Quizá una de las razas más cautivadoras de las que habitan la Tierra Media de Tolkien son los elfos. Su espiritualidad, su amor por el arte y el halo místico que los rodea han encantado a miles de lectores.

Pero ¿cómo pudo J.R.R. Tolkien imaginar a estas deslumbrantes criaturas?, para encontrar la respuesta a esta pregunta es necesario remontarse a la lecturas realizadas por el autor de El Hobbit y El señor de los anillos.

La mitología y J.R.R Tolkien

En el cuidadoso texto redactado por Humphrey Carpenter, J.R.R. Tolkien Una Biografía, se narra que Ronald, como le llamaban sus amigos, desde pequeño había sido un gran lector.

Sin embargo a diferencia de otros escritores, los textos que Tolkien solía frecuentar pertenecían casi en su totalidad a la literatura antigua.

Las Sagas y las Eddas escandinavas, la mitología finlandesa recogida por el Kalevala, la mitología celta acopiada por Lady Gregory eran algunas de las lecturas habituales del joven Tolkien.

Tolkien y la literatura

Más tarde, al ingresar a la Universidad de Oxford, sus lecturas se ampliaron hacia el campo de lo medieval. El autor de El señor de los anillos, explica esta biografía, prácticamente no tuvo contacto con la literatura moderna.

Su aproximación a la actualidad literaria se limitó a William Morris, dado que trataba temas medievales, y a Milton puesto que Tolkien era un ferviente católico.

La influencia que los temas mitológicos ejercieron sobre el libro de El señor de los anillos se puede encontrar fácilmente en las diversas razas que habitan la Tierra Media.

La mitología celta en El señor de los anillos

Los elfos, el tema que ahora nos ocupa, fueron inspirados por la mitología celta.

Y es que el mundo celta tenía un especial significado para Tolkien; parte de sus ancestros venían de Gales y el territorio le era particularmente inspirador.

El sindarín y el galés

El mismo Tolkien afirmó que el sindarín, la lengua hablada por los elfos que habitaban la Tierra Media, estaba basado tanto fonéticamente como estructuralmente en el galés.

Pero las semejanzas entre el los pueblos de la mitología celta y los elfos son muchas más.

Los escondites de los elfos

En la mitología celta los dioses y primeros pobladores de Irlanda eran los llamados Tuatha de Dannan (hijos de Dana), posteriormente cuando los mortales llegaron a Irlanda comenzó a dárseles el nombre de shide y más tarde en la literatura medieval fueron concebidos como hadas.

Estos misteriosos primeros pobladores de Irlanda, transformados en dioses, comenzaron a ocultarse de los mortales en los bosques, dentro de colinas, en valles inaccesibles o en islas evanescentes como Avalon.

Así mismo vemos que los elfos de la Tierra Media viven alejados de los mortales. En El señor de los anillos sólo pueden ser encontrados en el Valle secreto de Rivendell, en el bosque misterioso de Lothlorien o en el Bosque Negro, bajo tierra, donde manda Thranduil, el padre de Légolas.

Galadriel como hada

Otro rasgo de los shide celtas compartido con los elfos de Tolkien radica en su relación con el tiempo. Los dioses celtas no envejecían y unos cuantos días en su territorio se traducía en meses o años para los mortales.

De igual forma los elfos de Tolkien no envejecen y el tiempo que la Compañía del Anillo pasa en Lothlorien, aunque en apariencia es breve resulta traducirse a meses en la cronología mortal.

Galadriel, por otro lado, tiene semejanzas extremas con las hadas de los relatos medievales. Está asociada a la tierra, el bosque de Lothlorien es una extensión de su persona, por eso cuando Galadriel abandona la Tierra Media el mágico bosque se marchita.

Los elfos, pobladores del Paraíso

Pero existe en los elfos de Tolkien una segunda influencia que quizá se podría considerar como contradictoria: la católica.

De acuerdo a Katharyn F. Crabbe, estudiosa de la obra de Tolkien y autora de un biografía que raya en el ensayo (J.R.R. Tolkien) los elfos tanto de la Tierra Media como los originales habitantes de Aman encarnan al ser humano antes de la expulsión del Paraíso.

En el Silmarillion

Los elfos, se sabe por el Silmarillion, fueron los primeros habitantes del mundo y antes de llegar a la Tierra Media habían vivido en la mística tierra de Aman, un lugar equivalente al paraíso que les fue otorgado a Adán y a Eva.

Estos elfos, como ninguna otra raza, convivieron con los “dioses”, los Valar, y aquella convivencia les había otorgado una sabiduría superior y una espiritualidad marcada.

La influencia católica en El señor de los anillos

Como Adán y Eva habían disfrutado despreocupadamente de la Creación que el supremo dios Ilúvatar les había concedido, y como Adán y Eva habían sido sus propias bajas pasiones las que los llevaron a alejarse de aquella plenitud y a exiliarse en la Tierra Media.

A pesar de ello la raza élfica de Tolkien nunca perdió su superioridad espiritual y a diferencia de Adán y Eva nunca perdieron su inmortalidad.

Con todo subsistió en ellos una perpetua nostalgia por el paradisíaco Aman y la esperanza finalmente concretada de volver a su lugar de origen.

Sobre la influencia del catolicismo en la obra de Tolkien hay mucho que decir, baste por ahora con saber que las religiones paganas y la cristiana logran amalgamarse de forma sorprendente en la basta y bella obra de John Ronald Reuel Tolkien.