La ideología liberal sostiene que la toma de decisiones de los individuos se ejerce de manera autónoma y bajo el conocido libre albedrío, pero aún en las mejores condiciones y bajo determinantes socioeconómicos buenos o estándar, esas decisiones, no son del todo autónomas, y menos tratándose de la población femenina.

La disonancia cognitiva es una teoría planteada en A Theory of Cognitive Disonnance por el psicólogo ruso Leon Festinger en 1957, en la que sugiere que el ser humano constantemente se confronta con ideas o comportamientos que son contrarios al sistema de creencias al que se apega. Al suceder esto, la misma teoría habla de la reducción de la disonancia cognitiva, que en otras palabras, es la reducción que los humanos hacen para reducir el sentimiento de fracaso que se percibe al iniciar una actividad o al realizar un esfuerzo sin obtener la recompensa que se esperaba.

Reduciendo la frustración de manera oculta

La manera en que es posible mitigar esa frustración es por medio de la reducción de la disonancia cognitiva. Al no obtener lo que realmente se quiere o se espera, se adaptan los deseos que se tenían originalmente por el resultado obtenido o bien se justifica de manera que parezca que el resultado no es tan malo como parece y que en cierta medida es mejor que lo que se esperaba.

Como explica María Jesús Izquierdo en el ensayo Razón y Sentimientos en las relaciones de pareja: ¿Del contrato al diálogo? Hasta cierto punto tiene sentido que los seres humanos realicen este ejercicio de la reducción de frustración, sin embargo, en algunas ocasiones las respuestas de modificación surgen debido a que lo que se obtiene en vez de lo que se quiere, se ajusta mucho mejor a los valores tradicionalmente establecidos como buenos o exitosos.

El origen de los deseos autónomos

El verdadero deseo puede consistir en salirse del marco tradicional de un esquema o sistema ya establecido, y solo de pensar en tomar el camino y el esfuerzo para conseguirlo puede parecer agotador o frustrante desde un principio. En el caso del sistema patriarcal capitalista en el que las relaciones de poder se encuentran distribuidas en su mayoría a favor del sexo masculino, esto es lo que les sucede a muchas mujeres en distintos aspectos de sus vidas, sin que ellas mismas lo perciban.

Estas ideas provienen y se fundamentan en la división sexual del trabajo, con la cual se separan las actividades para los sexos, en la esfera pública para el masculino y en la privada para el femenino. Basada en la unidad biológica de reproducción y que a su vez se vincula con el etnocentrismo fálico del que habla Pierre Bourdieu en la Dominación masculina, que explica cómo el poder de dominio es adquirido y ejercido por el hombre, por poseer el miembro exterior, que es el que insemina al miembro interior de la mujer. Hecho que garantiza la perpetuación de su estirpe y que es posible gracias al depósito de su semilla.

La mujer y sus deseos de romance, matrimonio y de ser madre

Por tanto, el sistema que tradicionalmente funciona a partir de estas ideas, ve con buena cara a la mujer que se dedica a las actividades que tienen que ver con esa unidad biológica reproductiva, como el matrimonio, la maternidad y por ende, el cuidado de los hijos. Actividades que implican la provisión de los bienes y servicios suficientes para satisfacer las necesidades básicas de la familia. Actividades que son parte de las tareas domésticas, lo que la confina mayormente al espacio privado e interior, tal y como su miembro reproductivo.

Buscando una opción, reduciendo la frustración

Al pensar en mujeres que no sean casaderas o que no tengan el deseo de ser madres, estas pueden llegar a ser etiquetadas como todo lo contrario a los estándares tradicionales, es decir, no son bien vistas. Esto por un lado y por el otro, los sistemas de mercado laboral o comercial que aparentemente ofrecen la tan ansiada autonomía financiera y que ahora se encuentran abiertos tanto para las mujeres como para los hombres, en realidad siguen siendo más difíciles de acceder para la población femenina.

Las mujeres tienen que combinar la carga de las tareas reproductivas con las cargas y carencias de las tareas productivas, como el desempleo, subempleo, salarios bajos, discriminación, espacios laborales sin acceso por no pertenecer a cierto grupo o red clientelar, falta de la educación requerida para cierto puesto, falta de experiencia o calificación profesional y otros más.

El deseo modificado de las mujeres

Todos esos motivos influyen, a su vez, para que la mujer aplique la reducción de la disonancia cognitiva y modifique sus preferencias y así asigne un mayor valor al deseo de casarse, tener hijos y de dedicarse únicamente al hogar. De esta manera, no solo se reduce el sentimiento de frustración sino que, a su vez, se obtiene lo que según los esquemas tradicionales tiene mayor valor.

Sin embargo, es difícil atravesar las barreras de este deseo como se conoce, ya que desde que se nace como mujer, se desea la ropa rosa, la muñeca, el castillo de la princesa, al príncipe azul, y a medida que el tiempo avanza, se desea entonces el romance que ofrece el enamorarse de un buen hombre con el que algún día tanta felicidad culminará en matrimonio e hijos.

Es muy difícil no desear lo que es sutil y ocultamente sugerido por el sistema al que se pertenece y, más aún, cuando el involucramiento, aceptación y reproducción de ese sistema se hace bajo el propio consentimiento. Ya que así se asigna un valor a cada deseo de cosas, según la escala de valores establecidos por el mismo sistema de creencias al que se pertenece. Por eso es tan difícil encontrar a personas con deseos opuestos a esas creencias o bien esas personas son etiquetadas rápidamente como raras o anormales, incorrectamente.