¿Por qué hay estrellas en el cielo?, ¿por qué algunas de ellas configuran esas curiosas formas? ¿Quién creó a los animales… y al hombre? Estas y otras muchas son cuestiones que el ser humano lleva preguntándose desde que tiene conciencia de sí mismo. La asociación en los mitos griegos de diversos fenómenos que resultaban inexplicables, con seres más cercanos y conocidos como los animales, permitían a los antiguos griegos dar un sentido a determinadas manifestaciones de la naturaleza.

Tal y como se comentó en el artículo “Los animales en la mitología griega”, la aparición de animales en los mitos griegos es constante y muy numerosa, lo que puede dar una idea del importante carácter simbólico de la naturaleza en este sistema mitológico. El mito sobre el origen de los animales y del hombre, o los de la aparición de las constelaciones celestes son buenos ejemplos.

El mito del origen de los animales

Los griegos poseían mitos que explicaban la creación de todo el universo, y no podía faltar un mito que explicara la presencia de los animales, y del hombre, sobre la Tierra: Zeus encargó la tarea de crear a los seres vivos a dos titanes, Prometeo y su hermano Epimeteo, cuyos nombres significan, respectivamente, “previsor” e “imprevisor”.

Ambos tenían a su disposición un cierto número de cualidades que debían repartir entre todos los seres que se les había encomendado crear. Dado su carácter, Epimeteo se puso manos a la obra sin reflexionar y creó a los animales, entre los que repartió generosamente todas las cualidades que los dos hermanos tenían para distribuir.

Así, dotó a los animales de dones como la fuerza, la velocidad, la astucia y todo tipo de atributos de defensa o de ataque, de tal modo que la reserva de cualidades prácticamente estaba agotada cuando quiso empezar a crear a los hombres. De esta suerte, Prometeo tuvo que encargarse de reparar, en lo posible, la imprevisión de su hermano. Para ello tuvo que robar a los dioses el fuego celeste y entregárselo a los hombres, único medio de paliar la inferioridad física a la que los humanos parecían abocados respecto de las bestias.

La fauna del firmamento en la mitológía griega

Según la mitología griega, numerosas bestias fueron elevadas a los cielos por el buen servicio prestado a dioses y héroes; así, diversas constelaciones y otros cuerpos celestes recibieron su nombre. La mayoría de aquellos nombres perviven hasta nuestros días.

Cáncer

La diosa Hera envió un cangrejo divino para enfrentarse a Heracles cuando éste se disponía a realizar uno de sus míticos doce trabajos, el de liquidar a la monstruosa Hidra de Lerna. El cangrejo hirió a Heracles en el pie, pero el héroe pudo acabar con el animal, igual que acabaría con la Hidra. Hera, apenada, decidió inmortalizarlo convirtiéndolo en la constelación de Cáncer o del Cangrejo.

La Osa Mayor

Calisto era una Ninfa de Arcadia que suscitó las pasiones de Zeus. Ella había prometido conservar su virginidad y consagrar su vida a Artemisa, junto a la que pasaba el tiempo cazando en el bosque. Zeus, tomando la forma de Artemisa, consiguió seducir a Calisto. Entonces Artemisa la repudió y la convirtió en una osa que debería vagar por los bosques. Calisto murió en el transcurso de una cacería, pero fue enviada a los cielos, convertida en la constelación de la Osa Mayor.

Leo

La constelación de Leo o del León, está relacionada con el mito grecolatino de la muerte, a manos de Heracles, del terrible león de Nemea, que habría pasado entonces a convertirse en una importante constelación.

Escorpio

Escorpio o escorpión proviene del mito referido a la muerte de Orión, como castigo por su intento de violar a la diosa Artemisa: los dioses enviaron un escorpión que le envenenó al picarle en un pie. A continuación, el animal fue convertido en constelación, y desde entonces se mantiene en el firmamento “persiguiendo” siempre a Orión, convertido a su vez en constelación que persigue a las Pléyades, jóvenes metamorfoseadas en estrellas.

Sagitario

La constelación de Sagitario y su representación en forma de centauro tiene sus orígenes relacionados con el sabio centauro Quirón, preceptor de Aquiles, de Asclepio, de Eneas y de Jasón, que fue herido de forma accidental por Heracles.

Piscis

La constelación de Piscis o de los Peces, y su representación en forma de dos peces que por lo general nadan en dos direcciones opuestas se origina en el mito griego de Afrodita y Eros, los cuales, perseguidos por el gigante Tifón, se arrojaron al río Éufrates, donde se transformaron en peces. La diosa Palas Atenea los trasladó a continuación a las estrellas, y los convirtió en constelación.

Hay otros muchos cuerpos celestes cuyos nombres de animal provienen de la mitología clásica, como Ofiuco (el serpentario), Cetus (la ballena), Aquila (el águila), y un largo etcétera, tal y como se podría apreciar en un planisferio celeste.

La razón frente al caos

La nómina de mitos en los que los animales tienen algún protagonismo resulta inabarcable en un artículo como éste. No obstante, todos estos seres y mitos comparten algo: llevan inscritos las huellas del caos primitivo, de la virulencia de los primeros tiempos del mundo. La presencia de animales en los mitos es recurrente y representa el constante intento del ser humano por entender mejor el origen y naturaleza de las cosas, por dar explicación a lo que considera inexplicable, en definitiva, por poner un poco de orden en el caótico mundo que le rodea.