Los Diablos de Yare son una festividad folklórico-religiosa que se celebra el día de Corpus Christi, 9 jueves después del Jueves Santo, en la pequeña ciudad de San Francisco de Yare, al sur de Caracas, Venezuela. Representa una lucha simbólica entre el Bien y el Mal. Esta recreación se remonta al siglo XVIII y se celebra desde 1742, siendo ésta la hermandad más antigua del continente americano. La música, los tambores, la poesía sagrada y el baile, tiene sus raíces en la herencia de los esclavos de África traídos para trabajar la tierra, y la población india nativa.Hay muchas historias sobre cómo se originó, pero es sobre todo una forma de participar en la vida de la iglesia que tenían los antepasados venezolanos.

Los diablos

Los diablos danzantes son personas que están asociadas a la Cofradía de Los Diablos, se les llama “promeseros” y bailan para pagar alguna promesa, en devolución de los favores recibidos de Dios. Como curas, cada demonio se compromete a participar por un año, varios años, o incluso para el resto de su vida. Sólo los hombres pueden ser diablos, visten completamente de rojo, llevando alpargatas, pantalones y camisas de este color. Lo más representativo de su indumentaria lo constituyen las máscaras, que definen la jerarquía. Los creadores de las máscaras multicolores son Manuel Sajona y Carlos Morgado.

Orden jerárquico

La jerarquía es definida por los cachos (cuernos) de las máscaras: el Primer Capataz usa una máscara con cuatro cachos; los Segundos y Terceros Capataces llevan tres cachos; los Arreadores también usan tres, pero con el cuerno central más delgado que los laterales; y por último, la máscara de dos cachos representa a los Diablos Rasos o Promeseros. Las mujeres también visten de rojo pero no se les permite llevar máscaras.

La procesión

A tempranas horas de la mañana los danzantes se dirigen al cementerio para visitar las tumbas de algunos diablos fallecidos, hecho de reciente incorporación en el desarrollo de la festividad. El baile de los diablos realiza un recorrido por todas las calles del pueblo con sus trajes rojos y máscaras, amuletos y rosarios, deteniéndose en 12 altares a lo largo de la ruta hasta llegar a la puerta principal de la iglesia, dónde se congregan para oír misa. Cuando termina la misa, el Santísimo se sitúa en la entrada de la iglesia y comienza una escenificación de la lucha entre los demonios y los tutores. Al finalizar, los demonios se entregan de rodillas delante del Santísimo. Este rendimiento representa la victoria del bien sobre el mal. Es una de esas cosas de la vida en la que nos fijamos en lo grotesco, a fin de encontrar algo positivo