El sexo es el sentimiento más poderoso de la humanidad.Proporciona placer y es el mejor estimulante de la vida, pero puede ser fuente de inhibición para algunas personas y, en ocasiones, termina siendo vil, frustrante y doloroso si no cumple con su fin: la satisfacción mutua.

La clave de una sexualidad placentera se basa en compartir cada manera de comunicar los sentimientos y deseos. Pero una relación sexual no está asegurada con el solo desafuero erótico personal. El secreto del buen sexo es un natural equilibrio entre el instinto y las artes amatorias impulsadas por el amor entre el hombre y la mujer.

Sexo complementario

  • El sexo es complementario: La evolución hizo un trabajo inteligente durante millones de años para diseñar y perfeccionar el cuerpo y la mente del varón y la hembra. El propósito es asegurar la reproducción a través de la atracción física, de lo contrario no hubiera sido posible la especie humana. Por eso el cerebro del hombre y el de la la mujer se excitan mutuamente con sus cuerpos. Cualquier desvío constituye una anomalía de la sexualidad que conduce a una poderosa frustración biológica y mental.  
  • El sexo no requiere de la fuerza: La intensidad y la plenitud del goce no implican el uso de la fuerza más allá de una buena condición física. La fuerza intimida y somete, pero no procura placer, porque no es una competencia de esfuerzo. La fuerza en el sexo debe ser empujada por el deseo, el resto llega solo. Un agarre firme en el lugar justo y una actividad sostenida dan buenos frutos.
  • Respeto al ‘No': no nos referimos al 'No' sensual y pícaro como parte del juego erótico, en el que ella sabrá qué tan segura es su pareja. Aquí hablamos del 'No' de desaprobación, cuando la mujer no le provoca ni se siente atraída por su pareja. El 'No’ picaresco es en el fondo un ‘Sí'’ que debe esperar su momento. El ‘No’ en el preámbulo amoroso alimenta el deseo de ambos, y si se tiene tacto y paciencia se transforma en un ‘Sí' muy excitante.

Sexo sin acoso

  • El sexo no acosa: acosar a una mujer para tener sexo es un signo de debilidad masculina y un recurso pobre en la consecución del placer. Atraer a una mujer bajo el sometimiento, la coacción, la amenaza, el miedo y el engaño, solo procura un placer frustrado y transitorio que nada tiene que ver con el sexo como deleite físico y espiritual.
  • El sexo es sagrado: El sentimiento más poderoso del ser humano tiene mucho de sagrado y exige el mayor respeto por la privacidad. El hombre y la mujer deben guardar su intimidad como un tesoro que pertenece a ambos para su único y propio deleite. Cuando la relación es satisfactoria, las palabras sobran. La venganza de algún miembro de la pareja a través de calumnias, humillaciones y difusión pública de la intimidad, solo evidencia el fracaso físico y emocional de quien la obra. 
  • El sexo no es monótono: A la hora del sexo, tanto el hombre como la mujer nunca deben acostumbrarse a la seguridad del placer conocido. Se debe evitar iniciar el contacto sexual siempre de la misma manera, y buscar variantes en posturas, escenario, tiempo, lugar, etc.. Cada relación debe excitar más que la anterior y ser más gratificante. Una y otra vez.

El sexo no es una droga

  • El sexo no es una válvula de escape: es un error buscar el sexo como recurso para calmar la ansiedad o para esconder una frustración emocional. Tampoco debe usarse como recordatorio de la fuerza viril o para batir récords. Y mucho menos, hacerlo porque es la costumbre del matrominio. El sexo como recurso para buscar seguridad y sosiego emocional solo brinda un placer transitorio y cada vez se necesita más sexo, hasta hacerse adictivo como una droga que nunca sacia.
  • El sexo no es una mercancía: el sexo pagado no puede satisfacer la parte más gratificante de toda la actividad sexual: el arte de la conquista y la posesión. Poner a funcionar el arsenal amatorio de la seducción es un triunfo de la personalidad, así que excluir este excitante acto de la ‘película’ pagando a una mujer, termina en una dolorosa frustración, ya que puede esconder una falencia en el arte de amar.

Más allá del clímax

  • El sexo no es egoísta: parece una contradicción, pero el egoísmo en el sentido de complacerse a sí mismo, asegura el placer de la pareja. Es mejor dejarse llevar por los instintos del placer que por la necesidad de complacer para impresionar. La complacencia llegará como una consecuencia natural de la satisfacción mutua. La ansiedad por demostrar que se es capaz de satisfacer, siempre termina mal. El placer se mueve a cada instante de manera natural y sin esfuerzo. Sin embargo, hay que compartir los deseos sin negar a la pareja aquello que quiere. No hay que ser individualista en la conquista del clímax.
  • El sexo no es un compromiso: dado que el sexo no es una función mecánica, nunca debe obedecer al compromiso porque así lo exige la relación, sea noviazgo o matrimonio. El sexo debe provenir del deseo puro para que sea grato y se debe excluir la complacencia por lástima o por obligación. Esto genera un sentimiento negativo que acaba en la frigidez de la mujer y en la impotencia en el hombre. 
Por último, es un error creer que el sexo culmina con el orgasmo, ya que puede revelar solo un alivio de tensión. La mujer siempre extiende el placer de manera natural más allá del clímax, por lo que uno debe seguir ‘enganchado’ a ella de manera espontánea en gratitud a su infinito agrado.