
- Fachada de la Bolsa de Madrid - cosasdemadrid.es
No todo es de color de rosa. En la Bolsa, mucho menos. De hecho, la situación pasa con facilidad en los mercados financieros del rosa al amarillo. La Bolsa ha sido y es en numerosas ocasiones el escenario de algunas caídas a plomo y algunos varapalos de enormes proporciones. En ocasiones, las cotizaciones de ciertos valores tocados por el dedo del destino caen en vertical sin encontrar suelo ni consuelo.
Cuando unas acciones entran en una tendencia bajista dura y consistente, no las para nadie. Arrastran a su paso muros y diques. Es inútil luchar contra una tendencia cuando ésta es firme. Lo mejor, en estos casos, en hacerse a un lado y esperar a que termine el periodo de llanto y rechinar de dientes. Aunque es grande la tentación de comprar un valor que ha bajado mucho, conviene tener mucha precaución.
Algunos ilustres “gatillazos”
El ejemplo más claro de “gatillazo” es la evolución bursátil de Terra. La filial de Telefónica para Internet fue campo abonado para todo tipo de barbaridades bursátiles. Las acciones de Terra llegaron a pagarse en Bolsa por encima de 150 euros a mediados de febrero de 2000. El día de los enamorados, para afinar un poco más. Se pagaron 157 euros (más de 26.000 pesetas) por unos títulos que la propia compañía había vendido unos meses antes (en la OPV) a poco más de 11 euros. Cuando Terra abandonó la Bolsa, tras la OPA de exclusión lanzada por Telefónica, sus títulos apenas valían 5 euros.
Quienes compraron a 150 euros estaban convencidos de que se iban a 200. A la vista de estas cifras, quizá no sea éste mal momento para recordar una cuestión que suele dejar en el aire un conocido analista: si un valor es capaz de pasar de 100 a 50 y de 50 a 25 y de 25 a 12 euros... ¿porqué no va a ser capaz de pasar de 12 a 6 y de 6 a tres euros? ¿Y porqué no de tres a uno? Moraleja: no es fácil determinar el momento en el que una acción ha tocado fondo por mucho que haya caído su precio en el pasado reciente.
Patrono de la Bolsa
Algunos inversores con ojo de lince entraron en Terra a precios baratos y vendieron caro, pero muchos otros salieron trasquilados, lo que trae a colación que la resignación cristiana es una virtud alabada por los estoicos y por la misma Santa Teresa. Ya decía Epiceto, tutor de Marco Aurelio, en el año 100 de la era cristiana, que “hay que coger apego sólo a las cosas que dependan por completo de tu poder, como la virtud”. Las acciones no entran en esta clasificación. Un coetáneo suyo, Séneca, vivió y murió según los dictados morales del estoicismo por lo que soportó con ecuanimidad tanto la adversidad como el triunfo. Debería ser el patrono de la Bolsa.
En todas partes cuecen “terras”
En las Bolsas de Estados Unidos, con más historia y con muchos más títulos en los mercados, se pueden encontrar también numerosos ejemplos de “gatillazos” espectaculares bien por la inocencia del inversor, bien por el doblez y la maldad de los colocadores, bien por una mezcla de factores.
En la Bolsa casi todo está ya hecho y escrito. Hace unas décadas, una modesta compañía estadounidense dedicada a la programación de ordenadores decidió un agresivo cambio de su estrategia. Cambió su anodino nombre (tan anodino que nadie lo recuerda) por uno más rimbombante: Corporation of Industrial and Economic Research. Gracias a esta mutación, las acciones pasaron de 6,50 dólares hasta 534 dólares dos años después. Doce meses más tarde, el valor cotizaba por debajo de 150 dólares, porque no había sustancia debajo de tan espectacular denominación social.
Otro ejemplo de auge y caída. En 1960 las acciones de US Photo Supply pasaron de dos dólares y medio por título a 75 dólares, para bajar después a 11,25 dólares. Nadie sabe porqué. Tras un “calentón” de su cotización, las acciones de Pantepec Oil Company subieron en el American Stock Exchange en pocas horas de 6,75 dólares hasta 8,875 dólares para bajar en menos tiempo todavía por debajo del precio de partida. Se equivocan por tanto los inversores españoles que crean que lo de Terra, por ejemplo, es lo nunca visto. Hay referentes más que abundantes porque en todas partes cuecen habas.
