Itzammá es el dios creador, el más importante del panteón maya. Domina el fuego y el corazón y representa la muerte y la resurrección en la naturaleza. Está relacionado con el dios Sol y con la diosa Luna.

Chac es el dios del la lluvia y Ah Mun el del maíz, en constante batalla con Ah Puch, el señor de la muerte. Otras divinidades asociadas con las tinieblas y la muerte son Ek Chuah, dios negro de la guerra y los mercaderes, e Ixtab, diosa de los suicidios.

También es muy importante el dios jaguar, que aparece en la mayoría de las mitologías americanas de norte a sur. Representa la noche estrellada, aunque reina al mismo tiempo en el cielo, la tierra y el inframundo bajo distintos nombres: onza, ocelote o yaguareté.

Los contactos entre mayas y otras civilizaciones precolombinas explican la aparición de la serpiente emplumada (Quetzalcóatl) que aquí recibe el nombre de Kukulcán, en Yucatán, y de Gucumatz en las tierras altas de Guatemala. No sabemos a ciencia cierta qué cultura influyó a las demás en la adopción de este dios, pues la serpiente es un animal sagrado en muchas de las culturas indígenas americanas, como los hopi.

El origen

En los mitos del origen destacan las figuras de la serpiente emplumada y del dios de las tormentas, Hurakán, también presente en las mitologías antillanas, sobre todo en los taínos (nuestra palabra uracán deviene de este vocablo caribeño) Según las escrituras mayas, en el principio todo eran sombras y de la palabra surgió el Universo (curioso paralelismo con La Biblia cristiana: “en el principio fue la palabra”)

Siguiendo con los parecidos con nuestra mitología judeocristiana europea actual, la creación del ser humano pasó por varias intentonas, todas fracasadas. Por fin, los dioses decidieron destruir la vida sobre la tierra por medio de un diluvio, tras el que llevaron a cabo una nueva creación. Las materias primas anteriores para crear al hombre habían sido el barro y la madera; la carne del hombre nuevo fue hecha de pasta de maíz. Fueron cuatro los hombres nuevos de los que toda la humanidad desciende. También fueron cuatro (Noé y sus tres hijos) según La Biblia, los que dieron origen a la nueva creación.

Ciclo destrucción-regeneración

Los mayas creían que había trece cielos dispuestos en capas sobre la tierra y nueve infiernos bajo ella, cada uno de éstos regido por un dios.

El tiempo era considerado como una serie de ciclos sin principio ni fin, interrumpidos por cataclismos y catástrofes que devolvían a la tierra al caos primigenio. Sin embargo, nunca se acabaría el mundo porque creían en la palingenesia, la regeneración cíclica del universo. Los libros de Chilam Balam exponen todas las predicciones acerca de estos ciclos de destrucción y renacimiento.

Al igual que en otras muchas religiones indígenas, los muertos, antes de llegar al paraíso, tenían que pasar por una serie de difíciles pruebas, y también irían acompañados del alma de su perro favorito..