte de la religiosidad de la región del país. Pero el mito encierra una horrible práctica que parece por fin demostrada. Ante la necesidad de las mafias que controlan el negocio de la limosna de aumentar su plantilla de mendigos, han llegado a secuestrar bebés sanos a los que han deformado la cabeza con aparatos de tortura medievales.

El origen del mito, sus posibles causas

Estudios médicos en la zona, alejados de las supersticiones místicas, llegaron a conclusiones relacionadas con la costumbre muy habitual en Gujrat de casarse entre primos hermanos, dando esa “endogamia extrema” de siglos el aumento de casos de nacimientos con microcefalia. Sin embargo, el estudio de las posibles causas no ha frenado esa actividad infrahumana de mendicidad.

El gobierno de Islamabad prohibió esas prácticas, considerando que atentaban contra el verdadero sentido de justicia humana que predica el Islam. En todas las religiones se encuentra el precepto de ayuda al necesitado, al mendigo, relacionado con la bondad y caridad que debe existir en el creyente. Las puertas de las catedrales cristianas siguen teniendo mendicantes. No obstante, el mito de la “santidad” de los “niños ratas” estaba tan arraigado que esa inhumana explotación infantil ha seguido y sigue en las calles.

Acciones para la esperanza

Erradicar esta costumbre tan apegada al misticismo sufí y a las tradiciones populares de la localidad será muy complicado. Los niños con microcefalia (incluso bebés sanos) muchas veces no eran abandonados por sus progenitores sino que eran vendidos a un precio miserable a estos mafiosos de la mendicidad debido a su extrema pobreza. Es decir, formaban parte de la cadena del inhumano negocio. Eran los primeros en obtener dinero a costa de esos discapacitados.

Varias ONG encargadas de denunciar la explotación y abuso del menor y, sobre todo, la acción decidida de Pir Nasiruddaula, curiosamente uno de los descendientes del santo sufí enterrado en el templo, están consiguiendo éxitos para acabar con esta costumbre indigna, haciendo pedagogía entre las familias para que no vendan a sus hijos y consiguiéndoles recursos económicos para que puedan sacarles adelante. Una vez más el origen del problema, la pobreza, es también su solución. Sin pobreza no habría “niños rata” mendigando.