Los estereotipos son construcciones sociales que los sujetos de una sociedad aprenden de su entorno. El elemento a destacar de los estereotipos es que crean opiniones a nivel social que pueden condicionar comportamientos en los individuos. Los hay de edad, etnia, religión, sexo, etc... Tratándose de una derivación del prejuicio, con todo lo que ello implica.

El niño aprende estos arquetipos a través del proceso de socialización, los interioriza y muchas veces no repara en que se trata de ideas generalizadas de cierto grupo social.

Estereotipos y prejuicios

Seymour-Smith sostiene que un estereotipo puede entenderse como “una imagen de, o una actitud hacia, personas o grupos, basadas no sobre la observación y la experiencia sino sobre ideas preconcebidas”.

El mismo autor define a los prejuicios como “un juicio negativo preconcebido de personas o grupos, basado no en el conocimiento de su conducta real sino sobre imágenes estereotipadas”.

Aplicado a la personalidad de los géneros, es clásico pensar en el hombre y en la mujer como activo/pasiva, dominante/sumisa, en control de sus emociones/neurótica, agresivo/miedosa e inteligente/intuitiva, respectivamente. Pero no son más que prejuicios, ideas preconcebidas que no se pueden aplicar a la totalidad de los individuos.

En los estereotipos de género, sexualidad y género son particularidades complicadas de delimitar. Montesinos alega esto, porque los mismos han sido construidos a partir de la diferencia sexual, es decir, de la anatomía masculina y femenina. Esto es así puesto que la sexualidad masculina es símbolo de virilidad, sin el cual el hombre no sería hombre.

Mitos

Desde la antropología se recopilan como valores masculinos: la autoridad, la competencia, el control sobre sí mismo y sobre otros, la fortaleza, el valor, la violencia, la inteligencia y la racionalidad.

Muchas veces, según el entorno donde los jóvenes se desarrollan, estos mitos son cumplidos a costa de la autenticidad. Sobre todo en el caso de adolescentes, cuando la aprobación del grupo es primordial para sentirse aceptado. Al haber sido conductas aprendidas en la infancia y apropiadas en la juventud, en la actualidad continúan siendo vigentes.

El empeño del feminismo generó lo que tanto necesitaba, su equivalente masculino. Desde la década de los noventa se hizo notar a nivel masivo un movimiento que vela por la dignidad de los hombres, el masculinismo.

Masculinismo

Quién diría que llegaría el día que los mismos hombres cuestionaran su propia conducta. Con la eliminación de la discriminación y los prejuicios, tanto de hombres como de mujeres, en la mira, este movimiento tiene como fin la integración de los géneros a una sociedad igualitaria, sin relaciones de dominación de por medio.

Esta novedosa corriente ideológica se encarga de retroalimentar desde la perspectiva masculina las disconformidades que las feministas han denunciado por décadas. Así, se oficializa la necesidad de crear nuevas formas de relación entre los hombres y las mujeres.

Nuevas relaciones

Ellas ya han redefinido en gran parte su rol en la sociedad, han pasado de amas de casa a jefas con personal a cargo. Ellos, poco a poco, se van integrando en la vida doméstica y dejan de sentir que su masculinidad depende de proveer sustento económico.

Los teóricos de la especialidad acuerdan en que es imperante que las próximas estructuras simbólicas de la masculinidad y de la femineidad estén compuestas por rasgos positivos de ambas partes, y que rechacen las identidades tradicionales.

Es un hecho, no se puede llegar a la igualdad desde un solo punto de vista.