Para el común de las personas, la langosta Ruspolia differens o el gusano mopani resultarían muy difíciles de aceptar en una mesa. Sin embargo, en África son usados frecuentemente como platos favoritos de mucha gente. Así lo comentan Rod y Ken Preston Mafham en The Natural World of Bugs and Insects. Los citados autores se preguntan si con el constante incremento de la población humana y con grandes porciones de terreno utilizadas para el cultivo y producción de alimentos, los insectos tendrán futuro en la alimentación de las personas.

Si bien los insectos no son ricos en aminoácidos como lo es un bife, éstos pueden ser producidos en forma muy eficiente. Por ejemplo, en América del Norte una hectárea de tierra puede servir de sustento a 100 kilogramos de ganado vacuno. Sin embargo, la misma cantidad de tierra puede mantener a 1.000 kilogramos de insectos, agregan los autores.

Insectos para todos los gustos

P.J. Gullan y P.S. Cranston en The Insects-An Outline of Entomology, presentan una serie de formas en las cuales los insectos son aprovechados como alimento en varias partes del mundo.

Las larvas adultas de Rhynchophorus han tenido gran aceptación en las personas de ciertas regiones de Asia y África durante varios siglos. Éstas proveen una de las más ricas fuentes de grasa animal con considerables cantidades de cinc, hierro, riboflavina y tiamina.

Los habitantes de la República Democrática del Congo, en África Central, se alimentan de orugas de diferentes especies. Éstas poseen un valor calórico alto, su contenido de proteínas está entre el 45% y el 80% y son una fuente importante de hierro. Otros países que incluyen orugas en su alimentación son Botsuana, Sudáfrica, Zimbabue y Namibia.

En Filipinas, los escarabajos pertenecientes a la subfamilia Melolonthinae, las hormigas tejedoras (Oecophylla smaragdina), los grillos topo y las langostas son consumidos en algunas regiones. Estas últimas son un alimento importante durante brotes de violencia.

Las hormigas pote de miel, pertenecientes a los géneros Melophorus y Camponotus, constituyen una fuente importante de azúcar para los aborígenes australianos que habitan regiones áridas. Las obreras especializadas son alimentadas con néctar por otras obreras para luego almacenarlo en sus buches. Este tipo de obreras sirve de fuente de reserva de alimentos para la colonia y regurgitan parte del contenido cuando otra hormiga lo necesita. Los aborígenes suelen hacer excavaciones de un metro de profundidad en busca de estas hormigas. Se calcula que un hormiguero puede proveer más de 100 gramos de esta miel, cuya composición es muy similar a la que se encuentra en los establecimientos comerciales.

Otro ejemplo de insectos potencialmente comestibles son las cigarras que habitan ciertas ciudades de Estados Unidos. Los ejemplares recién nacidos son los más aconsejables para consumir ya que tienen una cutícula suave y no es necesario quitarles las patas y las alas. Se las puede condimentar para luego freírlas, hervirlas o tostarlas.

Rechazo a los insectos

El típico rechazo a comer insectos tiene una base cultural y no un sustento científico. Las objeciones para ingerir este tipo de artrópodos no pueden estar relacionadas a su valor nutricional o al gusto. A muchos de ellos se le atribuye un sabor a nueces y desde el punto de vista nutricional son importantes. Sin embargo, su contenido en aminoácidos no es el adecuado, y deben complementarse con otros alimentos, argumentan Gullan y Cranston.

Si bien el comentario que hacen los autores es respetable, es bueno tener en cuenta que el valor nutricional de cualquier alimento es muchas veces ignorado por la población en general, inclusive cuando se trata de alimentos que provienen de animales mucho más conocidos como el pescado, cuyo consumo es bajo en varias partes del mundo.

Precauciones y consideraciones

Además de las buenas consideraciones sobre la ingesta de insectos que hacen los autores de The Insects-An Outline of Entomology, también mencionan otros puntos para tener en cuenta.

Se deben emplear técnicas de cultivo, ya que la captura en exceso puede poner en peligro la existencia de ciertas especies. Asimismo, el tamaño pequeño de muchos insectos presenta dificultades para recolectarlos y procesarlos para la venta.

Otro problema es que no todos los insectos son comestibles. Muchos de ellos son tóxicos o tienen sabor desagradable. Inclusive, a ciertas personas les pueden producir reacciones alérgicas. Ken y Rod Preston Mafham mencionan algunos casos de insectos que fabrican sustancias químicas o utilizan sustancias venenosas que sacan de las plantas de las cuales se alimentan y las incorporan a sus cuerpos. Algunos ejemplos incluyen a una clase de saltamontes (Romalea microptera), a la oruga de la polilla Dirphia molippa y al escarabajo perteneciente al género Conderis. Por lo general, exhiben colores brillantes en tonos rojo, naranja y amarillo. También pueden presentar marcas negras y blancas o negras y amarillas.

Los insectos pueden ser parte de la alimentación de las personas. Agregar más información que surja de investigaciones científicas resultaría útil para expandir su consumo. Conocer con precisión los valores nutricionales, épocas de recolección, potenciales predadores, climas en los que habitan y vegetación o animales de los que se alimentan, aportaría confianza a las personas que aún no los han probado.