El pensamiento ilustrado es el creador del concepto que hoy conocemos como derechos humanos; concretamente será John Locke el primero en proponer que los seres humanos poseen una serie de derechos a los que no pueden renunciar. Thomas Hobbes, años antes, había propuesto que el poder político era debido a que los seres humanos, renunciaban a su capacidad de autogobierno en manos de un Soberano.

Dicha renuncia era el resultado del miedo, ya que los hombres, sin Estado, vivían en una situación de guerra de todos contra todos. Así, el Estado es una especie de paraguas protector de la seguridad de los ciudadanos, y el precio a pagar es el de la Libertad. Por ello, Thomas Hobbes, que ya no utiliza a Dios como legitimador del poder político, es, sin embargo, partidario de la Monarquía Absoluta.

John Locke, el padre del Liberalismo

John Locke no acepta que los hombres, al crear un estado, tengan que renunciar a sus libertades, ya que, según él, como padre del Liberalismo, considera que nuestros derechos y libertades son irrenunciables. Es cierto que John Locke está pensando en conceptos más bien económicos como la libertad de comercio, no en vano el Liberalismo es la propuesta política de la burguesía. De la teoría política de John Locke surge la Bill of Rights (1689), la primera declaración de derechos de la historia.

La Ilustración Francesa

La Ilustración Francesa es una continuación clara de las propuestas filosóficas de John Locke, en la que, pese a vivir en plena Monarquía Absoluta (o quizás, precisamente por ello), las ansias de libertad y la voluntad de crear sistemas políticos más justos, serán el motor de pensamientos filosóficos que intentarán cambiar el mundo. Rousseau, Voltaire, Montesquieu, etc. Entenderán que su pensamiento filosófico tiene una clara vocación práctica, de ahí que este movimiento filosófico sea el origen de un movimiento político revolucionario: el Liberalismo político.

La Revolución Francesa

En el año 1789, las ideas políticas del Liberalismo y la Ilustración llegan al poder con un objetivo claro: crear una sociedad de hombres libres e iguales, unidos por la fraternidad (Libertad, Igualdad y Fraternidad). La burguesía toma el poder e instaura un régimen político en la que los hombres no serán juzgados por su origen social, sino por sus méritos personales. Es el ideal burgués por excelencia: la meritocracia. Cada ciudadano debe ocupar en la sociedad el lugar que merece según sus méritos.

Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano

Una de las primeras acciones de la Revolución Francesa es la proclamación de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en la que se expresan los principales ideales del Liberalismo: el respeto a los derechos individuales, la separación de poderes, la participación política, y la Libertad como máxima expresión de la dignidad humana. Esta declaración tendrá un papel fundamental en la plasmación de los ideales revolucionarios y liberales, siendo el origen de los derechos fundamentales y políticos.

Los derechos humanos hoy

La declaración de derechos humanos hoy vigente es la Declaración Universal de los Derechos Humanos aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1948, siendo esta declaración una consecuencia directa de la barbarie de la II Guerra Mundial. Siguiendo el pensamiento de Hobbes, el miedo a las terribles posibilidades de la barbarie humana, inspira una declaración de derechos que sirva de salvaguarda para la Humanidad.

A día de hoy se está aún lejos de llegar a un óptimo cumplimiento del respeto a los derechos humanos, pero estos nos marcan un camino claro a seguir. Además, la Declaración Universal de los Derechos Humanos es plenamente consciente de sus precedentes históricos, de ahí que en su Artículo 1, aparezcan claramente los tres principios de la Revolución Francesa (Libertad, Igualdad y Fraternidad): Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.