En México, no existe una legislación específica sobre los derechos de un adolescente, ya que estos quedan enmarcados dentro de La Convención sobre los Derechos del Niño, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1989.

Este es un tratado internacional que garantiza la protección de los derechos de niños, niñas y adolescentes menores de 18 años en todo el mundo, el cual tiene aplicación en México.

La legislación mexicana considera como minoría de edad, las etapas que corresponden a la gestación, nacimiento, primera y segunda infancias y pubertad. A partir de los 18 años, se considera al sujeto como adulto. Sin embargo, de una etapa a la otra existe una transición que debe ser reconocida.

Definición de la figura del adolescente dentro del marco jurídico mexicano

Según la Comisión de Derechos Humanos en el estado de México, se es niño cuando se tiene menos de 12 años y adolescente cuando se es mayor de esa edad, pero menor de 18.

De acuerdo a la definición anterior, un adolescente es la persona que tiene entre 12 y 18 años. Debido a su edad y a la dificultad que tienen para defender por sí mismos sus derechos, se les considera un sector de la población que se encuentra altamente vulnerable, respecto a la negación y violación de sus derechos.

Debido a que en la etapa de la adolescencia el individuo aún no tiene bien constituida su identidad, se encuentra expuesto a mayores situaciones de riesgo, pues dentro de este período de edad se presentan altos índices de deserción escolar, suicidios, accidentes, embarazos prematuros, alcoholismo y drogadicción.

Creación de una legislación para los adolescentes

Dentro del marco jurídico mexicano, la figura del adolescente no existía como tal, haciendo referencia únicamente a los adultos y niños.

No obstante, las reformas al Código Penal apuntan a una necesidad de la creación de una legislación que proteja los derechos de los adolescentes, sobre todo respecto a definir la edad mínima para considerar a un niño menor infractor y cómo debe aplicarse la justicia a los menores infractores de 18 años.

Respecto a este tema, el Senado de la República aprobó la Ley Federal de Justicia para adolescentes, en diciembre del año 2010, la cual proporciona mayor seguridad jurídica a los mencionados con el fin de que no sean tratados como adultos.

Atención oportuna para su desarrollo integral

Afortunadamente, cada vez más se reconoce que la adolescencia es una etapa muy importante en la vida de las personas, que necesita de la supervisión adulta.

El motivo de atención a sus demandas, corresponde al peso demográfico que este sector está adquiriendo en los últimos años. También responde a una mayor conciencia que la sociedad en general hace de sus necesidades específicas, ya que estas son diferentes a las de los adultos y los niños.

Para la ley, es más fácil asignar roles sociales a un individuo con un estatus bien definido, que a un ser en transición ontológica. Dentro de este contexto, surge la importancia de la creación de una legislación que satisfaga los derechos y necesidades más básicas de los adolescentes, lo que es un asunto prioritario y urgente.

Dimensiones de las necesidades específicas de los adolescentes

Sus demandas son concretas. Corresponden al cuidado de su salud, espacios de recreación y esparcimiento, preparación académica, capacitación para el trabajo, etc. Mismas, que las instituciones gubernamentales correspondientes deberán atender. Sin embargo, la instancia que deberá satisfacer las profundas necesidades de amor y comprensión, que son sumamente importantes para su desarrollo integral, será únicamente la familia.

Según el documento Los derechos humanos del adolescente, elaborado por el UNICEF, en colaboración con la Organización Panamericana de la Salud y el Grupo de Organizaciones con Programas de Atención al Adolescente en el Estado de Jalisco, al hablar de sus necesidades específicas podemos señalar tres dimensiones esenciales:

  • Requerimientos de salud. Giran en torno a los cambios fisiológicos derivados de su maduración sexual.
  • Requerimientos de educación. Ante las demandas de la juventud, dentro del ámbito educativo se busca incorporar la modalidad de tutoría académica y la creación de los departamentos de orientación vocacional.
La finalidad de los mismos, es que la elección libre de la profesión esté encaminada en las habilidades, aptitudes y vocación de los muchachos y evitar la deserción, que también se presenta en el nivel de la educación media y media superior.

Esto es un problema común en Latinoamérica. Los sistemas educativos no satisfacen la diversidad, no ofrecen opciones que ayuden al adolescente a descubrir su vocación. La tarea de un orientador es fundamental, pues la elección de la profesión es una decisión que sobrepasa sus posibilidades. Si la identidad del adolescente aún no se encuentra totalmente constituida, difícilmente tendrá la certeza de qué quiere ser para toda la vida.

  • Requerimientos afectivos. Suponen el fin de la dependencia materna para establecer una relación afectiva más independiente hacia el sexo opuesto.

¿Quién es el adolescente?

El adolescente es una persona que se encuentra en un proceso de transición hacia la madurez, por tanto, ya ha dejado de ser un niño, pero aún no es un adulto, por lo que presenta más fragilidad y susceptibilidad.

Al no tener constituida su identidad y mostrar sentimientos de dicotomía respecto al mundo adulto, tiene mayor tendencia a exponerse a diversas situaciones de riesgo, por el afán de buscar su independencia y desprenderse de la autoridad de padres y maestros.

Es muy común que la sociedad tienda a considerar a los adolescentes como un grupo muy rebelde, problemático, renuente a todo tipo de autoridad, que no duda en trasgredir la ley, que necesita de “mano dura” “castigo” y “control”.

La realidad es que el joven necesita comprensión y apoyo por parte de la sociedad general. Necesita que los adultos atiendan y escuchen sus problemáticas, para que el camino a transformarse en adultos maduros y responsables sea más sencillo.

Los jóvenes necesitan orientación, aprender cómo lidiar con sus problemas y sobrellevar las dificultades de la vida.