La educación que hombres y mujeres recibimos desde casa, aún marca la diferencia en la forma de cómo unos y otras aprenden a proyectarse ante una misma situación. Indudablemente la igualdad de géneros está muy lejos de alcanzarse, en lo que se refiere a conciencia emocional; por exigir distintos comportamientos en lo que en condición humana debería ser lo mismo.

Los hombres no lloran

Es un hecho que, circunstancias de la vida, deberían ser afrontadas bajo las mismas normas familiares y sociales, independientemente del sexo al que se pertenezca. Es decir, un raspón, una caída, o un machucón de dedos, no tendrían que ser situaciones en las que, el dolor y el llanto fueran sentimientos exclusivos de la mujer. Y es que frases como: los hombres no lloran, aguántate porque eres macho, o lloras como una niña; sólo demuestran que al hombre se le enseña desde niño a reprimir sus sentimientos y emociones, pues estos representan debilidades femeninas, pero no se toma en cuenta que, como seres humanos, indistintamente del sexo, una herida en la piel o una caída duelen igual.

En el patio de recreo, si no es que ya en casa, los niños aprenden a tragarse el llanto y a no mostrar miedo. Su rostro, al principio tan expresivo como el de las niñas, se vuelve más frío entre los seis y los doce años. No nos percatamos que ese distintivo, marcará al hombre que será después para el resto de su vida, en su autoestima y la forma en cómo se relacionará con los demás; incluso cuando llegue el momento de formar una pareja.

La mujer tiene mucho que comprender

Entre mujeres, mucho se habla de que ellos no exteriorizan sus sentimientos, que son ensimismados, o que les cuesta decir lo que sienten. Generalmente nos quejamos que nuestro hombre es un insensible o que nada le duele ni llora. ¿Y por qué debería hacerlo?, si desde niño se le repitió hasta el cansancio que exteriorizar dolor, sufrimiento y lágrimas, era exclusivo de las niñas. ¿Y ahora, ellos qué hacen con esa represión?, cómo se sacuden esa negación a lo emocional que por tanto tiempo debieron practicar para no ser tachados de débiles. De ninguna manera tampoco se trata de compadecerlos; y sí de comprender las causas y efectos, de una educación que suprime esa parte sensible y emocional que a todo ser humano corresponde.

El silencio de ellos dice más que sus palabras

Cuando se trata de discutir un tema que trastoque los sentimientos personales, los hombres usan menos palabras pues temen acercarse al punto, al contrario de las mujeres, que pueden hablar y hablar, por horas enteras de lo que sienten. Ellos no, regularmente piensan antes de hablar al respecto; se sienten más seguros con la boca cerrada. Frases como: por qué no dices nada, no te quedes callado, eres un insensible o no te importa lo que siento, generalmente llegan como dardos incomprensibles para su menoscabada sensibilidad, sin tomar conciencia de cuánto se le puede herir, por exigirles ahora lo que antes les fue negado.

Pero tras esa máscara de silencio y estoicismo se esconde la vulnerabilidad. Los expertos coinciden en que la mayoría de los hombres son más inseguros de lo que quisieran admitir, y de lo que suponen las mujeres. En sus adentros, todos temen a no ser tan capaces, valientes y varoniles como se espera de ellos. Al respecto, el psiquiatra Mark Goulston, coautor de un libro sobre relaciones de pareja, dice que "el hombre sabe que su papel es proteger a su familia, arreglar lo que se descompone. Cuando se siente incapaz de cumplirlo, prefiere callar y encerrarse en sí mismo".

Hombres con derecho a expresarse

En estas nuevas sociedades, donde la inclusión del género femenino ha logrado grandes avances en materia de derecho e igualdad, también es justo corresponder; oir ese silencio emocional de ellos, que nos negamos a comprender, pero que tiene sus raíces en nosotras mismas; como madres que educamos, o educaremos a nuestros niños. En la medida justa, “ponernos en sus zapatos”, dignificando su condición de hombres fuertes y valientes; pero sin olvidar que detrás de esa careta impuesta existen seres sensibles y emocionales, con lágrimas que poseen el mismo componente químico al de nosotras.

David Tacey, autor, académico y comentarista, dice en su artículo "Acerca de las experiencias de la psique de los hombres" que “por generaciones, a los hombres se les ha enseñado, o acondicionado, a reprimir sus sentimientos y a comportarse de acuerdo con un estoico modelo patriarcal de conducta. Por esto es positivo el desarrollo de un movimiento de hombres "expresivos" que persigue erradicar las prohibiciones y represiones convencionales y construir modelos de masculinidad nuevos, más afirmativos y plenamente humanos”.

Sobre lo anterior, sería pertinente cuestionarnos —hombres y mujeres—, cómo estamos educando o cómo queremos educar a ese niño que es masa moldeable. ¿Qué se exprese ahora, o que calle para siempre?