En la sátira X, Juvenal,, poeta latino del s. I d.C,. utiliza la frase “panem et circenses” para describir, despectivamente, como, gracias a la costumbre de repartir trigo y ofrecer espectáculos a sus conciudadanos por parte de los notables, los primeros se alejaban cada vez más de la política haciendo ascender al poder a aquellos que favorecían en mayor medida al pueblo ofreciéndole alimentos y distracciones.

El interés por los espectáculos atraía a todas las clases sociales desde los más altos senadores hasta los más pobres. Únicamente una minoría intelectual criticaba estas formas de divertimento.

Generalmente se establecían equipos en el circo, partidismos hacia un determinado actor en los teatros, o favoritismos hacia un determinado gladiador. La creación de facciones podía provocar graves disturbios.

La Tarraco imperial en su condición de ciudad de primera categoría como capital de la Hispania Citerior Tarraconensis poseía importantes construcciones dedicadas a espectáculos.

En la actual Tarragona podemos encontrar los vestigios del anfiteatro, el teatro y el circo.

El anfiteatro

Su construcción data de finales del s.I e inicios del II d.C, el edificio se sitúa a extramuros en primera línea de mar. Gracias a una inscripción conocemos a su promotor, un flamen, sacerdote del culto imperial.

En el centro la arena donde se ofrecían espectáculos de gladiadores y luchas con fieras. La zona de la arena es de forma elíptica y actualmente son visibles dos fossae que la cruzan en angulo recto; cuando el anfiteatro estaba en uso, estas fosas se hallaban cubiertas por un entramado de madera. Bajo la arena las fosas resguardaban a los protagonistas y el material del espectáculos; estos emergían a la arena gracias a una tramoya manejada por un complejo sistema de poleas y contrapesos. En el museo arqueológico de Tarragona se conservan algunos de estos elementos.

En “la Hª de la vida privada”, dirigida por Philippe Ariès y Georges Duby, respecto a los complejos engranajes utilizados en teatros y anfiteatros, se afirma: “La gente se maravillaba con los prodigios de la tecnología: en el teatro y el anfiteatro, las maquinarias de efectos especiales encantaban a los espectadores con su ingeniosidad.”

Las gradas del anfiteatro se dividían en función de las clases sociales en: imma cavea, media cavea y summa cavea. Se aprovechó un desnivel para construir la grada de la zona del oeste.

Destacar que en la misma arena del anfiteatro se construyó en el s.VI una basílica con un pequeño cementerio. La basílica fue erigida para conmemorar el martirio donde San Fructuoso, junto a sus dos diáconos, fue quemado vivo en la arena del anfiteatro en el 269.

Posteriormente en el s. XII se edificó una iglesia románica cuya planta de cruz todavía se puede apreciar desde lo alto de las gradas.

El teatro

Desgraciadamente, la del teatro de Tarragona es una triste historia: hasta hace unos 100 años las gradas todavía se conservaban; sin embargo, a consecuencia de intervenciones de dos empresas aceiteras, entre los años 1919 y 1951, fueron destruidas en su mayor parte.

Posteriormente, en 1977, se consiguió frenar la edificación sobre los restos; sin embargo debido a cuestiones legales referentes a la propiedad de los terrenos, el teatro sufrió un gran abandono durante años, con el consiguiente deterioro.

El teatro de Tarraco data de la época de Augusto. Se eligió un emplazamiento cercano al foro de la ciudad y se aprovechó el desnivel natural, entre el foro y la zona portuaria, para la construcción de la gradería. En el flanco de esta pendiente se construyó un muro ciego en el centro del cual se erigía un ninfeo con su estanque. Según D. Fishwick en “The altar of Augustus and the Municipal Cult of Tarraco” esta estructura vendría a ser el nexo de unión entre el foro y el teatro y constituiría un elemento de vital importancia para el desarrollo de los circuitos ceremoniales del culto imperial.

El circo

La parte alta de la Tarraco romana estaba dominada por el foro provincial y, como elemento integrante del foro provincial, fue erigido, en época de Domiciano, el circo de Tarraco. El estado de conservación del circo es muy satisfactorio.

Para su construcción se empleó un sistema de bóvedas paralelas de opus caementicium que servirían de soporte a unas gradas que se elevaban en todo el perímetro del circo.

El circo constituía a la vez un elemento separador y comunicador entre el foro provincial y la parte residencial, por este motivo su longitud resulta más corta de lo habitual en este tipo de construcciones.

Con el anfiteatro, el teatro y el circo la oferta lúdica estaba servida para los habitantes de Tarraco. Los espectáculos públicos constituyeron fuente de placer común a todas las clases sociales romanas.


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