Cuando se preparaban para escribir, los escribas que tenían rango de funcionarios en la corte faraónica, generalmente se sentaban con las piernas cruzadas y apoyaban el rollo de papiro en su regazo.

Otra de las posiciones comúnmente utilizadas era la colocarse de cuclillas, teniendo siempre a mano y a su alcance, los utensilios de trabajo como pinceles, papiros, paletas y tinteros.

Se puede apreciar el oficio de los redactores egipcios, en gran parte de relieves de diversas construcciones, testimoniándose de esta manera la gran importancia de su trabajo, destinado a pasar a la posteridad.

Uno de los materiales sobre los que con mayor asiduidad se escribía en el Antiguo Egipto era el papiro, fabricado a partir de un curioso y a la par laborioso proceso, que consistía en ir pegando las tiras del tallo de dicha planta, mediante el jugo producido por el propio vegetal.

El escriba acostumbraba a llevar siempre consigo sus instrumentos de trabajo, que eran muy variados. En principio eran una paleta con pinceles, tinteros con diversos colores de tintas, agua y un mortero. El mortero tenía la finalidad de servir para junto con el agua y determinados carbones y otras materias, poderse fabricar los diversos tipos y colores de tintas a utilizar.

En determinados relieves y pinturas se puede apreciar como los escribas trabajaban a la vez con varios pinceles, y para más comodidad, se colocaban despreocupadamente en alguna ocasión los pinceles en la oreja.

El dios de los Escribas

Al igual que otros profesionales como los médicos y juristas, los escribas tenían un patrón o señor, que en su caso era Thot. Este dios se representaba en algunos casos como un babuino y otras como un ibis, que eran sus animales sagrados.

Era una gran dignidad. Se le consideraba inventor de la escritura y del calendario y también señor del tiempo. De esta manera, bajo esta última advocación puede ser visto en pinturas funerarias como el encargado de anotar los años de reinado de cada faraón, en las hojas de una persea, el árbol sagrado de Heliópolis.

Los escribas, por norma general y en señal de reverencia, tenían por costumbre antes de iniciar sus trabajos, derramar una gota de tinta como forma de respeto hacia Thot.

Las casas de la vida

Las casas de la vida eran en realidad escuelas de saber. Eran denominadas (Per Anj), y gozaban desde las primeras dinastías de gran prestigio. Su labor era de signo pedagógico y abarcaba todas las ramas del saber.

En ellas se custodiaban doctos manuales de comportamiento, que eran explicados por una casta sacerdotal, especializada en los menesteres de la enseñanza.

Los escribas recibían en estos recintos su instrucción, la cual debía ser extremada y concienzuda, ya que este oficio, abarcaba muchas ramas de la compleja sociedad en el Antiguo Egipto.

Cualquier persona podía llegar a ser escriba, aunque generalmente, como en otras tareas, era un oficio que pasaba de padres a hijos. Así, en el Imperio Antiguo, cada escriba enseñaba personalmente a su hijo, pero ya en el Imperio Medio aparecieron las mentadas casas de la vida.

La enseñanza del escriba

Los niños ingresaban en estas instituciones cuando apenas tenían cuatro o cinco años, y su aprendizaje venía a prolongarse aproximadamente hasta los doce.

Comenzaban copiando frases en fragmentos de caliza o cerámica que se denominaban ostraka, o en madera recubierta con yeso, ya que el papiro era en realidad un material costoso, tanto a nivel de elaboración como en el aspecto de su recolección.

Además de saber escribir, tenían que conocer las leyes y tener las suficientes nociones de aritmética para poder calcular exactitud los impuestos, ya que esa cuestión también les correspondía.

El pictograma de los escribas

Hay que tener en cuenta que los escribas disfrutaban de una alta consideración y de un rango social generalmente alto. En sí, podríamos calificar a los escribas como los componentes cualificados de un funcionariado de hoy en día.

A raíz de esta circunstancia, su profesión gozaba de determinados privilegios y entre ellos estaba el de contar con un pictograma especial, que en este caso era el dibujo de una paleta.

El pictograma, es definido por los puristas como el signo en la escritura que viene a reflejar la realidad. En este caso, la paleta que constituye el pictograma de los escribas, acostumbra siempre a venir reproducida con dos orificios para disponer la tinta y una bolsa, que era de cuero y se usaba para guardar el agua, los tintes, los pigmentos y los pinceles.

Este pictograma cuando se ve representado en algún mural o en cualquier escrito o papiro, tiene el significado de “escribir” y forma parte de la relación de palabras que puedan expresar archivos, registros, impuestos o tributos.