Entre las primeras referencias al papel del duelo durante la adolescencia se encuentran los trabajos de Nathan Root (1957) y Anna Freud (1958). Sin embargo, uno de los mayores aportes en torno a esta temática ha sido la obra La adolescencia normal (1971), de Arminda Aberastury y Mauricio Knobel, la cual continúa siendo un referente en la actualidad.

Duelo y psicoanálisis

El modelo psicoanalítico del duelo es planteado por Sigmund Freud en su trabajo Duelo y melancolía. El autor manifiesta que “el duelo es, por regla general, la reacción a la pérdida de un ser amado o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un ideal, etc.” Este se torna un estado patológico solo en los casos en que no ha podido ser elaborado, de lo contrario se trata de un proceso que no requiere más que la intervención del tiempo para realizarse.

El sujeto que enfrenta un duelo atraviesa las etapas que John Bowlby denomina protesta, desesperación y desapego. Inicialmente se rechaza la idea de pérdida, trayendo consigo un corte con la realidad de carácter defensivo, que implica irritación y decepción. Luego la pérdida es admitida, con la consiguiente nostalgia y anhelo por lo que se ha perdido, fase caracterizada por la desorientación. Finalmente se logra la renuncia al objeto y la adaptación a la vida sin él, lo que posibilita el apego a nuevos objetos.

El duelo por el cuerpo infantil perdido

El proceso de duelo en la adolescencia ha sido descrito en gran profundidad por Aberastury y Knobel, en lo que han dado en denominar “síndrome normal de la adolescencia”. El adolescente atraviesa desequilibrios e inestabilidades que lo conducen a enfrentar cuatro duelos.

El primero consiste en el duelo por el cuerpo infantil perdido, ya que en este período de su desarrollo el sujeto sufre un gran número de cambios corporales, rápidos y notorios. Sin elegirlo, se presentan en él modificaciones en los caracteres sexuales genitales y corporales, y aparecen distintos deseos y conductas sexuales como consecuencia del desarrollo sexual hormonal. Frecuentemente estos cambios son vividos como algo ajeno, ante lo cual el adolescente se siente como un observador impotente.

El duelo por el rol y la identidad infantiles

En segundo lugar, Aberastury y Knobel mencionan el duelo por el rol y la identidad infantiles, según el cual la pérdida de dicho rol obliga al sujeto tanto a la renuncia de la dependencia como a la aceptación de otras responsabilidades, desconocidas hasta entonces. En cuanto a la identidad infantil, esta deberá ser reemplazada por la identidad adulta, dando lugar a la angustia que implica la falta de una identidad clara.

El duelo por los padres de la infancia

El tercer duelo que el adolescente debe realizar, gira en torno a los padres sobrevalorados de la infancia, los que intenta retener en su personalidad, al buscar su protección y el refugio que le brindaran como niño. Es necesario renunciar a sus figuras idealizadas, aceptando sus debilidades, una situación que se hace más compleja aun a partir de la actitud de los padres, ya que estos deben a su vez aceptar el propio envejecimiento. Será la pérdida de la condición de niño la que le dará la posibilidad de establecer con los padres una relación de forma distinta a la que habían tenido hasta entonces.

El duelo por la bisexualidad infantil

Por último los autores mencionan un cuarto duelo, vinculado al abandono de la bisexualidad infantil, y sobre el cual no desarrollan un análisis exhaustivo. Dicho duelo se relaciona con la maduración y el desarrollo de la propia identidad sexual, a partir de la renuncia a la relación objetal narcisista y endogámica, sustituida por una nueva forma de relación, sobre un objeto exogámico.

Los aportes de Aberastury y Knobel

En la actualidad la vigencia de estos duelos ha sido puesta en tela de juicio por investigadores como Guillermo Obiols y Silvia Di Segni de Obiols, ya que el período en que vivimos, denominado por muchos autores como “posmodernidad”, ha impactado en los sujetos modificando también las características de la adolescencia.

Dado que el análisis efectuado por Aberastury y Knobel en torno a los duelos se enfocó en los adolescentes de la década del ’60, muchas cosas han cambiado desde entonces, siendo hoy las vivencias de los más jóvenes muy diferentes. Sin embargo, más allá del cuestionamiento a los duelos mencionados, la consideración de la adolescencia como un período de crisis aún sigue vigente.