El gato es un felino de pequeño tamaño, si lo comparamos con el tigre o el león. Son misteriosos, astutos, silenciosos (a veces) y tienen varios enemigos: los pisotones, los perros, los autos, las escobas y el veneno de los malos vecinos que crían canarios. Son tan perfectos – como felinos – que los egipcios los amaban y hasta los embalsamaban, como a los humanos.

Para la mujer, ser un gato es la figura de ser atractiva y misteriosa, de seducir donde sea, y por esa razón, se alude a estas circunstancias amorosas como la actividad de “gatear”; en Argentina significa seducir y aprovecharse del incauto ratón (el galán). Para el hombre, ser gato es exponer su parte femenina, aunque si lo usa para seducir con el sexo opuesto, es algo normal y corriente.

Representación cultural de los gatos

En Argentina, el “Gato mis mis” o simplemente “gato” es una danza folklórica que se baila desde 1820 y aunque se estilaba en otros países como Uruguay, México, Perú, Chile y Paraguay, se afincó en el país y se bailaba antiguamente, junto al Minué y el Cuándo en los salones más elegantes.

La Asociación Felina Argentina, creada en 1978 (asociada a la FIFE) y perteneciente a la Sociedad Rural, cumple con los objetivos de crear un registro genealógico, organizar shows con jueces, exhibiciones y certámenes de belleza, charlas, cursos y conferencias y la permanente difusión de los eventos gatunos en los medios periodísticos.

Según la Federación Internacional Felina (FIFE), existen razas de gatos agrupados en cuatro categorías, por ejemplo, el gato persa, el american curt, el albisino, devon rex, el balinés, el oriental y tantos otros, según el pelo y la musculatura.

Orígenes de los gatos

Según la leyenda, Noé se olvidó de hace subir al gato en el arca y como proliferaban los ratones, acarició al león, y de sus fosas nasales estornudó dos pequeños animales que solucionaron el problema, los primeros gatitos. De todos modos, la ciencia alude al antecesor del gato, el miácido, hace 65 millones de años (eoceno).

Su lenguaje se basa en el ronroneo y el maullido con diferentes entonaciones y el lenguaje corporal, rápidos reflejos auditivos, visuales y olfativos. Su instinto de caza nunca se ve disminuido, aunque se alimente correctamente.

Gatos famosos han sido Chatrán, Garfield, Gatúbela, el Gato Félix, Gaturro, Silvestre, Tom (y Jerry) y otros, como el gato de Alicia (en el País de las Maravillas, Lewis Carroll). Suele atribuírsele condiciones extrasensoriales, sobre todo en films, como Constantine (Lawrence, 2005). Es típica la relación entre los gatos negros y las brujas, por cuya razón en la Edad Media eran perseguidos y eliminados.

Los sujetos como gatos, misterio y curiosidad

Sea hombre o mujer, el sujeto con un gato dentro, es atraído por las cuestiones sensuales, la nocturnidad y la astucia, pero como es demasiado curioso, suele caer en trampas o tragarse el veneno que le ponen sus enemigos. Contrario al perro, no será fiel si no existe un “contrato” de subsistencia y de refugio muy necesario. En esto, es algo egoísta, pero equilibrará con enormes cuotas de dulzura y erotismo. Sabe usar sus uñas afiladas con un control preciso. El acicalamiento natural del gato, lo llevará a ser una persona aseada y no es raro que se declare un “metrosexual”.

Es dual en cuanto pertenencia de los afectos, si el contrato se rompe por cualquier circunstancia, el gato preferirá seguir su camino y maullar en la noche. Siempre hallará una gata por el camino, o cosas interesantes que desafiarán su agilidad y fuerza.

Las personas y los gatos

Las personas se dividen groseramente en dos, los que aman a los perros y los que aman a los gatos. Son dos temperamentos diferentes y no hay escritor e intelectual que no tenga su gato, como no hay deportista o afecto al deporte que no tenga su perro “especial” y habilidoso. El gato mira infantilmente al dueño y solamente pide comida, pero su mirada “casi humana” puede significar muchas cosas, todas afectuosas (y ficticias).

No hay nada más triste,.”

más triste que una

tristeza gatuna,

gatuna, gatuna

(María Elena Walsh)

Sin embargo, perro y gato pueden ser amigos, si se crían juntos. No mueve la cola si no es por estricto equilibrio, y si lo ve a su cuidador exhausto y tirado en un sillón, no es raro que le dé “masajes” con las patas delanteras, adonde cree que tiene el corazón. Este hábito “resucitador” (en realidad, acomoda con sus patas donde va a echarse plácido), es una excusa límite de su instinto elevado, ya que después de la comida está su amo. Si nadie le da de comer, se las arregla con cualquier bicho que camine.

La seducción siglo XXI, como gatos por la vida

Si alguien se pregunta por qué en estos tiempos predomina la sensualidad, diríase que es la “era del gato” y que su figura imaginaria se cuela en las costumbres de la mano del placer hedonista. La persona humana en este marco, obtiene una liberación sui géneris a partir de sí mismo, porque ha comprendido que la verdadera liberación está acosada por otros tipos de figuraciones animales difíciles para él, ya que el gato es una figura sencilla de respuesta simple.

El gato es libre, independiente y astuto, tiene siete vidas (o nueve) y depende de su propia habilidad para sobrevivir. Cuando llegue a gato viejo, buscará un rincón, no responderá a los juegos con una mirada elegante de lama y morirá dignamente con sus secretos de luna.

En otro tiempo estás. Eres el dueño

de un ámbito cerrado como un sueño"

(Jorge Luis Borges)