Durante la II Guerra Mundial. muchos soldados y oficiales del ejército alemán y las SS tuvieron relaciones con mujeres en los países ocupados. En muchos casos, estas relaciones eran forzadas o previo pago, pero en las zonas donde la población era de etnia germana o escandinava hubo muchas parejas estables que llegaron a engendrar hijos considerados como "adecuados" por los estamentos superiores de las SS. En Noruega, muchos de estos niños nacieron dentro de la red de clínicas Lebensborn.

Noruega y los niños de la Lebensborn

Al terminar la guerra, con la retirada de las tropas alemanas de Noruega, las clínicas Lebensborn fueron cerradas y estos niños y sus madres regresaron a sus casa, donde les esperaban sus antiguos amigos y vecinos, sedientos de venganza. Los noruegos se sentían agraviados por la ocupación nazi y la tomaron con las amantes y los hijos de alemanes.

Las madres fueron acusadas de traición y la mayoría de ellas tuvieron que irse del país o acabaron en campos de concentración, en los que permanecían una media de entre un año y medio y tres años. Muchas de esas mujeres sufrieron maltrato continuado y abusos sexuales dentro de esos campos, y muchas tuvieron que ser llevadas a psiquiátricos al salir de ellos.

En cuanto a los niños, la mayoría de ellos se quedaron solos al ser detenidas sus madres, ya que no siempre fueron acogidos por las familias de éstas. Huérfanos de madre y con su padre lejos, los niños fueron llevados a orfanatos. La mayoría de ellos nunca fueron adoptados y algunos fueron internados en instituciones mentales bajo el pretexto de ser hijos de "locas que se acostaban con los invasores". Los más afortunados lograron escapar de sus orígenes al irse con su familia a Suecia y otros países escandinavos.

Anni-Frid Lyngstad, la niña Lebensborn más famosa

Aunque la mayoría de los niños nacidos en las Lebernsborn noruegas han permanecido anónimos al resto del mundo, uno de ellos llegó a hacerse mundialmente famosa en la década de los 70, cuando se convirtió en parte del grupo musical ABBA. Se trataba de Anni-Frid (Frida) Lyngstad, hija de una noruega y un oficial alemán casado que volvió a casa después de la guerra sin saber que su novia estaba embarazada.

A diferencia de otros niños en su misma situación, Frida se trasladó a Suecia con su abuela en cuanto su madre murió, y consiguió convertirse en una mujer de éxito sin saber nada de sus orígenes hasta la edad adulta. Ya de mayor, acabada su carrera musical y después de haberse casado con un aristócrata, lo cual le franqueó la entrada en todas las cortes europeas, se convirtió en parte del grupo de hijos de la Lebensborn que demandó a Noruega por discriminación.

El caso contra Noruega y el Tribunal de Estrasburgo

Aunque la mayor parte de los malos tratos directos a los hijos de alemanes en Noruega se dieron en los años de la posguerra, entre 1945 y 1960, no fue hasta que estos niños se convirtieron en adultos que se decidieron a demandar al estado. En los años 90 se creó la asociación Krigsbarnforbundet Lebensborn, empezó con las demandas. Éstas empezaron en 1999 y, aunque ya entonces el gobierno noruego estableció una serie de compensaciones para los demandantes, de entre 5.000 y 30.000 euros según los casos, no se detuvieron ahí.

En 2007, un grupo integrado por 154 noruegos, cuatro suecos y un alemán presentó una demanda colectiva ante la Corte Europea de los Derechos Humanos de Estrasburgo, acusando al estado noruego de haber permitido y alentado la violación de los derechos ciudadanos garantizados por la Convención Europea de 1953 y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Los demandantes pedían una compensación de 65.000$ por cabeza y una disculpa oficial.

Los casos presentados eran espeluznantes. Niños encerrados y atados con correas de perro, agresiones sexuales, palizas e insultos recibidos en la escuela y en casa e incluso un niño encerrado en un psiquiátrico durante 20 años sin ninguna razón para ello, además de una historia continuada de discriminación laboral debido a que sus nombres eran públicos.... No obstante, Estrasburgo rechazó los cargos por haber sido presentados demasiado tarde, sin entender que la mayoría de esas personas habían sido marginadas durante toda su vida.

Hoy en día, de los 8.000 niños Lebensborn nacidos en Noruega entre 1940 y 1945 sobreviven sólo unos cientos, y es posible que sus demandas hacia el estado no se repitan, pero el caso es que es curioso constatar que el tribunal de los derechos humanos, tan obsesionado a veces por encerrar y sancionar, puede ignorar también las demandas a las que no es políticamente correcto hacer caso.