La ciudad de Tárraco nació a partir del asentamiento militar que establecieron los hermanos Escipión, para que sus tropas pasaran el invierno. Tarragona es obra de Escipión, Scipionum Opus, como reza la inscripción de la entrad a del Museo Arqueológico de Tarragona.

En los siglos I y II el asentamiento se había convertido en una ciudad. Cuando ésta incrementó su número de habitantes, Roma decidió que debían construirse en Tárraco edificios que la identificaran como una capital de primer orden: el templo, el circo, el anfiteatro y el fórum, todos ellos rodeados por una muralla que era garante de defensa y protección.

Los romanos se toparon con el cometido de monumentalizar una ciudad con un gran desnivel entre la parte más alta y la más baja. Así pues, los arquitectos romanos aplicaron un ingenioso método a base de terrazas para resolver el problema. En la parte alta construyeron el templo dedicado al culto imperial; en la segunda terraza ubicaron el fórum provincial y en la tercera y más baja, el circo. Las tres formaban la sede del Conciclium Provinciae Hispaniae Citerioris.

La catedral

El espacio en el cual se levanta la catedral de Tarragona es el punto más elevado de la ciudad, construída sobre los cimientos del templo, dedicado a Júpiter-Ammón. También se han encontrado evidencias de la construcción de un ara dedicada al emperador Augusto, divinizado en vida.

El circo

Entre los años 89 y 96 dC, siendo Domiciano el emperador de Roma, se construyó el circo de Tárraco, situado en la segunda terraza de la ciudad. El circo medía 325 metros de largo y 115 de ancho. Aún hoy puede verse su alcance desde la cabezera hasta el edificio del ayuntamiento, trazando un recorrido en línea recta.

La gente asistía al circo para ver las carreras de cuádrigas y de bigas. Se conocen los nombres de dos aurigas que se hicieron famosos tras consiguir el éxito en el circo de Tárraco: Eutiches y Fuscus.

Las murallas de Tarragona

A pesar de no haberse encontrado ninguna evidencia arqueológica sobre las características del poblado ibérico de Tarrakon, su existencia es indiscutible por parte de los arqueólogos. La llegada de los romanos significó el nacimiento de Tárraco. El punto de arranque de la ciudad fue la muralla, que separaba el interior de la ciudad del campo abierto. La parte más antigua está fechada a finales del siglo III aC.

La muralla tiene 6 metros de altura por 4 de ancho. Está compuesta por grandes bloques de piedra de forma poligonal, llamados megalitos. A lo largo de su perímetro pueden verse distintas torres: la dedicada a la diosa Minerva, la del Seminario, la del Arzobispo y la del Fortín Negro.

Entre los años 150 y 100 aC se construyó una segunda fase de muralla para reforzar la primera. El Paseo Arqueológico es el espacio que alcanza la parte interior de la muralla y es a la vez, un museo arqueológico al aire libre.

Fórum de la Colonia

Tárraco disponía de un espacio explícito para el trato de los asuntos públicos: el Fórum de la Colonia. En este espacio se llevaban a cabo todas las acciones concernientes a la administración política y económica de la ciudad y también funcionaba como mercado público local, en el siglo I dC. De la construccion original se conserva una parte cubierta, correspondiente a la basílica.

El anfiteatro

Fuera de las murallas, los romanos construyeron el anfiteatro en el suburbio extramuros oriental, en el siglo II dC. El edificio tiene forma elíptica y mide 130 metros de este a oeste y 102 de norte a sur. La estructura de gradas está sostenida por un sistema de vueltas excavadas sobre la roca.

En la arena del anfiteatro se realizaban espectáculos de diversa categoría como luchas de gladiadores, de fieras y también sufrieron aquí su martirio el obispo Fructuoso y sus diáconos Eulogio y Augurio, según consta en las actas fechadas en el 259 dC. El martirio de estos tres santos motivó que sobre la arena del anfiteatro se levantase en el siglo VI, una iglesia visigótica en su recuerdo.

El acueducto romano, el Pont del Diable

Una ciudad como Tárraco precisaba grandes cantidades de agua potable para el consumo de sus ciudadanos, sanear la ciudad a través de una red de desagües, baños, termas y fuentes públicas. El curso de agua más cercano es el del río Francolí, de forma que construyeron un acueducto para llevar el caudal preciso hasta la ciudad.

El acueducto está construído sobre dos filas de arcos, que se extienden sobre el barranco que salva la estructura. Mide 273 metros de largo y está formado por 25 arcos en la fila superior y 11 en la inferior.

De paseo por Tarragona

El visitante que vaya a Tarragona podrá ver estos y otros monumentos, y también edificios de época moderna. Aunque cualquier excusa es buena para perderse por esta ciudad, a orillas del Mediterráneo.