''Cuando todos los títulos aristocráticos fundados en superioridades ficticias y caducas hayan volado en polvo vano, solo quedará entre los hombres un título de superioridad, o de igualdad aristocrática, y ese título será el de 'obrero'. Esta es una aristocracia imprescriptible, porque el obrero es, por definición, 'el hombre que trabaja' [...] los que desenvuelven los dones del vellón, de la espiga o de la veta; [...] los que cuecen, con el fuego tenaz del pensamiento, el pan que nutre y fortifica las almas''. (José E. Rodó, ''El Mirador de Próspero'', 1913).

No es que en aquel frente antiburgués, es decir, ''latino'', -de todos los países americanos y europeos de burguesías débiles-, el trabajo fuera un valor despreciado. No; lo que se quería era otra valoración del hombre y su trabajo, que la sociedad burguesa, utilitaria, ''sin ideal'', desconocía. (''Soberanías imaginadas desde 1901'').

La influencia de ''Clarín''

La crítica de ''Ariel'' por Leopoldo Alas,''Clarín'', (Zamora, 1852-Oviedo, 1901) era esperada con interés en América y luego ejerció también mucha influencia. Asturiano y de formación jesuita, pero también universal y de formación krausista, sabía cómo conciliar a Justiniano con San Francisco de Asís, a El Quijote y Santa Teresa con Tolstói y Renán.

Su influencia en América Latina está vinculada a la que también ejercieron los círculos filosóficos de Julián Sanz del Río (Soria, 1814-Madrid, 1869), inspirador de Francisco Giner de los Ríos (Málaga, 1839-Madrid, 1915), y tributario a su vez, de Ruperto Navarro Zamorano, traductor de la ''Filosofía del Derecho'' de Ahrens (1841), basada en el sistema de Krause (1781-1832), según el cual, en la síntesis dialéctica de los contrarios, debía predominar el polo positivo (''el positivismo norteamericano servirá finalmente a la causa de Ariel'') y en la ética, la compasión por los más débiles y el principio de ''solidaridad vital''. Todas estas personalidades influyeron fuertemente en el Uruguay del 900.

Un segundo tipo de influencia provenía de los círculos políticos vinculados a Emilio Castelar (Cádiz, 1832-Murcia, 1899), Presidente de la I República Española (11 de febrero de 1873-29 de diciembre de 1874), a los que también pertenecía Leopoldo Alas. Además del Desastre de 1898 tenían en común la experiencia de la Guerra de Cuba (1868-1878 y 1895). (''Soberanías imaginadas desde 1902 y 1905'').

Imaginar juntos

''En esto de unión, en toda clase de lazos, entre españoles peninsulares y españoles americanos, soy radical, -yo que lo soy en tan pocas cosas,- y además, un soñador a prueba de frialdades y desengaños en la futura unidad de la gran familia ibérica, y en que después de realizada ha de parecer error inexplicable el que no se hubiera realizado antes.''

El valor filosófico y poético de ''Ariel''

''En la oposición entre Ariel y Calibán está el símbolo filosófico-poético de Rodó. Se dirige a la juventud americana, de la América que llamamos latina, y la exhorta a dejar los caminos de Calibán, el utilitarismo, la sensualidad sin ideal, y seguir los de Ariel, el genio del aire, de la espiritualidad, que ama la inteligencia por ella misma, la belleza, la gracia, y los puros misterios del infinito''.

Contra la ''barbarie utilitaria''

''Lo mismo el cristianismo en su pureza, que el 'helenismo', se oponen a la moderna barbarie utilitaria [...] Donde el joven profesor americano muestra asombrosa originalidad es al explicar, con elocuencia y profundo pensamiento, el íntimo sentido del 'ocio' clásico, de la vida que se saborea, no a lo hedonista, sino con la reflexión, el sentimiento; no apresurándola en loca actividad, siempre en busca de medios sin último fin, sino poética, noblemente, como los dioses, con oportuno y sereno reposo [...] pero estos ocios [...] el utilitarismo del día los desdeña, porque no penetra su valor profundo; porque no ve que el destino del hombre es, tanto como vivir, contemplar, sentir la vida.

Pero además, el utilitarismo geométrico, lógico, llega... a la negación de la caridad, al dogma del triunfo del más fuerte, de la lucha por la existencia, legítima también entre hombres [...] proclamando el abandono y aun el exterminio de los débiles, de los no 'adaptados'; por ejemplo, del hombre delincuente nato, del niño no viable, etc, etc. ¿Quién no recuerda las doctrinas de ciertos periodistas italianos radicales, que llegan a pedir la persecución y supresión del criminal, aun antes del crimen, siempre que la 'ciencia' le señale como caso necesariamente llamado al delito?

Rodó recuerda con oportunidad al más franco, al más genial de los pensadores inspirados en tales egoísmos, a Nietzsche, con su clara y terminante idea del sacrificio de los más al placer y progreso de unos pocos; con su desprecio de las 'ternuras' cristianas... Mas por fortuna, añade Rodó, tales ideas no prevalecerán mientras en el mundo haya dos maderos que se puedan colocar en forma de cruz''.

La democracia ''bien entendida''

''La democracia debe ser la igualdad en las 'condiciones', igualdad de 'medios', para todos, a fin de que la desigualdad que después determina la vida, nazca de la diferencia de las facultades, no del artificio social; de otro modo: la sociedad debe ser igualitaria, pero respetando la obra de la naturaleza que no lo es.

Mas no se crea que la desigualdad que después determinan las diferencias de méritos, de energías, supone en los privilegiados por la naturaleza el goce de ventajas egoístas, de lucro y vanidad; no: los superiores tienen 'cura de almas', y superioridad debe significar sacrificio. Los 'mejores' deben predominar para 'mejor' servir a todos. Tal es, aunque él la exponga de otro modo, la doctrina de Rodó, al resolver las dificultades que para el progreso real de la vida podría ofrecer la democracia''.

Ariel, Clarín, Madrid, 1900