En la Rusia que ha descubierto la inmutabilidad del ministro Putin, los jóvenes en rebeldía representan el único posible desafío a un poder total y sin fin. Los políticos opositores han visto como una condena para sus esperanzas la decisión de Putin para candidatearse por un mandato de seis años en el Kremlin. Ricos emprendedores y muchos intelectuales quedaron desconcertados frente al paso atrás del presidente Dmitri Medvedev y su apertura democrática. Un desconsolado Mikhail Gorbachov admite que los rusos están en un camino ciego.

Los jóvenes rusos en rebeldía

Los defensores de las pequeñas grandes causas llevan adelante una batalla personal, con seguidores cada vez más numerosos que el gobierno comienza a temer. Son un ejército invisible de miles de sostenedores que comunican, debaten y se organizan en Facebook, blogs y la red social más difundida en Rusia, la Vkontakte (en contacto). Se están difundiendo asociaciones y movimientos que apuntan a los problemas simples, de todos los días. Es más bien una política básica, de cuestiones prácticas y seguida por voluntarios dispuestos a todo.

Qué hace la generación anti-Putin

Puede suceder que operarios que se presenten a destruir una franja de árboles de Khimki para construir una nueva pista del aeropuerto internacional de Sheremetevo, se encuentren circundados por miles de personas que bloquean sus camiones e impiden realizar el trabajo. También puede suceder que se presenten en la policía jóvenes del grupo Far, movimiento de los automovilistas rusos, que reclaman lo prometido por Medvedev: frenar los súper poderes y la arrogancia de los coches de los políticos y oligarcas. De todas maneras, aun sin ayuda, los jóvenes actúan por sí solos: telecámaras y medidores de velocidad que revelan las infracciones al código de tránsito cometidas por vehículos del Estado. Fotografías, números de patentes y nombres de los ilustres pasajeros son entregados al juez y, sobre todo, ofrecidos a los periódicos y difundidos en la red.

El joven más peligroso, en Internet

Aleksej Navalnyj, el que se define como “combatiente Internet” desde hace tres años combate la crisis administrativa del gobierno. En su sitio Rospil (un juego de palabras que podría traducirse como Rusia corrupta), publica detalles de cada financiación pública e invita a su público a que se interiorice e indague. Algunos datos públicos son escandalosos, como por ejemplo los 150 mil euros para diseñar un sitio oficial web del teatro Bolshoi. Como si fuera un programa de televisión de preguntas y respuestas, el joven ruso muestra una cifra de dinero gastada por el Estado en forma evidentemente ilegal, una especie de jackpot de la corrupción.

A la oficina de Navalnyj, donde trabajan abogados y entusiastas militantes, comienzan a llegar contribuciones voluntarias. “Navalnyj presidente”, tres sitios en la web lo invitan a candidatearse para presidente. Una encuesta demostró que si los números fueran electivos, el joven sería intendente de Moscú. El partido liberal Parnas le ofrece una candidatura a Procurador general. Aleksej dice que la idea de hacer política no lo llama, pero no desmiente nada.

Evgenij Roizman, el joven que lucha por la toxicodependencia

Él sí había aceptado participar en política uniéndose al partido del millonario Prokhorov, más tarde liquidado por un complot interno. Había sido el mismo Prokhorov en elegirlo, teniendo en cuenta su popularidad en la red.

Partidos históricos de la oposición, como el democrático Yabloko o los comunistas del Zjuganov quieren aprovechar la ocasión y han comenzado a cortejar a los nuevos héroes populares. La capacidad que podrían tener para atraer votos, por ahora es desconocida, pero potencialmente enorme.