Durante el feudalismo con el objeto de mantener los reyes el estatus, se concede a los nobles, ciertos derechos pertenecientes al estado, como el cobro de los impuestos de mañería que consistía en la adquisición de bienes de aquellos que morían sin sucesión, y el impuesto de minción o luctuosa por la cual el vasallo debía dar a su señor feudal la mejor cabeza de ganado o en su caso cierta cantidad de dinero.

La alcabala: el impuesto sobre las ventas.

Pero quizás la alcabala, sea el impuesto de mayor uso y duración, y este consistía en un impuesto sobre la venta o trueque. Siendo la primera vez que se cita este impuesto en el Fuero de Villafría, otorgado por Fernando I en enero de 1079. Siendo Juan II el creador de los Reales Recaudadores de Alcabala en 1451.

Aunque la alcabala no fue un impuesto perpetuo, su cobro se realizaba para suplir gastos como lo hizo Alfonso II en 1341 por el que se cubrieron los gatos del sitio de Algeciras, en 1345 para el pago de la reforma de los castillos fronterizos y en 1349 para el pago del sitio de Gibraltar. Fue en tiempos de los Reyes Católicos cuando se comienza su cobro con regularidad, creando Isabel I los Cuadernos de la Alcabala en 1491.

La alcabala ascendía al diez por ciento de la venta o trueque, y este pago se exigía a los vendedores. Los Cuadernos de la Alcabala se componían de 146 leyes entre ellos se decía que las ventas muebles se pagarán donde se firmara el contrato y los inmuebles donde radicase este. Los escribanos del reino eran los encargados de crear copias de los contratos que pasaban la documentación a los Recaudadores de Alcabala. Las medidas para el cobro se fueron endureciendo con el paso del tiempo, llegado el año 1623 a establecerse el uno por ciento de todas las ventas. Sumando un uno por ciento en cuatro ocasiones desde 1639 a 1663.

La alcabala acabó siendo un impuesto para todo lo que se vendiera, creándose a su vez la alcabala de viento para las compras realizadas por forasteros y la alcabala fija pagada entre vecinos de un mismo municipio.

Aunque la Alcabala parece un impuesto perdido en el tiempo, en 1829, se modifica sustancialmente incluyéndose la venta de fincas, se establecía el derecho de hipoteca, un nuevo impuesto sobre ventas o cambios y otro sobre sucesión de mayorazgo y los bienes de donación y herencia. Estableciéndose modificaciones en el importe de herencia, para aquellos que morían sin descendencia hasta el cuarto grado, sus posesiones se entregaban a la Real Hacienda.

La albana o el impuesto sobre la herencia

La albana o albanagio era un impuesto que se cobraba a los extranjeros al morir, por el cual todas las posesiones en territorio español pasaban a nombre del rey. Este impuesto fue modificado sucesivamente desde tiempos del Imperio Romano, hasta 1798 en que se crea una Real Cédula para recaudar dinero y pagar así los prestamos de la guerra con Gran Bretaña.

El impuesto gravaba todas las sucesiones con una cuota progresiva. Este incluía el castigo a defraudadores y eliminaba el derecho a la propiedad mientras no se justificara este pago. La albana fue suprimida en 1813 por las Cortes de Cádiz, pero poco duró esta supresión, hasta que en 1815 el rey Fernando VII lo instituyó por real decreto.

Reforma Legal de 1845

La reforma de la administración y de las leyes realizadas en 1845, define el impuesto de alcabala como ineficaz. Creándose con esta reforma la figura del Contador de Hipotecas, cuya función seria llevar el registro de documentos sujetos o no al importe, con la intención de mejorar la eficacia de sus cobros.

Aunque podemos diferenciar a estos impuestos de las primeras alcabalas y considerarlos impuestos modernos, dejaban fuera de su legislación a la venta de bienes muebles y las herencias en línea directa. Además, se ponía un límite de días para su pago y se endurecían las penas a los defraudadores.